Queridos hijos e hijas les habla su Obispo, Mons. Juan de Dios, pastor de esta amada diócesis de vueltabajo.
Meditemos lo que el Señor nos quiere revelar a través de la lectura que acabamos de escuchar:
Jesús está hablando a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo que no admiten la nueva imagen de Dios que el Señor viene a ofrecer. En este caso, ilustra su enseñanza con la “parábola del banquete de bodas”. En ella, habla de una celebración, inicialmente gozosa, que acaba en tragedia y muerte. De este modo el mensaje gozoso de la universalidad de la salvación queda seriamente enmarcado entre una denuncia (el rechazo de las autoridades religiosas de Israel a las bodas del “hijo del rey”) y una advertencia: “es necesario revestirse con el traje de fiesta del Evangelio”
El Rey invita a las personas a venir a su banquete, es un Rey generoso, un Rey que sobrelleva el peso del derroche mientras eso le suponga la felicidad del invitado. Pobre Rey que tenía bien presente a cada uno de los que deseaba ver en su palacio. Anhelaba el corazón del Rey poder abrir sus brazos recibiendo al huésped esperado, pero éste no quiso venir, simplemente así: no quiso, no supo o no quiso saber…
¿Soy una persona que subyace en la tendencia de esperar a que me rueguen? Que buscando la felicidad en preferirme, he encontrado la irónica tristeza de quien no se entrega. Soy yo un comensal que fue invitado a ese banquete, y que ahora solo puedo vagamente imaginar y saborear. Soy el invitado que pensó encontrar mayor placer en dedicarse ciegamente a los afanes de esta vida, sin pensar siquiera en dirigir la vista, por lo menos una vez, hacia los gozos que del cielo se desprenden. Soy esa persona, ese invitado…
Podría sonar demasiado extraño este evangelio porque, ¿cómo es posible que alguien rechace la invitación a una boda donde habrá vino, música y buen ambiente? Al menos hoy día son pocos los que rechazarían esta oferta tan especial. Pero es claro que esta parábola Cristo nos la dibujó así para que comprendiésemos que todos estamos invitados a participar del gran banquete que celebrará en el cielo.
Sólo nos hace falta cumplir un requisito que el evangelio lo pone como algo externo pero que en realidad en las bodas se le da demasiada importancia y es el vestido. Es necesario e indispensable entrar con el ajuar apropiado al gran banquete que Cristo nos invitará, este ajuar es la vida de gracia. Por eso expulsaron de la boda al hombre que no llevaba el traje apropiado, porque no estaba en vida de gracia. Y la gracia, como la llama santo Tomás de Aquino, es esplendor del alma, presencia de Dios en nuestra alma.
Es claro que Jesús no puede habitar en un lugar en donde no tiene amigos, y tampoco nosotros nos deberíamos atrever a presentarnos a la boda que Él organiza cuando no le tenemos por amigo. Esto es la vida de gracia, conservar su amistad y por tanto rechazar enérgicamente todo lo que pudiese ofenderle: revistas indecentes, películas deshonestas, compañías perjudiciales, ofensas a nuestros padres o hermanos, críticas etc. Es difícil conservar esta amistad con Cristo, pero si realmente lo tenemos por amigo no nos atreveremos a ofenderle, sino que al contrario nos esforzaremos por ser cada día mejores amigos de Él.
Ante el peligro que acecha a la comunidad cristiana de creerse los nuevos elegidos para el banquete del reino, Mateo avisa. Dios ha llamado a todos pero solo serán admitidos quienes respondan a la invitación llevando el traje de fiesta del Evangelio. En el banquete de bodas de Dios con su pueblo caben todos, pero no todo vale. Se queda fuera el que no quiere entrar porque no acepta las condiciones del reino. Una seria advertencia que resuena actual para nosotros hoy.
Gracias, Señor, porque quieres congregar a toda la humanidad en el gran banquete del fin de los tiempos, en el que saciarás toda hambre y toda sed. Gracias porque nos llamas, ya desde ahora, a vivir en fiesta y desde la fraternidad y la igualdad. Te presentamos a nuestra Iglesia. Queremos una Iglesia en salida, dispuesta a contar en los caminos y suburbios del mundo el Evangelio de Jesucristo.
Que María de la Caridad nos acompañe siempre.

GRACIAS!!!! ________________________________
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