El V Domingo de Cuaresma tiene un simbolismo muy profundo, hoy nuestros catecúmenos terminan sus escrutinios, meditando el evangelio sobre la resurrección de Lázaro. Este texto nos abre los ojos a Cristo que tiene el poder para levantarnos de nuestros sepulcros, los sepulcros de mediocridad, como dice Ezequiel en la primera lectura. Desde este domingo de Cuaresma comienza el tiempo llamado La Pasión del Señor. Durante la liturgia se recita el prefacio de la Pasión y hasta el jueves santo en muchas iglesias y hogares familiares se velan las cruces, imágenes. Esta práctica es inspirada por el texto del evangelio según San Juan, donde Jesús se escondió ante su muerte. El velo que cubre la cruz es el símbolo del arrepentimiento y de la penitencia del pecador, ante elevar los ojos para mirar la majestad divina del Salvador. Cubrir la cruz expresa la humillación del Señor, que prefiere esconder la gloria de su divinidad haciéndola como la locura para los paganos. La tradición de cubrir la cruz durante las dos últimas semanas de Cuaresma es también una oportunidad para apreciar la importancia del crucifijo, del símbolo de la cruz en nuestras casas y quizás, añorar, extrañar su presencia, para que este símbolo no sea demasiado rutinario.
En Cuba estas prácticas, generalmente son olvidadas pero, ¿por qué no inspirarse de ellos? Siguiendo la tradición judía, el V Domingo de Cuaresma se llama también la Neomenia, que significa: primer domingo después de la luna nueva. Desde el primer día del mes judío de nisán, se comienza a contar cuándo exactamente cae el día de Pascua. Algunos preguntan por qué cada año cambia la fecha del día de Pascua; la respuesta es en la indicación tomada del libro de los Números, donde podemos descubrir los orígenes de esta práctica. El texto dice: «El día catorce del primer mes nisán se conmemorará la Pascua del Señor y el día quince es día de fiesta». En el libro de Samuel, el rey David dice a Jonatán: «Mira, mañana se celebra la fiesta de la luna nueva, yo debería sentarme junto al rey en la comida».
Esta luna nueva coincide este año con el inicio de la primavera astronómica, el 21 de marzo. En la historia de la Iglesia, dos últimas semanas del tiempo de Pasión, fueron los tiempos de parar las guerras, buscar la reconciliación en las familias y como dice San Juan Crisóstomo: «los tribunales suspendían de emitir los juicios en las disputas y litigios», se liberaban a los presos arrepentidos, se abreviaban las sentencias, todo esto para festejar en paz la Pascua y concentrarse en la oración y meditación de la Pasión.
Ahora vivimos en otros tiempos; hacer ayuno, hacer penitencia, es siempre más difícil, las distracciones, atracciones, la vida mundana muy fácilmente nos roba este santo tiempo. Hoy la gente no comprende y se burla de nuestras prácticas cuaresmales, también dentro de la Iglesia misma, tratando todo esto como medieval, retrógrado. Pero nosotros, cristianos, no podemos olvidar las palabras del Señor, Jesús dijo sobre sus apóstoles respondiendo a los discípulos de Juan: «Mientras el novio está con ellos, no tiene sentido que ayunen, pero llegará un día en que el novio le será quitado y entonces ayudarán». Queremos complacer al mundo o a Dios, o quizás queremos modificar la Palabra del Señor según nuestras modas o caprichos para aparecer como modernos, actualizados.
San Pablo, en la lectura tomada de su carta a los Romanos, dice claramente: «Hermanos, los que están en la carne, no pueden agradar a Dios, el que no tiene el espíritu de Cristo, no es de Cristo».
Pedimos a Dios vivir al menos, en estas últimas semanas de Cuaresma, en el espíritu de austeridad para calmar nuestros deseos y apariencias mundanas. Tal vez es mejor ser retrógrado que vivir en la falsa ilusión de felicidad.
