Varios domingos hemos escuchado proclamar Evangelios según San Lucas, quien era alguien muy preocupado por la justicia social, los pobres, los explotados, los marginados, entre otros. En el texto del Evangelio que hoy se nos presenta y hemos escuchado, este nos plantea, a mi juicio, varias cuestiones. Primero, el auténtico valor o utilidad del dinero: hagan limosna y por tanto, tengan un tesoro en el cielo. Segundo, la vigilancia cristiana: estar con las lámparas encendidas atentos para recibir al Señor. Tercera cuestión, la administración fiel: repartir las raciones a sus subalternos. Cuarto, la desobediencia: el que sabe lo que se le pide y no está dispuesto a cumplirlo. En el seminario un profesor de moral nos decía que normalmente las virtudes van de la mano y que los defectos y los pecados se atraen, caminan juntos, por eso no encontramos personas que tengan un gran defecto o pecado sin que haya otros asociados a él. Lo mismo en la persona con una virtud notable se verá fácilmente en ella la presencia de otras virtudes.
Miremos la primera cuestión. Hablar hoy del dinero, de su uso y sobre todo su valor, es algo que sucede día a día con mucha frecuencia, y yo hijo de bodeguero, no puedo dejar de pensar en lo que viví en mi niñez, es cierto que el sueldo de un obrero era solo de alrededor de 80 pesos, pero con 20 o 25 se compraban los mandados del mes, excepto la leche, carne, viandas y verduras. Hoy es distinto, influyen muchos otros factores. Los sueldos son muchísimo más alto pero los precios también. Pero no es sobres esas cuestiones el planteamiento de Jesús. No es una cuestión económica sino de corazón: donde está tu tesoro, ahí está tu corazón ¿es el dinero el centro o el polo de mi vida? ¿O por el contrario es el bien, el servir, atender a mi familia o al hermano? Lástima que aunque no vivimos en el primer mundo se nos ha colado un poco, en algunos, el consumismo, el afán de tener.
Segunda cuestión. Trata sobre la vigilancia cristiana. Esto es, estar atentos al paso del Señor. Él nos habló de la presencia suya en los demás, de descubrirlo en el otro, ¿Qué necesita mi hermano? ¿En que lo puedo servir? ¿Necesita acaso un abraso, un consejo, que estemos a su lado, que lloremos con él o con ella para darle ánimos? ¿O tal vez necesita un jalón de orejas, una corrección fraterna? Atentos porque nos importa su bien, su felicidad, su salud. Pensemos en si el bien, la alegría o el dolor de la otra persona es como si fuera el nuestro. También es cierto que Jesús viene a nosotros de otras maneras, en su Palabra, en la Eucaristía y en la oración.
Tercera cuestión. Habla de la administración fiel y responsable. Debe haber resultado muy desconcertante a quienes lo escuchaban que Jesús hable de un administrador que tiene como primera obligación preocuparse, atender a los que son sus subalternos. Eso no sería la costumbre sino todo lo contrario. Pero parece ser que Jesús encontró muchos abusos y maltratos para con los subalternos. Yo me pregunto si hay algún lugar del planeta que hoy día no haya maltratos. Por otra parte siempre ha habido lugares donde de una manera especial ha habido que tener presente el respeto hacia el otro, sea superior o inferior. Pienso de manera especial en todos los lugares donde se atienden personas que pudiéramos catalogar de indefensas o necesitadas de atención, de ayuda como son los niños en las escuelas, en los hogares de ancianos, aquellos menores sin amparo filial, ancianos o enfermos solos (a veces abandonados por la familia) ¡Qué vergüenza para nosotros que haya habido abusos en algunos lugares administrados por la iglesia en diferentes partes del mundo! Lo que es muy curioso y extraño es que no se hable casi de la práctica de abusos, en mucha mayor proporción, por parte de padres, padrastros, tíos, abuelos, profesores, entrenadores deportivos y lamentablemente también, en un número mayor proporcionalmente, de ministros de otras religiones o de miembros de organizaciones no gubernamentales. De alguna forma muchos somos administradores en sentido amplio. Tenemos algo o alguien a quien atender o por quien responder.
Está la última cuestión, la de la desobediencia, pero no… ¡qué curioso! No de los empleados sino nada más ni nada menos que la del administrador. Palabras fuertes de Jesús como: “los despedirá condenándolo a la pena de los que no son fieles” y además: “si sabe lo que quiere su amo y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes”. Y le digo al Señor: ¿Cómo eres tan misericordioso con los llamados pecadores y eres tan fuerte, tan exigente con quienes tenemos responsabilidades? ¿Por qué Señor? Cada uno de nosotros debe encontrar sus respuestas a cada uno de estas cuestiones tal como son. Podríamos preguntarnos si tenemos a alguien bajo nuestra responsabilidad o autoridad nuestra. Si lo tengo y debo actuar en algún momento ¿lo hago, si fuera necesario con firmeza, pero respetando a la persona sin abusar de ella? ¿O por el contrario soy injusto, abuso de mi poder? Se da entonces la realidad de que quien no obedece a Dios que está por encima de todos no trata bien al que está por debajo. No dudo ni por un momento que Dios espera nuestra conversión, nunca es tarde para Dios. Recordemos que el que estuvo en la Cruz junto a Jesús se arrepintió y fue recibido por Él en el Reino. Recordemos que Dios no quiere la muerte del pecador sino que se arrepienta y viva.
Que la bendición de Dios todo poderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y los acompañe siempre. Amén
