Mensaje radial del P. Francisco Iturbe, OSA, Diócesis de Ciego de Ávila del  III Domingo de Adviento, 11 de diciembre de 2022

En este tercer domingo de Adviento la Iglesia nos invita a prepararnos para experimentar una alegría profunda, colmada de esperanza. El Señor está cerca. Alégrense en el Señor, se lo repito, alégrense. El Señor viene, viene para iluminarnos y guiarnos con su luz. El profeta Isaías animaba a su pueblo que vivía desterrado, lejos de su patria, para que, con los cambios que anunciaba en nombre de Señor, todos experimentaran una profunda alegría: “Que se alegre el desierto y se cubra de flores. Volverán a casa los rescatados por el Señor, vendrán con cánticos de júbilo… porque la pena y la aflicción habrán terminado”.

Esta esperanza colmada de alegría que anuncia el profeta Isaías a su pueblo, se realiza en nosotros con la venida de Jesús. Este es el anuncio que recibimos en este tiempo de Adviento: El Salvador está a la puerta. Es Jesús que viene a “curar nuestras heridas”. Esta será la alegría profunda que brotará en nuestros corazones con la presencia de Jesús. Él nos dará fortaleza ante las dificultades que encontramos en el camino.

Seguiremos desanimados, sin esperanza, no veremos salida a los problemas que vivimos y no podremos experimentar la alegría que el profeta Isaías anunciaba a su pueblo, si Jesús está ausente de nuestra vida.

Este sentimiento de desánimo lo sentía Juan Bautista, cuando estaba en la cárcel, encerrado en un oscuro calabozo. Él había puesto todo su corazón en preparar la venida del Mesías. Lo había señalado como el Cordero de Dios para que sus discípulos lo siguieran. Ahora, encarcelado, se siente desconcertado y no sabe cómo interpretar la actuación de Jesús. ¿Me equivoqué al señalar a Jesús como el Mesías prometido? Para salir de dudas Juan manda a dos discípulos suyos para hacerle esta pregunta: « ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?»

Es como si hoy, nosotros, desanimados también por los problemas que vivimos, nos preguntáramos: ¿Encontraremos en Jesús la respuesta a nuestras preocupaciones y desalientos? ¿De qué manera nuestra experiencia religiosa, nuestra fe como cristianos, puede ser una luz de esperanza y una fuente de alegría en medio de todas las oscuridades en que vivimos?

Escuchemos. Esta es la respuesta de Jesús a los dos discípulos enviados por el Bautista: “Vayan a contar a Juan lo que están viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios de la lepra, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio”. Esta es la prueba que Jesús ofrece a Juan Bautista para confirmar que él es el verdadero Mesías; Él es el que viene a aliviar el sufrimiento, a curar la vida y abrir un horizonte de esperanza a los pobres. Esto es lo que Jesús hizo en su vida “curar heridas”. Y esta es la misión que el Señor nos pide a nosotros. El Papa Francisco afirma que “curar heridas” es una tarea urgente: “Veo con claridad, nos dice, que lo que la Iglesia necesita hoy es una capacidad de curar heridas y dar calor, cercanía y proximidad a los corazones… Esto es lo primero: curar heridas, sí, curar heridas”.

Jesús se acerca a los ciegos para darles luz, sana a los leprosos, resucita a los muertos, se acerca a los pobres. En cada milagro de Jesús, en su manera de actuar, encontramos una señal de lo que él espera que hagamos nosotros hoy. Con esta manera de actuar Jesús nos señala a nosotros el camino a seguir. Hay muchas heridas entre nosotros que tenemos que curar, en nuestra propia comunidad, en nuestra propia familia, en Cuba. Esta será la señal por la que reconocerán que somos seguidores de Jesús; esta es la alegría que podremos experimentar todos en eta Navidad: “curar heridas”, aliviar el sufrimiento de las personas que nos rodean. No tenemos recetas mágicas para superar las carencias y necesidades, para encontrar respuesta a tantos interrogantes que nos hacemos. Pero, si seguimos los pasos de Jesús podremos decir con toda verdad en estos días que se acercan: Feliz navidad, porque en Jesús hemos encontrado la verdadera alegría, la única que puede dar sentido de plenitud a nuestra vida. Feliz Navidad porque en Jesús hemos aprendido el camino que tenemos que seguir. Esta es la alegría que el mundo necesita. Esta es la alegría que tenemos que anunciar con nuestra vida. Miramos a Jesús, y aprendemos de él a amar, a acercarnos y servir a los más débiles. Esta, y solo esta, es la fuente de la verdadera alegría que deseamos que todos podemos recibir en esta Navidad.

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