Queridos hijos e hijas, les habla su obispo, Mons. Juan de Dios Hernández, Obispo de esta diócesis vueltabajera.El texto que acabamos de escuchar es una de las despedidas del Señor a través de cuatro discursos que forman la cumbre del Evangelio de San Juan, y sin duda de toda la Revelación Divina hecha a los Doce.Crean en Dios: Es notoria esta clara distinción de Personas que Jesús enseña aquí, entre Él y su Padre. No son ambos una sola Persona a la cual haya que dirigirse vagamente, bajo un nombre genérico, sino dos Personas distintas con cada una de las cuales tenemos una relación propia de fe y de amor, la cual ha de expresarse también en la oración.Tengan confianza en Dios que como Padre nuestro tiene reservadas las habitaciones del Cielo para todos los que aprovechan la Sangre de Cristo. Así lo recordó el propio Jesús en el Sermón de la Montaña, Jesús ha recordado que el hombre no está solo, sino que tiene un Dios que lo creó, en cuyas manos está, y que le enseña como ley la práctica de la misericordia, sin la cual no podrá recibir a su vez la misericordia que ese Dios le ofrece como único medio para salvarse del estado de perdición en que nació como hijo de Adán.Ahora, en el Sermón de la Cena, Jesús nos descubre la Sabiduría, enseñándonos que en el conocimiento de su Padre está el secreto del amor que es condición indispensable para el cumplimiento de aquella Ley de nuestro Dios. Pues Él, por los méritos de su Hijo y Enviado, nos da su propio Espíritu.En el Evangelio de Juan, Jesús da a conocer su verdadera identidad en una serie de “yo soy”: Yo soy el pan de vida, la luz del mundo, el buen pastor, la vid verdadera, etc. En el pasaje de hoy, la autopresentación es triple: “Yo soy el Camino, la verdad y la vida”. El camino es la senda por la que marchar para no perderse; la verdad es contraria a la mentira; la vida es antagónica al fracaso y la muerte.El desafío de toda vida humana es orientar la propia existencia y tomar las decisiones correctas. Los creyentes conocemos la meta y sabemos que el camino que nos conduce hasta ella no está hecho de leyes ni de normas, sino que es una persona. Siguiendo sus palabras y obras, Jesús nos encaminará con él al encuentro con el Padre. Gracias, Jesús, por ser el camino. A veces me pareces exigente, áspero, difícil de recorrer, pero siempre viene tu gracia en mi ayuda, y me da fuerzas para seguir adelante, para no detenerme; aunque avance pesadamente, no importa, ya que es mil veces mejor cojear dentro del camino, que correr fuera de él…fuera de Ti. Gracias, Jesús. Llámame a seguirte Tú que eres el camino seguro para llegar al Padre y dame la fuerza y el amor que necesito para llegar hasta el fin.Que María de la Caridad, nos acompañe siempre.
