La paciencia de Dios para con sus hijos es infinita. La paciencia de Dios es de eterna misericordia. Hoy celebramos el Primer Domingo de Cuaresma y nos alimentamos de la Palabra y del Pan de la Eucaristía que fructifican y reparan. Hoy el Evangelio nos regala el pasaje cuando Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el Diablo. Hoy la liturgia de la Palabra nos habla de cómo la naturaleza humana del Salvador sufrió las tentaciones y como a través de la oración y la confianza en su Padre las logró vencer. A cada una de ellas el Señor acude a la fuente fundamental, a su Padre:
- “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.
- “No tentarás al Señor tu Dios”.
- “Al Señor Dios adorarás y solo a Él darás culto”.
Hoy la vida humana está llena de pruebas. Hoy el hombre es asaltado por la seducción y está herido por la tentación cuando no vencido por ella y se nos presentan múltiples pruebas que nos acechan. Por ejemplo, somos tentados para que nos extralimitemos sobre nuestras posibilidades, nos atrae encontrar una forma que nos haga como dioses conocedores y poseedores de la de la fuente de la vida. ¿Podremos encontrar nosotros mismos el principio vital que nos ayuda a recuperar las fuerzas perdidas? ¿Tenemos un pan propio que nos llega a zacear el deseo de sobrevivir sin desgastarse?
En medio de la situación nacional e internacional que hoy vive el hombre, vivir con esperanza es difícil. Tener constantemente una actitud de superación tampoco. Por ello es imprescindible, y de hecho el hombre por su naturaleza hace todo lo posible por mantener la fe. Otros esperan signos contundentes para creer. Pero resulta que los Mesías no caen de los techos para que los hombres creamos al verlos sin causarse daño al caer. Otra seducción que asalta al ser humano en nuestros tiempos es la voluntad de poder o de dominio. Este es el origen de los grandes males sociales que hoy aquejan a la humanidad. La voluntad de poder segrega las clases sociales e impide organizar unas estructuras en las que sea posible la igualdad, la libertad y la fraternidad. Jesús fue asaltado por estas pruebas y su refugio lo constituyó la oración apoyada en la Santa Escritura y la confianza en su Padre.
Queridos hermanos todos, enfoquémonos en esta Cuaresma, llenos de confianza y esperanza, en un Dios que nunca abandona a sus hijos. Las practicas cuaresmales de ayuno, oración y penitencia sean el alimento espiritual unido a la Palabra junto a Jesús Sacramentado la fuerza para nunca perder la esperanza y confianza en nuestro Dios. El Dios del amor. Ese Dios de eterna misericordia que nunca se cansa de esperar a sus hijos, su creación suprema. Vuelvan a Él que es la fuente fundamental de la vida capaz de hacernos superar en nuestros tiempos las tentaciones diarias. Busquemos hermanos hoy más que nunca beber de esta fuente fructificadora y enriquecedora.
