Mensaje radial de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Río, del IV domingo de Adviento, 24 de diciembre de 2023

Queridos hijos e hijas que gusto poder encontrarnos siempre, pero más, en un día como el de hoy.

Nos acercamos a la Navidad y la liturgia destaca la persona de María, que, junto a Juan el Bautista e Isaías, forman el grupo que anuncia, prepara y espera al Señor que llega. El evangelio que hoy se nos propone lo hemos escuchado hace poco en la fiesta de la Inmaculada y, nueve meses antes, en la Anunciación del Señor.

El “plan secreto, mantenido durante siglos ocultos” se revela en la encarnación de Dios en nuestro mundo. Y para ello busca personas que estén dispuestas en libertad para participar en ese plan. María con su “Sí” es la principal. En diálogo con el ángel Gabriel acepta la propuesta de Dios.

Esto ocurrió “al sexto mes” de otro relato anterior que narra el nacimiento de Juan el Bautista. La encarnación de Jesús en María se da cuando Isabel llevaba ya seis meses de embarazo. Dos mujeres que aceptan los planes de Dios y, responsables, esperan con alegría el fruto de sus entrañas. Hoy vivimos tiempos controvertidos frente a temas como la vida, las relaciones familiares, el aborto, los derechos de la mujer, etc. Creemos que la libertad se contrapone al compromiso y por eso no nos decidimos por nada. Vivimos en la liquidez.

«Llena de gracia», María estaba preparada para recibir a Dios en su corazón. En él no existían zonas oscuras o reservadas, sino que era como un río cristalino en el que se podía ver todo. María era una mujer auténtica. Podemos decir que tenía las puertas de su corazón abiertas de par en par para cumplir la voluntad de Dios. Y ese «sí» fue una respuesta concreta de su alma. Tal vez, no entendía lo que estaba pasando y, mucho menos, se imaginaba lo que pasaría en el futuro. No se imaginaba cómo vendría este hijo suyo, no se imaginaba su nacimiento en un pesebre, ni el dolor tan grande al ver a ese hijo clavado en la cruz. Pero dijo «sí» y «hágase».

Y en nuestra vida concreta ella nos guía «en este valle de lágrimas». Andando de la mano de María el camino se hace más sencillo y llevadero. Ella nos enseña a abrir nuestro corazón a la gracia de Dios y a aceptar su voluntad aun en medio de las situaciones más difíciles.

Decir sí con alegría a veces no es fácil. Pero si vemos la vida de María nos podremos dar cuenta que su vida no fue de lo más ideal sino de lo más real. Pensemos, por ejemplo, la situación tan difícil de su embarazo, ¿cómo explicarlo a José? O ver a su hijo nacer en un establo (cueva) de animales ¡Qué difícil ver que su hijo no puede tener unas condiciones dignas para nacer! O la huida a Egipto, los treinta años monótonos sin ver alguna manifestación extraordinaria de su hijo… Y, por último, la prueba de la cruz.

Silencio, escucha, sencillez, paz, amor. Éstas fueron las virtudes que ejercitó María durante su vida. Y así, pudo tener su corazón abierto para recibir la gracia de Dios. Por eso es la llena de gracia. “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”.

Cuántas personas, en esta larga historia de la salvación, han hecho de sus vidas una donación desinteresada para el bien de todos. Incontables. También hoy hay cantidad de gente que quiere ponerse al servicio de los demás y lo hacen. Algunos individualmente, otros en instituciones diversas. Gracias Señor, porque tu Espíritu sigue inspirando y animando. Que, como María, muchas personas acepten ponerse a disposición de Dios y hagan posible la encarnación de su amor.

Que María de la Caridad nos acompañe siempre.

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