Mensaje de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Río, con el comentario del evangelio del II domingo de Pascual, 16 de abril de 2023

Queridos hijos e hijas, les habla su obispo, Mons. Juan de Dios Hernández.

¡Qué gusto poder dirigirme a ustedes, precisamente en el día que celebramos la fiesta de la Divina Misericordia! Dios pone su corazón en medio de nuestras miserias. Así lo escuchamos también en el encuentro de Cristo Resucitado con sus discípulos, especialmente con Tomás.

Los discípulos se encuentran en una situación de tristeza y abandono. Al anochecer y con las puertas cerradas por miedo. La frustración vivida los paraliza. Pero, una vez más, la presencia del Señor cambia los rostros y las actitudes. Tomás no está presente y su duda es evidente. Necesita la presencia del Señor que le cuestiona su falta de fe y le invita a una experiencia íntima que transforme su vida. No todo lo que existe puede ser visto con los ojos. Lo profundo necesita la mirada del corazón.

Detengámonos por un momento en Tomás, de quién tantas veces hemos escuchado llamar “Tomás el incrédulo”. Así lo hemos llamado a él y a todos sus descendientes espirituales a lo largo de los siglos, porque Tomás se movía por el dicho “hasta no ver no creer” y porque buscó ciertos signos tangibles para apuntalar su fe. Pero, ¿alguna vez se han dado cuenta de que Tomás nunca duda del Señor Resucitado?  Tomás duda de la palabra y el testimonio de la comunidad del Señor. Cuando el Resucitado regresa una semana después, Tomás se llena de fe y confiesa: “Señor mío y Dios mío”.  

La primera mención de Tomás es en el capítulo 11 de Juan cuando el anuncio de la muerte de Lázaro. Algunos de los discípulos piensan que viajar es muy peligroso dadas las circunstancias: los jefes de los judíos estaban en ese momento buscando una oportunidad para condenar a Jesús a muerte. Es Tomás el que se da cuenta de que Jesús ha decidido acudir con sus amigos. Es Tomás el que dice a los otros: “¡Vayamos también nosotros para morir con él!” Tomás desea estar con Jesús, incluso hasta la muerte. Y anima a los demás a volver también su mirada hacia Jerusalén.

 Unos capítulos más tarde, Juan registra la oración de Jesús en la última cena. Jesús está preparando a sus discípulos para su Pascua pasando por el sufrimiento hacia la Gloria, pero sólo de una manera velada. El lenguaje de Jesús parece de acertijos. Casi podemos ver a Tomás, con las cejas fruncidas, tratando de captar las implicaciones de todo lo que está diciendo Jesús, y finalmente estallando: “No sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?”  Seguramente Tomás no era el único. Sin embargo, Tomás no se acobarda en silencio. No estaba entendiendo ¡y quería hacerlo! No puede seguir a Jesús a menos que sepa a dónde y cómo. Así de simple. 

Estas dos historias nos sirven bien como trasfondo para el relato de la aparición del Resucitado en medio de los discípulos. El Señor llega cuando Tomás está fuera. Los discípulos están reunidos con las puertas cerradas por miedo.  Jesús aparece y los llena de alegría. Les da una misión y les da su propio Espíritu para continuar su obra de salvación. Jesús revela su presencia y su poder a sus amigos más cercanos y les ofrece el don del Espíritu para el Reino. Al menos eso es lo que las Escrituras nos dicen. Pero Tomás no está presente. Sólo salió un momento. Quizás ninguno de los otros hubiera puesto un pie fuera de la puerta, pero Tomás no se quedó ahí. Se aventura.

Tomás vuelve y le dicen que han visto al Señor – pero para Tomás hay algo que no suena verdadero. Si realmente vieron al Señor, ¿por qué siguen encerrados en ese cuarto? Si están tan llenos de alegría, ¿por qué no puede leerla en sus rostros? Si recibieron el poder del Espíritu de Dios para “completar la obra de Cristo en la tierra” – como decimos en la Plegaria Eucarística – ¿qué están esperando? 

Hay un antiguo dicho en la Iglesia de oriente: “Si quieres saber si Jesús ha resucitado, mira los rostros a tu alrededor en la vigilia de Pascua.  Tomás no pudo leer la presencia del Resucitado en el rostro de sus amigos… ¿Qué es lo que leería en los nuestros?, ¿Qué leemos nosotros en la cara de los demás? Necesitamos vernos como una comunidad creíble, una comunidad que ha visto al Señor y ha sido transformada. 

La paz que da el Resucitado les devuelve la armonía entre ellos y con los demás. Su fe se fortalece, las puertas se abren y el mundo es el nuevo escenario. Esta experiencia es fundamental para los discípulos de todos los tiempos. Momentos de duda que solamente son superados con la confianza en la presencia del Espíritu del Señor en sus vidas y trabajos. La bienaventuranza se hace realidad: ¡Dichosos los que crean sin haber visto!

Como Tomás, también nosotros te decimos: “¡Señor mío y Dios mío! Solo con tu presencia en nuestras vidas podemos anunciar con alegría la buena noticia que nos regalaste. No permitas que el desánimo nos impida vivir con alegría nuestro discipulado. Gracias por el don de tu Espíritu.

Que María de la Caridad, Maestra de la fe, nos acompañe siempre.

Un comentario sobre “Mensaje de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Río, con el comentario del evangelio del II domingo de Pascual, 16 de abril de 2023

  1. GRACIAS!!!!!!!!!!!!!!!

    FELIZ Y SANTA OCTOVA PASCUA EN COMUNION DE ORACIONES POR UCRANIA GRACIAS Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz «Ahogar el mal en abundancia de bien». San Josemaria Escriva (cf Lumen gentium 61) AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).

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