Mensaje radial del Diácono Andrés Ferrer Jiménez, Diócesis de Ciego de Ávila, en la solemnidad de Jesucristo Rey del Universo, 26 de noviembre de 2023

Con la fiesta de nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, la Iglesia culmina el año litúrgico.

A lo largo de la historia de la humanidad, muchos hombres han deseado tener poder sobre los demás hombres. Estos hombres llegaron a autoproclamarse reyes, y con todo un ejército de hombres armados y servidores serviles, obedecían los antojos del rey, ya fueran éstos positivos o negativos.

Ellos, los reyes, se hacían acompañar de su esposa, la reina, príncipes y princesas, sus hijos, entre otros afines a su árbol genealógico. Los pobres, los débiles, los enfermos, los presos, los niños de pueblo, no eran tenidos en cuenta, sino que eran sujetos productores y explotados. La sumisión llegaba hasta los extremos. Los más desposeídos de la sociedad se convirtieron en la fuente de enriquecimiento de los reyes. Tenían que hacer reverencia, ante la presencia de éstos, e hincarse de rodillas como signo de sumisión.

Sus palacios eran cada vez más ostentosos y majestuosos. Se sentaban en un trono con todo el lujo posible. Sus coronas, fabricadas de oro con incrustaciones de las más caras perlas, rubíes, diamantes, esmeraldas. Sus cetros, también hacía gala de su poder. Sus vestiduras, hasta los extremos en elegancia. Bufones que lo hacían reír, banquetes suculentos, entre otras extravagancias.

Hoy, el evangelio en la fiesta de Jesucristo Rey del Universo, nos muestra al Pastor de la humanidad y Juez supremo de vivos y muertos. A Jesús Rey de Reyes. Mateo nos relata en el evangelio de hoy, que Jesús vendrá rodeado de su gloria y acompañado de todos sus ángeles. Se sentará en su trono para el juicio final. No el juicio de los reyes, donde predominaba la injusticia y la extorsión. En el juicio ante nuestro Señor Jesús, predomina la justicia y la misericordia infinita. Se sentará a su derecha, las ovejas y los cabritos a la izquierda. Todos ante el Señor, le presentaremos nuestro modo de actuación en la sociedad, que nos correspondió vivir, y ante él, qué hicimos con los pobres, con los mendigos, con los enfermos, con los presos, con los desnudos, con los forasteros, entre otros despreciados y marginados por la sociedad.

Porque las ovejas que estarán a su derecha son las que dieron de comer al hambriento, dieron de beber al sediento, hospedaron al forastero, vistieron al desnudo, visitaron al enfermo y al preso. Queridos hermanos, la práctica de las obras de misericordia es nuestro pasaporte para vivir la eternidad, contemplando el rostro de nuestro Señor Jesús de Nazaret. El reverso de la moneda es dar la espalda a aquellos por los cuales Dios hizo hombre y habitó entre nosotros.

La materia prima para derramar obras de misericordia está en todos los lugares, en el barrio, en el trabajo, en cualquier ámbito de la vida social y eclesial. Nuestro Rey, queridos hermanos, es eterna misericordia. Nuestro Rey es clemente y compasivo.

Nuestro Rey tiene como trono la cruz, tiene como corona una de espina, tiene como cetro una caña, fue despojado de sus vestiduras, no tiene bufones que lo hagan reír, tiene pobres que lo hacen llorar. No tiene manjares suculentos y sin embargo multiplicó los panes y los peces a multitud de personas. No tiene ejército poderoso, sino que su ejército es conformado por pobres, viudas, niños, enfermos, presos, y maginados.

Tiene una reina, la Virgen María. Vivamos las obras de misericordia para ser contado entre las ovejas que el Señor pondrá a su derecha. Ante Cristo, Eucaristía, Rey del Universo, nos hincamos de rodillas en señal de adoración y amor.

Y la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y los acompaña siempre.

Amén.

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