Mensaje radial del Diácono Andrés Ferrer Jiménez, Diócesis de Ciego de Ávila, del  XX domingo del Tiempo Ordinario, 20 de agosto de 2023

Queridos hermanos todos,

A lo largo de la historia de la Iglesia hemos conocido el poder omnipotente de Dios. Hemos conocido que Dios es también omnipresente y omnisciente.

De ahí sacamos nosotros los cristianos confianza y fuerza para acercarnos a nuestro Salvador en las diversas circunstancias de la vida. Una, para dar gracias por ser nuestro compañero de camino y protagonista de nuestros logros.

La otra, para buscar de él cuando vivimos momentos difíciles en los diferentes ámbitos, social, laboral y familiar. Buscamos de Jesús con la entera seguridad de que éste es el amigo que nunca falla, que siempre está presto a la escucha y a entablar con nosotros un diálogo con entera misericordia y amor. En el Evangelio de hoy, domingo 20 del Tiempo Ordinario, la mujer cananea se encuentra desesperada por estar viviendo una situación difícil con su hija. Un hijo enfermo para los padres es un tiempo de preocupación y en ocasiones de desesperación como la estaba esta hija de Caná de Galilea, y como ella, apelamos al mejor de los medicamentos. Apelamos al encuentro con Jesús, un encuentro lleno de fe y esperanza.

Esta oveja descarriada de Israel grita, Señor, ten compasión de mí, mi hija tiene un demonio muy malo, y se postra ante el Salvador. Ella tenía, por fe en Jesús, impulsada por el Espíritu Santo, la certeza de que aquel hombre, Jesús, podía y tenía poder de sanación, y es capaz de acercarse pidiendo migajas de misericordia.

Nuestra fe crece, nuestra fe se agiganta como la cananea cuando nos encontramos frente a frente con Jesús, cuando como ella vivimos momentos de desesperación y buscamos al Todopoderoso a través de la oración personal, cuando se hace presente en el Santísimo Sacramento del altar, o cuando nos hincamos de rodilla ante el Sagrario lleno de confianza y esperanza, en ese Dios que nunca abandona a sus hijos, y buscamos de él, aunque sean migajas de misericordia, que hacen

crecer nuestra fe, confianza y entrega al Dios del amor. Jesús nos dijo en una ocasión, pidan y se les dará, toquen y se les abrirá.

¡Qué garantía tan inmensa saber que tenemos a Jesús presto y atento a nuestras necesidades! Su poder omnipresente, omnisciente y omnipotente nos permite en cualquier momento y a cualquier hora poder acercarnos a Él que es el mismo ayer, hoy y siempre. Dice el Evangelio de hoy que Jesús resalta la gran fe de esta manera desesperada ante la situación con su hija y opera un milagro de sanación. ¡Qué grande es tu fe que se cumpla lo que desea! Dice el Señor.

Hermanos, vivamos la certeza de que Dios nunca abandona a sus hijos. Busquemos de Él, hoy más que nunca, pongámosle a sus pies nuestras angustias, nuestras necesidades, nuestras desesperanzas. No renunciemos nunca al encuentro con el Señor y Él operará en nosotros un milagro de amor y misericordia. Pidamos a María que interceda ante su Hijo por todos los cubanos dentro y fuera de nuestra isla, para que sea fortaleza en nuestra debilidad, para que nos mantenga unidos en el amor a Dios y a los hombres.

Queridos hermanos, las adversidades para un cristiano se convierten en el duro yunque donde se forja nuestra fe.

Y la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes los acompañe siempre. Amén.

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