La Palabra de Dios hoy, nos ofrece un modo de vivir el seguimiento de Jesús; no como ley que obliga, sino como estilo de vida elegido con total libertad. Jesús busca la voluntad del Padre con una mirada distinta. Voluntad que se manifiesta en la Ley y los profetas, pero perfeccionada por Jesús con metas más altas de amor y justicia; sobre todo, nos da su ejemplo y su gracia para escuchar y cumplir la voluntad de su Padre que está en los cielos.
El Evangelio nos propone que evitemos todo gesto, acto interior o conducta que indique resentimiento contra el prójimo. Jesús nos manda a que nos juzguemos y no condenemos, sino que estimemos a los demás como a nosotros mismos, y ante Dios, tengamos la actitud del publicano: “Señor, ten piedad de mí que soy un pecador”. La clave es amar desde lo profundo del corazón. Porque el Señor, un corazón puro y quebrantado, nunca lo desprecia. Por eso Jesús nos recuerda: “Si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar te acuerdas de que tu hermano tiene quejas sobre ti, deja la ofrenda y vete primero a reconciliarte con tu hermano”. Porque si no perdono, si no tengo amor, no tengo a Dios que es amor.
Por eso la Palabra de Dios nos invita a vivir la actitud de quien está dispuesto a hacer de su vida un camino sencillo y de fidelidad al amor de Cristo y al amor de los hermanos, expresado en la obediencia total por amor a la Ley de Dios, nuestro Padre. Amar a Dios que nos ama. Amar a los hombres porque Dios los ama. Pidamos a Dios que nos enseñe a ser misericordiosos como lo es Él.
Amén.
