Menaje radial Mons. José Manuel García, Diócesis de Ciego de Ávila, del IV domingo de Adviento, 24 de diciembre de 2023

Queridos hermanos, en cuanto comenzamos a escuchar el relato del Evangelio de este domingo, inmediatamente nos viene a la mente otro momento que también narra el Evangelio de Lucas, en el que se produce algo similar. Es que hay un paralelo en estas dos situaciones, y las vamos a comentar. Hay dos mujeres que por diferentes motivos no pueden concebir hijos. La primera, Isabel, que es prima de María, ya es una persona mayor, con muchos años de matrimonio, pero a causa de su esterilidad no ha podido tenerlos. Ella y su esposo Zacarías, durante sus años de matrimonio han pedido al Señor que les concediera tener hijos, pero al parecer Dios no habría escuchado sus oraciones.

La segunda, María, tampoco puede, de momento, quedar embarazada porque no se ha casado. Pero como le dice el Ángel a María, para Dios no hay nada imposible. Y sucede que Dios tenía incluidas a estas dos mujeres en su proyecto de salvación. Isabel casada, pero este concibe a Juan, será el precursor de Jesús. Y por otra parte se encuentra María, que sí es fecunda, pero todavía soltera, y va a concebir a Jesús.

Al fijarnos con más detenimiento, encontramos que hay diferencias notables. Zacarías, sacerdote, quien por lo tanto pertenece a un estatus alto en la sociedad judía, es quien recibe durante el ejercicio del culto, el anuncio, y la fe en el embarazo de Isabel. Por su parte, María es una mujer joven, de familia humilde, seguramente dedicada a las labores domésticas, y es quien recibe la visita del mensajero del Señor. Zacarías y su esposa Isabel cumplen piadosamente con todo lo establecido. Son personas piadosas, pero Zacarías duda por ser ancianos él y su esposa. María, sin embargo, después de un diálogo con el arcángel Gabriel, donde plantea sus inquietudes, cree de una manera ejemplar. Se pone en una disponibilidad total en manos del Señor.

Es también muy ilustrativo el hecho de que a diferencia del anuncio del nacimiento del bautista que se hace en el templo, que está en la ciudad capital de Israel, el anuncio del nacimiento de Jesús se hace en medio de un poblado que hasta mala fama tiene. Otra realidad es que Juan el Bautista nace fruto del amor de unos esposos fieles. Pero el nacimiento de Jesús no será fruto del amor humano, sino del amor de Dios, que encuentra acogida en el corazón de una joven virgen.

La vida de Jesús, su compartir, será fundamentalmente en medio de las gentes sencillas. Como todo judío, Jesús participará en las fiestas que se celebran cada año en el templo y los sábados en la sinagoga, y hasta llega a explicar en alguna de ellas la palabra de Dios. Pero quien quiera ver a Jesús, escucharlo, tendrá normalmente que buscarlo, no en el templo o en el círculo de los poderosos, sino casi siempre en medio del pueblo sencillo. En medio del pueblo sencillo. En medio del pueblo sencillo. Como María, será quien acoja con alegría la palabra de ese carpintero que habla de un reino diferente. Y ese pueblo va a descubrir a través de Jesús la predilección de Dios por lo sencillo, por los humildes. También el pueblo creyente se vivirá como María sin temor, ya que la presencia del Señor les hace vivir con la seguridad, de que Dios camina al lado de ellos.

Hoy nosotros, pueblo de Dios en Cuba, que vivimos hace años una experiencia muy fuerte y agudizada en estos últimos tiempos, estamos llamados a sentir y vivir en alegre confianza y con la seguridad de que a nuestro lado está Jesús, quien nos lleva de la mano para responder como María. Señor, que se cumpla en nosotros tu palabra.

Amén.

Deja un comentario