En este domingo XXII del tiempo ordinario, Jesús conocedor del corazón humano y de sus costumbres, aprovecha esta fiesta a la que fue invitado, para seguir enseñando el mejor camino para alcanzar la verdadera felicidad.
La fiesta del Cielo, es para todos, todos somos invitados, todos llamados a participar de esta alegría eterna; pero el Señor nos advierte de una aptitud que debemos evitar, querer estar en los primeros puestos. Son estas personas que se consideran mejores que los demás, pretendiendo querer siempre los primeros puestos. Jesús en su vida pública reprocha este defecto a los fariseos hipócritas, que despreciaban a los demás creyéndose mejores.
Jesús nos pide ocupar espontáneamente el último lugar Es decir, ser servidores de los demás, sin reclamar privilegios. Esto que nos pide Jesús puede confundirnos, y más a nosotros los cubanos, vivimos momentos difíciles, de escasez en todos los sentidos, materiales y principalmente espirituales, la falta apremiante de las cosas más indispensables para la vida, el estrés constante en que vivimos, el destierro de Dios en nuestras vidas, nos impide pensar con claridad, nos impide ese encuentro con Dios que necesitamos cada día, y vamos cayendo poco a poco en la tristeza, en la desesperanza, nuestro mundo pierde el color, la alegría, por qué, porque nos falta Dios, y cuando Dios deja de ser lo primero en mi vida nos volvemos mezquinos y egoístas, vamos perdiendo el sentido de la verdad, vamos perdiendo el Amor. Es cuando queremos a cualquier costo, estar en los primeros puestos, porque se trata de «sobrevivir», sin importar a quien tengo que desplazar, sin importar a quien tengo que aplastar, vamos perdiendo nuestra humanidad.
La lógica del Reino es diferente de la humana: ante Dios, quien pretenda ser más, quedará humillado; y quien reconozca su pequeñez, será honrado. Por lo tanto, una actitud básica del cristiano es la humildad que no es infravalorarse, sino caminar en la verdad.
En la segunda parábola Jesús nos quiere enseñar que no hagamos las cosas por puro interés: acostumbramos a conceder favores a quien sé que puede devolvérmelo, pero eso lo hace cualquiera. Si hacemos el bien esperando que nos den algo a cambio, nos volveremos egoístas, mezquinos e interesados. Por el contrario, si hacemos el bien y compartimos con todos, Dios nos retribuirá y mucho más de lo que nos pueda dar nuestros amigos de este mundo. Quien obra por amor, no espera ni exige nada a cambio ¡Esto es cristiano! (y no el hacer las cosas sólo por recompensa, para que nos agradezcan y elogien, para que nuestro nombre sea mencionado.
Todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.
Por eso pidamos al Señor que nos ayude con su gracia para poder alcanzar esta dicha, esta alegría. Vivamos de tal modo que también a nosotros nos diga el Señor en el último día: Amigo, sube más arriba.
Amén
