Los discípulos de Jesús de todos los tiempos escuchamos siempre con asombro el testimonio del evangelista san Lucas cuando nos relata cómo eran las experiencias misioneras que Jesús ponía en acción. Y en el evangelio de hoy quisiera resaltar de entre los muchos aspectos relevantes, uno: la alegría de los misioneros.
En aquella ocasión fueron 72, de dos en dos. Es un grupo inmenso, muy grande, y es que no se trata de los apóstoles o los discípulos más relevantes. Muchos, todos, estaban llamados a misionar. La Iglesia es misionera desde sus inicios. También hoy lo somos. Jesús les prepara, les advierte, les motiva: llevar la paz de Dios que es a Dios mismo y su amor, sin buscar el provecho propio, buscando haciendo el bien, siempre. Sin cesar porque hace mucha falta, es mucha la necesidad, la mies es mucha los obreros pocos.
Y aquí viene lo novedoso que no deja de sorprendernos porque durante toda la vida de la Iglesia ha ocurrido contundentemente y así será siempre: los discípulos se llenaron de alegría y regresaron de la misión entusiasmados. La buena noticia conlleva la alegría de quien la transmite y la recibe.
El Papa Francisco tituló su primer gran escrito a la Iglesia, “La alegría del Evangelio”. Y esta es la realidad que nos cuestiona y motiva. Quién de nosotros no conocemos a estos hermanos nuestros que saliendo de su comodidad y sus limitaciones, se entregan a hacer el bien y transmiten esa alegría que es tan diferente a la de la carcajada fácil y grotesca. Son tantos los hombres y mujeres que llenos de achaques y de aspecto frágil que no quieren por nada dejar la misión que Dios le ha encomendado. De dónde surge esa energía, porqué sucede y ha sucedido en todas las épocas de la Iglesia. Cuantas veces escucho decir con admiración y sana envidia…cómo me gustaría tener esa alegría suya.
Con palabras de Francisco nuestro Papa: La alegría del Evangelio, llena el corazón, la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo nace y renace la alegría. (1) Porque el bien tiende siempre a comunicarse. Toda experiencia auténtica de verdad y de belleza busca por sí misma su expansión y cualquier persona que viva una profunda liberación adquiere mayor sensibilidad ante las necesidades de los demás. Comunicándolo, el bien se arraiga y se desarrolla. Por eso quien quiera vivir con dignidad y plenitud no tiene otro camino más que reconocer al otro y buscar su bien.(9) Por eso la propuesta es vivir sabiendo que la vida se acrecienta dándola y se debilita cuando nos encerramos y aislamos. Vivir como Cristo. Dios es amor que se da, es amistad, fraternidad, comunión.
En este tiempo de calamidades y lleno de profetas derrotistas la Iglesia sigue el camino luminoso de la Cruz de Cristo en cada uno de las acciones de amor, este es el anuncio que hay que dar puerta a puerta, familiar a familiar, vecino a vecino. Verdadera misión. Misión es compartir este amor que brota de Dios entre nosotros y no tanto llenar de palabras vacías e insistentes con afán de proselitismo.
Hagamos una prueba. Pregunten a un cristano si conocen a alguien que les ha ayudado a misionar y seguro que en las respuestas aparecen nombres, muchos de hombres y mujeres que como aquellos discípulos transmitieron el bien y se llenaron de alegría. ¿Y tú, quieres ser misionero, y tú quieres misionar? Ya sabemos… es mucha la tarea pero está en juego tu vida y tu alegría. Jesús cuenta contigo.

GRACIAS!!!!
EN COMUNION DE ORACIONES POR UCRANIA GRACIAS Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz «Ahogar el mal en abundancia de bien». San Josemaria Escriva (cf Lumen gentium 61) AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO
“Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).
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