El Evangelio de hoy nos muestra la experiencia de estos dos hombres. Todo lo acontecido en la pasión y en la cruz ha traspasado sus corazones. El miedo, la tristeza y la desesperanza han hecho mella en sus corazones. Todo ha terminado. Los discípulos de Emaús necesitan hacer dos caminos. Uno de Jerusalén a Emaús y el otro, más importante aún, el camino interior. Hacer memoria de todo lo vivido junto a Jesús. Volver a Emaús significa para ellos tomar la decisión de dejar el camino de seguimiento de Jesús, la vida de discípulo y el anuncio del Reino. Es volver atrás, volver antes del encuentro con el Maestro. El dolor los ha hecho huir, dejarlo todo. Avanzan en el camino hacia Emaús recordando cada palabra, gesto y la cercanía del Maestro, hace que sus corazones ardan de emoción pero regresan otra vez los recuerdos de lo ocurrido en Jerusalén. La traición, el arresto, el juicio injusto, la condenación, la pasión y la muerte en la cruz. Un corazón herido, unas expectativas defraudadas y un semblante triste manifiestan los sentimientos que acompañan el camino que hacen estos discípulos. El problema no está en los ideales, en las ilusiones, ni en los proyectos sino donde esta afianzado el seguimiento de Jesús. En ideales inalcanzables, en metas, en el activismo o en una experiencia de encuentro y amistad con el Maestro.
Para estos discípulos y para nosotros Emaús es el paso del camino ideal por el cual queremos seguir a Jesús al camino real donde Jesús nos invita a transitar. Es el camino donde la cruz nos ayuda a encontrar nuestras verdaderas motivaciones en el seguimiento como discípulos del Maestro. Este camino nunca lo podemos hacer sin Jesús por eso, como tantas veces, Él se acerca al dolor humano y a la desesperanza, Él se hace compañero de camino. Jesús se acerca, acompaña y escucha pero respeta el proceso de estos dos entristecidos hombres. Su escucha es capaz de ablandar la dureza del entendimiento y del corazón para ayudarlos a transitar por el camino de la Palabra. Acompañados por el Resucitado cada paso del camino ayuda a poner en palabras lo que sentían en sus corazones. Solo cuando se abre el corazón herido a Cristo Resucitado estas realidades comienzan a sanar y se convierten en fuente de conversión.
Emaús es el camino del reencuentro con Jesús en el misterio de su Pascua, la Palabra y la fracción del pan. Se trata de volver a experimentar la llamada del Maestro. Cuando Jesús interpreta la Palabra la inteligencia y el corazón de los discípulos se desborda y solo entonces comprenden las exigencias del seguimiento. No se trata de retener a Jesús con ellos, tampoco de negar el dolor de la cruz sino de ser testigos de su Palabra en un mundo crucificado por la inhumanidad y la desesperanza.
Pidamos al Señor que nos acompañe en nuestro camino de conversión y encuentro con Jesús que ha Resucitado. ¡Aleluya!
