Mensaje radial del P. José Rolando García, OSA, párroco de Chambas en la Diócesis de Ciego de Ávila, donde comenta el evangelio del XXI domingo del Tiempo Ordinario, 21 de agosto de 2022

La pregunta que hace un seguidor a Jesús en el Evangelio de hoy no podía ser  más desafortunada “Señor, ¿Serán pocos los que se salven?” Es posible que en la pregunta ya está implícito el convencimiento de que él si es uno de los que serán salvados, porque Jesús le ha enseñado y han comido juntos, de manera que está dando por hecho que él es uno de los salvados y por tanto tiene sentido que pregunte si serán muchos.

Y la contestación del Señor a ese israelita imbuido en el pensamiento predominante de que solo ellos eran el pueblo elegido es clara: de oriente y de occidente vendrán multitud de gente que entrarán en el Reino y se sentarán junto a los buenos israelitas de todos los tiempos, los representados por Abrahán, Isaac y Jacob. Jesús no contesta a su pregunta sino a la que debería haber hecho: ¿quién puede salvarse? ¿Cómo es el camino que nos lleva al reino de Dios?

La respuesta de Jesús nos descubre que la Salvación está abierta a todos: “de oriente y Occidente y del Norte y del Sur” no se consigue de manera automática por pertenecer a un determinado pueblo, religión, por haber cumplido con una serie de ritos o incluso por participar de manera habitual de la Eucaristía: “Hemos comido y bebido contigo y has enseñado en nuestras plazas. El gran proyecto de Dios es precisamente el de reunir a todos los hombres en Cristo.

Hemos predicado durante tanto tiempo el amor ilimitado de Dios que quizá hemos llegado a la falsa conclusión que aquí todo el mundo entrará por la puerta grande del cielo porque la misericordia de Dios puede sobre todo y con todo. Pero no es así. La infinita misericordia de Dios es la que abre la posibilidad de salvación a todos los hombres, pero es nuestra actitud en la vida, la manera en que acogemos el mensaje de Jesús y dejamos que nos trasforme lo que nos permitirá entrar por la puerta estrecha. Una puerta por la que no podremos entrar con equipaje extra, no podrán pasar por ella nuestras posesiones u honores, solo lo que hayamos atesorado en nuestro corazón: la justicia, la caridad, la sencillez. Acoger el mensaje de Jesús y dejar que nos transforme desde dentro nos va a preparar para que podamos entrar por la puerta estrecha.

“Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad». Jesús no nos dice el número ni el tanto por ciento, sólo nos muestra el camino para llegar a la salvación. En nuestra mano está seguir dicho camino.

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