Mensaje radial del Rev. Andrés Ferrer Jiménez en la Solemnidad de la Epifanía del Señor, 8 de enero de 2023

Hoy, hermanos, celebramos la Epifanía del Señor, la Manifestación Gloriosa de Dios a los hombres. El día en que los cristianos recordamos la visita que los Reyes Magos hicieron al Niño Dios nacido en Belén como lo profetizó Isaías. La tradición de la Iglesia llamó a estos hombres Melchor, Gaspar y Baltazar. Ellos le ofrecieron al Salvador, oro, incienso y mirra. El oro representa la naturaleza real conferida a los reyes, el incienso la naturaleza divina y la mirra un compuesto embalsamador. Esta revelación de Dios a los hombres tuvo lugar en medio de un escenario donde los gobernantes imponían su poder sobre un pueblo extorsionado, abusado y explotado.

Nos dice el evangelio de hoy que estos hombres buscaban al niño guiados por una estrella como signo iluminador y llegaron donde Herodes, el hombre fuerte, el hombre que tenía en sus manos el yugo opresor sobre este pueblo sencillo. Por supuesto que se sobresaltó al escuchar por boca de los magos ¿Dónde está el Rey de los Judíos que acaba de nacer? Porque hemos visto su estrella y hemos venido a adorarlo. ¡Qué preocupación para Herodes desde ese momento! Por ello convocó a los sumos sacerdotes y escribas para interrogarlos acerca de esta noticia que acababa de recibir. Y al escuchar la respuesta comienza a tejer su plan para evitar sombra o competencia real. ¡Vayan y averigüen cuidadosamente que hay de ese niño, y cuando lo encuentren avísenme para ir también yo a adorarlo! El propio Herodes sabía que su poder se debilitaba con la llegada de un Salvador. Alguien que denunciara y pusiera coto a tanta ignominia. Poco tiempo después sin poder contener su ira y preocupación, ordena el exterminio masivo de todos los niños menores de dos años para eliminar al azar al Niño Rey. Los Santos Inocentes. Los primeros mártires luego que Dios se hizo carne en el seno de María y nacido, como profetizó Isaías, en Belén de Judá.

Esta revelación de Dios al mundo pagano es la entrada de Cristo que viene a la toma de posesión de su Reino, de ahí el Adviento como preparación a la Navidad. Hoy cada cristiano hemos tenido nuestra propia Epifanía. El Niño Dios se nos ha manifestado de disimiles maneras. Él ha sido, es y será signo de preocupación para aquellos que han pretendido ocupar el lugar de Dios. Este niño nacido en Belén hace aproximadamente 2000 años. ¿Habrá reinado más duradero?, ¿habrá reinado más amoroso?, ¿habrá reinado más confiable? Indudablemente que no. Un Rey Universal al que cada día se suman más seguidores. Tanta gente no puede estar equivocada.

Queridos hermanos acunemos a este niño en nuestros corazones, en nuestra familia, en nuestra sociedad. Hagamos de cada uno de nosotros un pesebre amoroso. Ofrezcámosle nuestros propios regalos, amor, fidelidad, confianza y entrega, con la certeza de que su reinado es para la eternidad. Hagamos de nuestras comunidades, comunidades iluminadas de iluminados. Que la estrella que guio a los magos hacia el pesebre en Belén de Judá, nos guie hoy en la búsqueda incesante de nuestro Rey y Salvador Jesús.

Amén.

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