Mensaje de Mons. Mario Mestril Vega, Obispo Emérito de Ciego de Ávila. Comentario del evangelio del 10 de julio de 2022, domingo XV del Tiempo Ordinario

Si la parábola del hijo pródigo es la más conocida de las que Jesús pronunció, le sigue no de lejos la del buen samaritano que hemos escuchado. En ella se nos presenta con más viveza la esencia de la verdadera y la falsa religiosidad.

Aquel doctor de la ley, que maliciosamente le pregunta a Jesús qué es necesario para salvarse, conocía muy bien que el mandamiento primero y más importante según la Ley, como consta en el Deuteronomio, era el amor a Dios por encima de todo y el amor al prójimo como a uno mismo; y así se lo recita a Jesús, cuando éste le responde a su pregunta con otra: “¿Qué está escrito en la Ley?

Para justificarse el doctor le hace otra pregunta: ¿Y quién es mi prójimo?

Jesús le responde con esta parábola del buen samaritano en la que estaba criticando la religiosidad judía de los puros, como se consideraban el sacerdote y el levita que ponían la pureza legal por encima de la caridad. Y la caridad, como ha escrito Peguy, es algo natural, es el primer movimiento del corazón. Esos dos hombres renunciaban al amor en nombre de su religiosidad, que no les permitía tocar la sangre de aquel hombre tirado en el camino. Cumplían con una obligación legal, pero habían olvidado la misericordia.

En cambio aquel samaritano, enemigo acérrimo de los judíos, que no practicaba toda la ley y que ciertamente no venía de visitar el templo de Jerusalén, pues su templo estaba en el monte Garizim, sintió lástima del que había caído en manos de ladrones, se acercó, le limpio las heridas con vino y aceite, se las vendó, lo montó en su cabalgadura, lo llevó a una posada y pagó para que cuidaran de él.

San Agustín, en el siglo IV, hablando de esta parábola, decía: “Toda la humanidad yace herida en el borde del camino en la persona de ese hombre, a quien el diablo y sus ángeles han despojado”. Y es Cristo el buen samaritano quien, bajando del cielo, carga con la humanidad a hombros para curarla.

El samaritano no lo hacía por cumplir con la ley judía, sino por esa caridad espontanea que hay en todo corazón, pero que desde Cristo cargó con nosotros, este gesto de amor tiene siempre algo de cristiano.

Él fue el que se portó como prójimo, cercano, él tuvo compasión del que estaba tirado en el camino, herido. No sabía su nombre, ni de que raza o color era ni de que confesión religiosa o  partido político. Era un ser humano.

Aunque muchos nos llamamos cristianos, a veces nos parecemos más al sacerdote y al levita que al buen samaritano. Pasamos de largo ante el sufrimiento. A nosotros también, Jesús nos dice como le dijo al doctor de la ley: “Vete y haz tú lo mismo”. Porque como dice San Pablo en su primera carta a los Corintios: puedo tener el don de hablar en lenguas, tener fe como para trasladar montañas, si no tengo amor, nada soy.

Señor, Jesús, tú que cargaste con nuestras miserias y debilidades. Concédenos un corazón semejante al tuyo. Tú, que, con el Padre y el Espíritu Santo eres Dios y vives por los siglos de los siglos. Amén. Y la bendición del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo descienda sobre ustedes. Amén.

Un comentario sobre “Mensaje de Mons. Mario Mestril Vega, Obispo Emérito de Ciego de Ávila. Comentario del evangelio del 10 de julio de 2022, domingo XV del Tiempo Ordinario

  1. Que bueno Mons. Mestril publicando sus homilias

    EN COMUNION DE ORACIONES POR UCRANIA GRACIAS Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz «Ahogar el mal en abundancia de bien». San Josemaria Escriva (cf Lumen gentium 61) AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).

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