Queridos hermanos y hermanas, en este trigésimo domingo del tiempo ordinario, Dios nos llama a Amar, enfatizando que el amor se ve en la manera que nos tratamos unos a otros en la vida cotidiana. Nos hace entender que toda vida de fe y cristiana debe centrarse en el amor a Dios y al prójimo.
En la primera lectura, Dios muestra su disgusto e ira a la injusticia y opresión. Y consecuentemente a los injustos, opresores e incompasivos. Especialmente cuando se la practican contra los más vulnerables e indefensos. Al mismo tiempo nos asegura que Él está al lado de los oprimidos, necesitados, indefensos y de los pobres. Por lo tanto, Dios no es indiferente ni se hace de la vista gorda a la injusticia.
Esta primera lectura nos presenta a los huérfanos, las viudas y los pobres quienes en aquel tiempo fueron los más vulnerables e indefensos. Muchas otras personas se aprovechaban de su situación y condición y los oprimían con injusticia, Dios cuando ve esto advierte a los que la practican y promete defender a los más desfavorecidos.
En la sociedad de hoy, existe también la injusticia y los que la practican. Hay entre nosotros personas vulnerables, pobres e indefensas de quienes los muchos se aprovechaban de ellos; son los huérfanos y viudas de hoy.
Usted y yo pudiéramos ser tanto víctimas como culpables de injusticias y opresiones. Víctimas porque no nos trata con amor y culpables porque no tratamos a los demás con amor.
Tomando la situación de nuestra sociedad hoy, es cierto que muchos de nosotros somos culpables de injusticias y aprovechamos la vulnerabilidad de las personas, sus situaciones y condiciones indefensas. Por ejemplo, la falta de alimentos y cosas básicas hace que algunos tengan que vender a precios sumamente altos, y otros que tienen la responsabilidad de distribuirlas a los individuos en la sociedad se deja llevar por el egoísmo y las apropian. Los enfermos que son muy vulnerables debido su situación por su condición de salud no se escapan de la injusticia de muchos que venden los medicamentos a precios sumamente altos.
El mensaje de Dios para nosotros como culpables es claro: dejar practicar la injusticia y de oprimir los demás porque esto no es amor. Igualmente si somos víctimas de injusticias y opresión, Dios nos da un mensaje de esperanza y consuelo: Viene a defendernos y nos dará la justicia castigando los que nos opriman. También como las víctimas de injusticias y todo sufrimiento causado por esto, que no pensemos que Dios nos ha abandonado, al contrario Él está con nosotros y ponemos nuestra esperanza en Él.
Queridos hermanos y hermanas, conectando el mensaje de la primera lectura en el antiguo testamento y el Evangelio que acabamos de escuchar en el nuevo testamento, recordamos lo que Jesús dijo: “no he venido a abolir la ley sino darle fuerza”
Jesús nos hace entender que todo lo que dirige a las injusticias, opresión, explotación especialmente a los más vulnerables van contra lo más central en nuestra fe y nuestra vida Cristiana: el Amor. Jesús nos invita a amar porque Dios nos ama y eso lo vemos desde principio cuando Él nos creó. Nosotros por lo tanto debemos amar a Dios porque no existe nada que nos mantengan más unidos con Él sino el Amor. Como Él nos ama debemos amar a los demás también. Por lo tanto Él nos da el mandamiento más importante que incluye a todos los mandamientos: El Amor a Dios y al prójimo.
Cuando obedecemos a Dios escuchándolo y practicando sus preceptos lo amamos y cuando tratamos los demás justamente respetando su dignidad independientemente de quienes son; su color, nivel de vida, condición y situación de vida, los amamos.
Amar no permite injusticias a los vulnerables ni opresión a los pobres ni insensibilidad o indiferencia a los sufrimientos de los demás. Como se dice; el que siembra amor, amor tendrá.
Pedimos al señor en este domingo que nos invita amar, la gracia de sembrar Amor en nuestra sociedad empezando en la familia, nuestras comunidades, nuestro país y el mundo entero. Sembrando honestidad y no insensibilidad, verdad no mentira, generosidad y no egoísmo, perdón y no rencor, justicia y no explotación, igualdad y no desigualdad.
