El Evangelio de San Lucas que acabamos de proclamar nos muestra a Jesús en oración. Contemplemos esta bella imagen de Jesús en oración. Muchas veces aparece así en el Evangelio, comunicándose con el Padre. La oración es la experiencia central en la vida de Jesús.
Escuchemos la oración que Él dirige a su Padre: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las has dado a conocer a la gente sencilla. ¡Gracias, Padre”! Así, de manera muy clara y directa Jesús nos dice en este texto que para penetrar en el misterio de Dios necesitamos tener un corazón humilde y una mente sencilla. El soberbio, el engreído, no puede percibir esa luz y esa presencia de Dios porque está lleno y poseído de sí mismo.
¿Cómo podremos nosotros vivir esta experiencia de unión con Dios y experimentar la luz de su presencia? Jesús, solo él, él es quien nos ayuda a descubrir el amor y la presencia de Dios, nuestro Padre. Jesús nos “revela”, es decir, él “quita el velo” para que podamos vivir la experiencia del amor misericordioso de nuestro Padre Dios. “Nadie conoce al Hijo, sino el Padre; nadie conoce al Padre, sino el Hijo y aquél a quien el Hijo decida revelárselo”. El misterio de Dios solo es asequible a través de Jesucristo. Esta es la experiencia de fe en nosotros cuando, guiados por la luz del Espíritu Santo, mantenemos una actitud humilde ante el misterio de Dios.
Jesús se dirige ahora a nosotros. Escuchemos de nuevo su palabra. “Vengan a mi…. Vengan a mí, los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré”. Estas palabras las dirigía Jesús en aquel tiempo a las personas que le rodeaban. Era gente sencilla, personas humildes, que buscaban a Jesús y escuchaban su Palabra. Eran personas que se sentían agobiados, humillados, sin libertad. Estaban sometidos a la dictadura del imperio romano y en Jesús encontraban un alivio a su situación.
¿Qué sentimos nosotros hoy al escuchar estas palabras de Jesús?: “Vengan a mi…” Como aquellos que rodeaban a Jesús, pobres y humildes, también nosotros nos sentimos muchas veces, cansados, agobiados. Esta es la experiencia que vive hoy de manera muy intensa nuestro pueblo. Son muchos los que se sienten cansados, agobiados… Escuchemos de nuevo lo que nos dice Jesús: Vengan a mí… yo los aliviaré. Jesús se ofrece para alivia nuestra carga. Escuchemos bien. Él no nos quita la carga. Él se ofrece para aliviar nuestra carga con su presencia. Este es el camino de la fe. Reconocemos que Jesús está con nosotros, está en medio de nosotros. Cuando nos sentimos cansados y agobiados, guiados con su luz, con su palabra, sentimos alivio, fortaleza.
¿Cómo podemos experimentar este alivio que Jesús nos ofrece en los momentos en que nos sentimos agobios y cansancios?: Escuchemos de nuevo sus palaba: “Carguen con mi yugo y aprendan de mí”. El yugo que cargó Jesús es la cruz. Él cargó la cruz y así entregó su vida por amor. Él entregó su vida por amor a nosotros. Jesús nos invita cargar nuestra cruz, la cruz de cada día, pero a cargarla mirándolo a él, aprendiendo de él. Cargar nuestra cruz siguiendo el camino que él recorrió. ¿Cuál es el camino de Jesús?, es el camino del amor, del amor solidario. Aprendan de mí, que soy tolerante y humilde de corazón. Aprendan de mí y encontrarán descanso. Todo cambia en nuestra vida miramos a Jesús y si seguimos sus pasos. Todo cambiará en la vida de mi familia y de mi país si dejamos que Jesús nos guie con su Palabra y su presencia. Este es el mensaje: Aprendan de mí y encontrarán descanso.
