Mensaje radial del P. Francisco Iturbe, O.S.A. de la Diócesis de Ciego de Ávila, para el del V domingo del Tiempo Ordinario, 5 de febrero de 2023

Hemos escuchado las palabras que Jesús nos dirige hoy: Ustedes son la sal de la tierra. Ustedes son la luz del mundo. Miramos a Jesús y le pedimos nos enseñe cómo nosotros podemos ser hoy sal de la tierra y luz del mundo.

Sabemos la importancia de la sal para dar sabor a la comida. La sal tiene que deshacerse y mezclarse con los alimentos para comunicar su sabor. Esta fue la misión de Jesús. Él se identificó en todo con nosotros especialmente con los pobres y los pecadores, participó de todas las limitaciones humanas como el dolor, la persecución y la muerte. Nos amó y entregó su vida por nosotros. Esta esta fue la vida de Jesús y esta es la misión que él nos confía hoy cuando nos dice: Ustedes son la sal de la tierra. Estamos llamados a entregar como Jesús nuestra vida amando y sirviendo a todos, especialmente a los pobres y a los que se sienten marginados y explotados. Esta es la “buena noticia” que Jesús nos confía como tarea. Sabemos lo que sucede cuando la sal pierde el sabor. No sirve para nada. Así sucede con nosotros cuando no vivimos y trasmitimos los valores del evangelio.

“Ustedes son la luz del mundo”, nos dice también Jesús ¿Cómo podemos ser luz para este mundo que vive en las tinieblas del odio, de la falsedad y la mentira, de la envidia y la violencia? ¿Qué luz puedo yo ofrecer a este mundo cuando yo mismo estoy también contaminado por estas oscuridades? La verdadera luz, la única que puede iluminar de verdad a este mundo, la única que nos puede guiar a todos para encontrar una vida llena de esperanza. La única LUZ… es la de Cristo. Él nos dice: “Yo soy la luz del mundo”. Él es la luz verdadera. Si Jesús nos dice: “Ustedes son la luz del mundo” no es porque nosotros tengamos posibilidades de guiar y transformar por nosotros mismos a este mundo. Necesitamos que la luz de Cristo irradie nuestra vida. Él es la LUZ. Nosotros, iluminados por Cristo, nos convertimos en iluminadores de los demás. Nosotros, como la luna, reflejaremos la luz de Cristo en la medida en que nos dejamos iluminar por él. Es mi vida, es nuestra vida, la que tiene que estar iluminada desde dentro por la presencia de Cristo. A nosotros nos toca proyectar y comunicar esa luz con gestos concretos que hagan ver a quienes nos rodean que nuestra fe en Cristo nos llena de su paz, nos fortalece en medio de las adversidades, nos compromete a permanecer al lado de los que sufren. Este mundo, mi familia, mi comunidad, mi país, se transformará si los que creemos en Cristo dejamos que su luz nos guie. Si proyectamos esa luz de forma clara y humilde en nuestra familia, en nuestra comunidad.

El día de nuestro bautismo fuimos conectados a Cristo, pero a lo largo de nuestra vida, cada día, de forma libre y consciente, tendremos que abrir nuestra mente y nuestro corazón para que esa luz nos guie. Ojalá, tú que escuchas este mensaje, ojalá te sientas animado, animada, a mantener conectada tu vida a la luz de Cristo, en tu corazón. La decisión de permanecer en conexión con la luz de Cristo es personal. Eres tú, soy yo, cada uno ha de decidir si quiere o no, dejar que Cristo nos ilumine y nos guíe con su luz, con su Palabra. Pero, recuerda, que, aunque esta conexión con Cristo se realiza personalmente, en cada uno de nosotros, necesitamos, permanecer unidos a Cristo, en comunión, como Iglesia. No vale aquello de “Yo vivo la fe a mi manera”. “Yo no necesito ir a la iglesia”. Si, hermanos, necesitamos vivir nuestra fe en comunión con Cristo Jesús y en comunión con los demás. Solo si permanecemos unidos a Cristo, en la comunidad que es la Iglesia, se realizará en nosotros la palabra que hoy hemos escuchado de Jesús: Ustedes son la luz del mundo.

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