Mensaje radial del P. José Alberto Escobar, OSA, Diócesis de Ciego de Ávila, del IV domingo del Tiempo Ordinario (29 de enero de 2023)

La fe cristiana se centra en el encuentro con Jesucristo, a quien profesamos como Dios y Señor. Su enseñanza y su actuar nos llevan al encuentro con Él, con Dios mismo. Los primeros cristianos una vez que entendieron claramente que Jesús era Yahvé presente en medio de su Pueblo, la misma Palabra de Dios hecha carne, se empeñaron en recordar, entender y propagar sus enseñanzas. El evangelio de Mateo, el capítulo 5 en adelante recoge este mensaje que hace posible conocer y acoger a Jesucristo, a Dios mismo.

Era una muchedumbre que provenía de aquellas tierras de Galilea y también de Judea que acudían a Jesús a llevarles sus seres queridos enfermos que Él sanaba, a escuchar sus enseñanzas acerca del reino de Dios. ¿Qué transmitían estas palabras que abrían sus corazones y conciencias? ¿Qué Buena Nueva era este Reinado de Dios que se abría paso ante sus ojos?

Las Bienaventuranzas han mostrado a los cristianos de todos los tiempos el programa de vida para ser seguidores de Cristo, norma suprema de conducta y mucho más. Las Bienaventuranzas son la nueva Ley, la concreción de la acogida de la Nueva Alianza de quien abre su corazón a Cristo el Señor. También son el anuncio y la proclamación a todos quienes quieran saber el verdadero camino para crear una humanidad acorde a Dios, al Bien Supremo y la Verdad. En su versión del evangelio de San Lucas las bienaventuranzas van seguidas de las lamentaciones ante quienes construyen su vida de espaldas a su prójimo anteponiendo en su existencia las riquezas, la hartura, el gozo y el buscar la gloria de sí mismo. Las bienaventuranzas no son una imposición, no son un imperativo. Jesús llama a abrir el corazón y a vivir la existencia en clave de Dios. Jesús constata que quienes viven de esta manera están en la sintonía de Dios, que aceptan el don de Dios y su vida se encamina a Él. La vida puede ser bienaventurada porque se está con Dios y Él está con nosotros. Se trata de decidir ser discípulo y vivir como tal. Es la historia de la Iglesia.

Bienaventurado significa “Feliz”, “Dichoso”. Moisés expresó y fijó la Ley de Yahvé que el Pueblo habría de cumplir para ser fiel a Yahvé. Jesús propone un modelo que es más que un mandato o un precepto porque es aceptarle a Él y vivir siguiendo su camino, como Él. Dios ofrece en Jesucristo el camino a la plenitud de la vida y por tanto camino de felicidad y dicha. El ser humano está hecho para Dios y no consigue ser dichoso y vivir en su paz hasta estar con Él. Son dichosos y bienaventurados los que tienen a Dios cerca y a Él abren su corazón, su mente y su vida. Bienaventurados los que viven como Cristo, los pobres de espíritu, los que lloran, los pacíficos, los que tienen hambre y sed de justicia, los compasivos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz. Bienaventurados los que son perseguidos, insultados y calumniados por vivir como Cristo y hacer en su persona realidad el Reino de Dios como Él lo hizo realidad.

Lo opuesto a las Bienaventuranzas son las llamadas lamentaciones. Es el evangelista Lucas en el capítulo 6 el que recoge estas palabras de Jesús, el camino que lleva a alejarse de Dios. Lejos de Dios solo encontramos perdición y muerte. Eso es pecado, muerte y sufrimiento infligido, deseado o consentido. Lamentación es lo contrario a la felicidad. Es bueno saber qué rumbo coge nuestra existencia y hacia donde nos lleva si se nos ocurre recorrer ese camino. Ay de ustedes los ricos porque ya tienen su consuelo. Ay de ustedes los que ahora están satisfechos, porque pasarán hambre. Ay de ustedes los que ahora ríen porque les embargará la pena. Ay de ustedes cuando todos hablen bien de ustedes porque así trataron a los falsos profetas.

Millones de personas han vivido las bienaventuranzas y han transformado sus vidas. Millones de personas han transformado el mundo apoyados en estas palabras y en este mensaje que es Buena Noticia a fuerza de bien, de paz, de compasión, de justicia, de pureza, de perdón.

Gracias Señor porque proclamándolos dichosos asignas el reino de Dios y devuelves la dignidad y la esperanza a todos los que el mundo tiene por últimos e infelices. Tú fuiste Señor Jesús el primero en realizar tal programa de vida. Tú eres nuestro ejemplo y nuestra fuerza. Bendito Seas Señor. Bendícenos en el nombre del Padre, en tu nombre que eres Hijo y en el nombre de tu Espíritu. Amén.

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