Mensaje radial del P. José Alberto Escobar, OSA, Diócesis de Ciego de Ávila, en la Solemnidad de la Santísima Trinidad, domingo 4 de junio de 2023

Queridos hermanos y amigos radio oyentes.

Este Domingo posterior a la Fiesta de Pentecostés es el Domingo de la Santísima Trinidad en el que celebramos al mismísimo Dios como se nos ha revelado y le conocemos, por eso podemos decir que hoy celebramos al Dios de nuestra fe.

El Dios de nuestra fe lo expresamos afirmando que Dios es uno y que a su vez es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Un solo Dios, tres personas constituyendo ese mismo Dios. Los primeros discípulos de Jesús así como el pueblo judío siempre concibieron al Dios de sus padres como un único y verdadero Dios. Desde el inicio, la Iglesia ha manifestado a diferencia de otros pueblos y culturas que Dios es uno, es el llamado monoteísmo.

Es en la Biblia donde la Santísima Trinidad se revela. Dios ha salido al encuentro del ser humano y le hemos conocido a lo largo de la Historia del Pueblo de Dios de manera progresiva. En la Biblia muchos hombres fueron enviados por Dios para darse a conocer a su pueblo… Abrahán, Moisés, Isaías… pero entre ello hay un hombre diferente radicalmente a todos ellos: Jesús de Nazaret. En Él la revelación de Dios llega a su plenitud y no solo por cantidad de enseñanzas o hechos sino por quién es Él. Él afirma que el Padre y Él son uno, Él dice: yo te perdono los pecados ve y no peques más. Él es más que el templo, Él calma la tempestad, Él muere en la cruz y resucita. Él es Dios. En el principio era el verbo, y el verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios. En palabras del evangelio de Juan. Es el Hijo de Dios, que desde el principio existe con el Padre. El Padre, es la primera persona de la santísima Trinidad, el Hijo es la segunda persona de la Trinidad, es el mismo Dios, hecho hombre llamado Jesucristo. Y del Padre que ama al Hijo y el Hijo que es amado por el Padre procede el Espíritu Santo, que es amor divino. Espíritu Santo que es enviado por el Padre y el Hijo a los discípulos, a la Iglesia. Habita en ella y en el mundo siendo sustento, animación y vida, creando comunión y fraternidad para que seamos uno como el Padre y el Hijo son uno en el amor. Padre, Hijo y Espíritu Santo.

A Dios es difícil expresarle en su totalidad. Tenemos la dicha de conocerle y de participar de su amor pero todas las palabras y el lenguaje es limitado para abarcarle. Popularmente se cuenta la historia de que San Agustín que escribió en el siglo V, un profundo tratado sobra la Trinidad un día paseaba por la playa perdido en sus pensamientos sobre Dios. Vio un niño intentando meter el agua del mar en un agujero hecho en la orilla. Cuando le hizo ver al niño que aquello era tarea era imposible aquel niño le respondió que lo mismo estaba intentando hacer él, Agustín al intentar abarcar a Dios con su mente. Con Dios, no se trata de saber cosas sino de tener una experiencia personal y real de Él, de su amor y vida. Por eso ser cristianos es injertarnos en esta Historia de salvación y pertenecer al Pueblo de Dios y llenos del Espíritu Santo, vivir como el Hijo caminando hacia el encuentro definitivo del Padre. Se trata de vivir la experiencia e historia de la fe. Y esta es una historia de vida entre hermanos y con hermanos. No es casualidad que la Iglesia en un Concilio al hablar de la Santísima Trinidad, en la Edad Media acuñara la frase: Dios es uno pero no es solitario.

Nuestra experiencia de Dios no puede llevarse a cabo en soledad. Este Dios con el que compartimos ADN, nos hace partícipes de los dones de la filiación y de la fraternidad. En Cristo somos hermanos unos de otros, en Cristo somos hijos adoptivos del Padre, en Cristo participamos de un mismo Espíritu.

A lo largo de la historia se ha utilizado un lenguaje teológico para expresar esta realidad divina que hemos conocido por pura gracia de Dios. Este lenguaje que se utiliza para explicar la Santísima Trinidad intenta explicar en definitiva quién es Dios: Dios es amor.

Sin embargo de Dios se han dicho cosas muy diversas y diferentes a la revelación cristiana. Hubo culturas antiguas que dieron culto a diferentes dioses, en formas humanas, animales o naturales. Los filósofos de la antigüedad pensaron a Dios como un ente racional y frío. El ateísmo y el materialismo consumista han afirmado la muerte de Dios y han propugnado revoluciones y sociedades alejadas de su voluntad y designios propugnando un materialismo inhumano. Son quienes ensalzan el dinero como el ídolo de sus vidas y ante él rinden y gastan su existencia, en la satisfacción de sus deseos, ajenos a cualquier ética o responsabilidad ante sus semejantes. También y muy cercano a nuestra realidad cubana hay quienes alaban a supuestos seres espirituales y mágicos de quienes pretenden adquirir su fuerza, su energía y sus bendiciones. Siempre será una tentación hacer caricaturas que deforman el concepto de Dios y la fe. Detrás de un falso ídolo hay siempre una historia de degradación del ser humano que genera desolación, egoísmo y mal. Y siempre es un camino en el que se malgasta la existencia. No todos los caminos llevan a Dios. Es en Cristo su revelación veraz y plena.

Cuando un niño aprende de su papá o su mamá a hacer la señal de la cruz y nombrar a Dios en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo están adentrándose en el caudal del espíritu de dios. Cuando se inicia en la oración del Padre Nuestro o cuando interioriza la enseñanzas de Cristo. Cuando recibe y vive al Espíritu Santo de Dios en comunión con sus hermanos de fe… el ser humano vive en el mismo cuerpo de Cristo que es la Iglesia en armonía con todo lo creado. Vivir la experiencia trinitaria de la fe es vivir recibiendo la sabia vivificadora de la fe.

Dios les bendiga a todos.

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