La liturgia de este domingo nos propone una parábola que se refiere a la pasión del Señor. Jesús prevé su pasión y cuenta esta parábola para avisar a las autoridades de su pueblo que están tomando un camino equivocado. La primera lectura del profeta Isaías también nos habla de una viña, aunque con una diferencia, en la parábola se avisa a las autoridades y en el canto de Isaías Dios avisa a todo el pueblo de Israel.
El relato de Jesús comienza de manera similar al canto de Isaías. Un propietario plantó la viña. Este propietario confía su viña a unos ladrones y se marcha. Poniendo a prueba la lealtad de estos, se les ha confiado la viña hasta la cosecha. Cuando llega la vendimia, los ladrones muestran una actitud posesiva. No se consideran simples administradores sino propietarios y se niegan a entregar la cosecha. Maltratan a los criados y los matan. Todos los enviados obtienen este mismo resultado.
En esta parábola, la viña simboliza al pueblo, los cuidadores a las autoridades políticas y religiosas, los enviados, los distintos profetas que Dios ha suscitado en el pueblo para invitar a la conversión, pero que fueron despreciados. Finalmente, el propio Hijo representa al mismo Jesús, que de este modo anuncia su propio fin. Es conmovedor reconocer que Dios regaló al hombre lo más preciado, su propio Hijo, el mismo Dios que detuvo a Abraham cuando estaba por sacrificar a su hijo Isaac. Entrega a su hijo amado en nuestras manos homicidas. El Hijo de Dios venía a buscar los frutos de la viña del Padre, ese pueblo que había sido preparado durante muchos siglos. Pero las autoridades que se sentían dueños del pueblo no permiten al Hijo de Dios recoger los frutos de la fe de este pueblo. No comprendían que el único dueño de la viña es solo Dios.
Esta parábola debe ser también para nosotros un aviso sobre nuestras actitudes. Todos tenemos responsabilidades, por lo que es muy importante asumirlas con responsabilidad. La tentación que nos acecha es adoptar una actitud posesiva diciendo, Dios me ha dado unos dones, soy propietario, hago con ellos lo que quiero. La actitud posesiva está en la base de muchísimos pecados y muchas injusticias.
Todos los dones, todos los talentos que Dios nos ha dado y nos da, son instrumentos para poder amar y servir al prójimo. Si los usamos de una manera egoísta, nos parecemos a los ladrones rebeldes de la parábola. Recordemos que todos somos parte de la viña del Padre, cepas plantadas cuidadosamente por el Señor en espera de nuestros frutos. Frutos de amor.
