Mensaje de Mons. Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Río. Comentario del evangelio del 29 de enero de 2023, IV domingo del Tiempo Ordinario

Queridos hijos e hijas, les habla su obispo, Mons. Juan de Dios Hernández.Vamos a ubicarnos en la escena. Subir al monte es la expresión típica de que el momento es fundamental, trascendental, importantísimo. Qué escenario ecológico y maravilloso el que Jesús elige para proclamar las bienaventuranzas, rodeado de los discípulos a quienes se dirige, y en ellos, a todos sus discípulos y seguidores a través de los tiempos y la historia. Podemos decir que las bienaventuranzas son como la esencia del Evangelio, como la carta magna del discípulo de Jesús, como el mapa de ruta que entrega a sus seguidores, como las piedras que indican el camino, viendo y observando las señales seguras para no equivocar la ruta, y si se equivoca por buscar atajos, ellas nos indican cómo dar la vuelta y reencontrar el verdadero camino.Son ocho declaraciones que comienzan con la palabra bienaventurados. Esta palabra declara un estado de bendición que ya existe. Cada bienaventuranza declara que un grupo de personas que por lo general son considerados como afligidos, en realidad son bendecidos. Los bendecidos no tienen que hacer nada para obtener esta bendición, Jesús simplemente declara que ellos ya han sido bendecidos. Por tanto, las bienaventuranzas son primero que todo declaraciones de la gracia de Dios, no son condiciones de la salvación o planes de acción para ganarse la entrada al reino de Dios.Los que pertenecen a los grupos de bienaventurados experimentan la gracia de Dios, ya que el reino de los cielos se ha acercado. Observe la segunda bienaventuranza, “Bienaventurados los que lloran” (Mt. 5, 4). Por lo general, las personas no creen que llorar sea una bendición. Es algo doloroso. Sin embargo, con la venida del reino de los cielos, el llanto se convierte en una bendición, porque los que lloran “serán consolados”. La implicación es que Dios mismo será quien los consuele. La aflicción del llanto se convierte en la bendición de una relación profunda con Dios. ¡Esa en realidad es una gran bendición!La mayoría de investigadores también las ven como una imagen del carácter de ese reino. Cuando entramos al reino de Dios, deseamos parecernos más a aquellos que se llaman bienaventurados —ser más humildes, más misericordiosos, tener más hambre de justicia, ser más propensos a hacer la paz y así sucesivamente. Esto les da un carácter imperativo moral a las bienaventuranzas. Después, cuando Jesús dice, “haced discípulos de todas las naciones” (Mt. 28, 19), las bienaventuranzas describen el carácter que estos discípulos deben tener.Pero ellas no son condiciones de la salvación. Jesús no dice, por ejemplo, “solo los puros de corazón pueden entrar al reino de los cielos”. Estas son buenas noticias porque las bienaventuranzas son realmente difíciles de cumplir. Dado que Jesús dice, “todo el que mire a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón” (Mt. 5, 28), ¿quién podría en realidad ser “de limpio corazón” (Mt. 5, 8)? Si no fuera por la gracia de Dios, nadie sería bienaventurado. Las bienaventuranzas no son un juicio en contra de todos los que no alcanzan los estándares, son una bendición para cualquiera que decida unirse al reino de Dios mientras este “está cerca”.Una bendición adicional de ellas es que benefician a la comunidad de Dios, no solo a los individuos de Dios. Al seguir a Jesús, somos miembros bendecidos de la comunidad del reino. Individualmente, no cumplimos las características de algunas o todas las bienaventuranzas, pero aun así somos bendecidos por el carácter de toda la comunidad a nuestro alrededor. Señor, permítenos que, sentados a tus pies, escuchemos bien y grabemos a fuego en nuestros corazones tus bienaventuranzas. Que orienten y guíen nuestros pasos hacia ti, que eres el camino, la verdad y la vida, que sepamos seguirte con fidelidad y entusiasmo, en medio de tantos hermanos. Hay muchas cosas que nos distraen y hacen equivocar el camino, buscando atajos. Devuélvenos una y mil veces al camino de las bienaventuranzas. Que María de la Caridad ponga a Jesús en nuestro corazón.

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