Mensaje Radial del P. Jorge Wojciechowski, diócesis de Ciego de Ávila. Comentario del evangelio del  XXIX Domingo del Tiempo Ordinario, 16 de octubre de 2022

La liturgia de hoy nos invita a comprender el poder de la intercesión y la insistencia en nuestro camino de la salvación. Miembros de otras comunidades cristianas acusan a la Iglesia Católica que nosotros adoramos a María y los Santos, mesclando el verbo venerar con adorar. ¿Cómo defendernos contra estas malas interpretaciones de nuestra fe en la comunión de los Santos? La primera lectura nos muestra a Moisés como enviado de Dios para conducir al pueblo elegido a la tierra prometida. Él quiere convencer a Dios para no castigar a todo el pueblo por los errores de algunos.

Hoy la iglesia no acepta la responsabilidad colectiva, sino la responsabilidad personal por sus propios pecados y faltas. María juntos con los Santos y los Ángeles, como Moisés, pueden interceder llevando nuestros dolores y desafíos de cada día a Dios. En este mes del Santo Rosario, María es llamada en las letanías como el auxilio de los cristianos. San Juan Bosco en Turín, Italia, a finales del siglo XIX período hostil para los católicos, indicó en ella nuestra ayuda para que interceda ante Dios por nosotros. Interceder significa hablar en favor de alguien para conseguir algún bien o librarlo de algún mal.

Nosotros los cubanos contamos también con el beato José López Piteira de Jatibonico y el beato Tirso, vicario de la catedral de Ciego, mártires ambos de la persecución de los católicos en España durante la guerra civil. Y el beato Olallo Valdés de los hermanos de San Juan de Dios de Camagüey. También ellos pueden interceder ante el señor por nuestras necesidades. En la cercanía de la solemnidad de Todos los Santos no podemos olvidar el poder de nuestra oración invocada por la intercesión de nuestros santos y beatos.

El otro lado de nuestra vida espiritual y de oración es la insistencia, no tener miedo de pedir a Dios las cosas buenas que parecen imposibles o inaccesibles para nosotros. ¿Qué sentido tiene insistir a Dios? San Pablo en la segunda lectura dice que cuando tenemos buena y justa intensión debemos insistir a tiempo y a destiempo reprendiendo y dejando una enseñanza. Tal vez dentro de la iglesia tenemos un miedo de decir la verdad, desnudar los errores por causa de una obediencia ciega. La obediencia es una virtud natural a la que se opone la desobediencia por defecto y el servilismo por exceso. Un típico ejemplo de servilismo en la iglesia es el error de la idolatría, cuando se adora al Papa, también cuando el comete errores doctrinales y morales. El servilismo es una de las imperfecciones de la sociedad y de la iglesia, donde algunos, buscando su propia ventaja, silencian la verdad o la enmascaran como el bufón en la corte del Rey, ahí este era el único que podía decir lo que quisiera sin tener consecuencias. La verdad no puede ser frenada por nuestros intereses, sobre todo intereses privados o por lo políticamente correcto. La lucha contra el mal es dura y larga y requiere paciencia y resistencia. Estamos llamados como cristianos a ser testimonios coherentes de vida.

Dios nos invita a rezar con insistencia, no porque no sepa que necesitamos o porque no nos escuche, el Señor está con nosotros hasta el fin de los tiempos, sino para que reconozcamos nuestra responsabilidad frente al mundo. Si estamos cansados de injusticia y corrupción, pídanle a Dios que haga justicia, pídanselo de manera colectiva y ciertamente llegara el día en que Dios quite a las personas o los obstáculos que impiden la venida de su Reino de Justicia.

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