Menaje radial del Rev.  Jiordanys Rios Pulido, de la Diócesis de Ciego de Ávila, del III domingo del Tiempo Ordinario, 22 de enero de 2023

Alice Cooper era una famosa banda de rock de los años ´60. Su líder Vince Furnier continuó como solista con el nombre de la banda. Tomó el nombre de una hechicera del siglo XVII muerta en la casa de brujas de Salem. En sus conciertos Cooper soltaba serpientes, guillotinaba gallinas, destrozaba muñecos idénticos a los bebés, se maquillaba de negro lo que le confería un aspecto diabólico. Sus canciones hablaban de muerte, violencia, sexo, alcohol y drogas. Pero Alice Cooper se convirtió al cristianismo. Esto se produjo cuando el alcoholismo estuvo a punto de arruinar su vida y matrimonio. Hoy se dedica a seguir a Jesucristo. Ahora da otro tipo de consejos: “no quiero convertirme en una celebridad cristiana porque es muy fácil concentrarse en Alice Cooper y no en Cristo”, decía, “yo era una cosa antes, ahora soy algo completamente nuevo. No juzguen a Alice por lo que solía ser, alaben a Dios en lo que soy ahora”. Cuando en 2001 un diario británico le preguntó ¿cómo un roquero rebelde podía ser cristiano Cooper respondió: “beber cerveza es fácil, destrozar la habitación de un hotel es fácil, pero ser cristiano eso es duro, eso es una verdadera rebelión”.Pongo este ejemplo porque, muchas veces ponemos nuestra seguridad en el éxito, bienes materiales, en el dinero, en la fama, en el reconocimientos, en el poder, y cuando no lo obtenemos nos sentimos frustrados, más aún, teniéndolo todo nos sentimos más frustrados. Tocar fondo nos puede llevar de regreso al camino del Señor. «El pueblo que caminaba en tinieblas, vio una luz grande, habitaban tierras de sombra, y una luz les brilló». Necesitamos ver esa luz que puede iluminar nuestro camino, Jesús es la luz verdadera que ilumina a la ciudad de Cafarnaúm, así también quiere iluminarnos, hoy, a cada uno de nosotros, pero también quiere iluminarnos como pueblo, como nación, quiere iluminar, nuestro camino, porque quiere que seamos libres, libres de la ignorancia religiosa, de la idolatría, de la corrupción, de la doble moral.Jesús no llamó a las personas más religiosas de su tiempo, para que fueran sus discípulos, sino a aquellos que tuvieran un corazón dispuesto a aceptar y vivir su mensaje de salvación. En el Evangelio vemos como Él llama a algunos para hacerlos pescadores de hombres, y estos al instante lo siguen. Hermanos, Jesús elije a los discípulos según su voluntad, no por nuestros méritos. Nos llama para que asumamos un estilo de vida, pero para poder seguirlo implica decisión, esfuerzo, y desprendernos de cosas, personas y hasta de uno mismo. Dejar y seguir a Jesús implica acción, es una llamada al abandono total en Dios, es confiar nuestra vida a su providencia, es salir en comunión con otros, en comunidad y convertirnos en pescadores de hombres. La meta: la vida eterna.

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