Mensaje radial del P. Jorge Wojciechowski, Diócesis de Ciego de Ávila, para el  XII domingo del Tiempo Ordinario, 25 de junio de 2023

En la primera lectura de este domingo podemos leer: “denunciemos a Jeremías, vamos a denunciarlo. Todos mis amigos espiaban mis pasos. Esperaban que tropezara. Si se cae lo venceremos”. En la Biblia tenemos muchos ejemplos de los justos como el profeta Jeremías que fueron perseguidos por los que rechazan la verdad. También en el Evangelio regresa este problema de la denuncia y de sus consecuencias cuando Jesús nos advierte: “No tengan miedo a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma”.

En la historia de la Iglesia y del mundo tenemos muchos modos de espionaje y muchas astutas formas de como dañar la reputación de los justos aprovechándose, tal vez, de sus debilidades. Por ejemplo durante la misión en China, los Franciscanos o Dominicos denunciaban a los Jesuitas de sus ritos Chinos al Papa que no sabía nada sobre el tema. Distintos sistemas políticos e ideologías usan hasta hoy las más modernas formas de infiltrarse como: simular interés o la misma opinión para descubrir que cosa piensa la persona verdaderamente. La cultura maligna de denunciar se ha apoderado también de la iglesia. Se denuncia al Nuncio, se denuncia al Obispo, se denuncia a las autoridades, creando una vida de sospecha. Se olvida la llamada de Jesús para hablar cara a cara. Para comprender todo en el contexto y no dañar inútilmente el nombre de la persona.

En mi país Polonia y los países del llamado “bloque”, muchos espías se infiltraban a la vida de la parroquia, de las comunidades, usando tres puntos claves de la debilidad humana. Usando también tres símbolos o elementos: “el corcho, el monedero y la cremallera”. Los infiltrados miraban estos tres aspectos de la vida. Podemos decir tres trampas. El corcho simbolizaba la tendencia al alcoholismo, drogas o a juegos. El monedero simbolizaba las irregularidades financieras, la corrupción, los engaños. Y, finalmente, la cremallera fue el símbolo de los pecados contra el sexto mandamiento. La prostitución, libertinaje, concupiscencia. Después a esto se añadió dar una falsa impresión de una enfermedad mental de la víctima. Para licenciar o suspender a alguien, bastaba con comprobar al menos uno de estos elementos y la persona terminaba en la cárcel o perdía su carrera. Muchos fueron acusados sin proceso. El juicio fue impuesto de lo alto. No se respetaba el derecho de abogado de la ley romana que decía que se debe escuchar no solo a los acusadores sino también a la otra parte.

Hoy estas víctimas del espionaje son proclamados santos o beatos. La famosa tolerancia cero es buena para los títulos en la prensa, pero no es católica, no es evangélica porque no da espacio para la reparación de los daños. Destruye la reputación y cancela para siempre de la sociedad. No es misericordiosa. No da ocasión para sanar las heridas propias o de los demás.

Hoy queremos rezar por todas las personas injustamente denunciadas y juzgadas en la iglesia y en la sociedad. Queremos rezar para que la familia de los hijos de Dios, de los bautizados, no entre en la mentalidad de sospecha. En la iglesia necesitamos más confianza y menos rivalidades, envidias o celos. A todos los que hoy se sienten víctimas de los delatores, de la venganza o chismes, Jesús da una palabra de consuelo: “No teman a los hombres, no hay nada oculto que no llegue a descubrirse. No hay nada secreto que no llegue a saberse”. Él, Jesús, es el único que conoce nuestro corazón y nuestras intenciones verdaderas.

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