¿Acaso no saben que vuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo? Así nos habla hoy en la segunda lectura San Pablo en su carta a los Corintios.
En el primer domingo después de la fiesta del bautizo del Señor, somos llamados por San Pablo para proteger la dignidad de nuestro cuerpo. Las sociedades de hoy juegan con los pecados corporales para conquistar a los electores, para organizar las protestas pro-aborto, pro-eutanasia, pero muy raramente hablan de las consecuencias morales del daño de la salud.
Se crea el pensamiento que el hombre es el dueño de su cuerpo y hay de ti si tocas este tema y hablas de la castidad. Los movimientos de la Iglesia de San Pablo son los movimientos pro-vida que quieren defender la objeción de la conciencia de los médicos o enfermeros. Quienes no quieren hacer estos actos como eutanasia o aborto por motivos éticos, son muchas veces perseguidos y rechazados por el pensamiento único de los poderosos. Últimamente las Naciones Unidas llevaron a consulta una noción sobre la autorización de la prostitución, olvidando las pobres víctimas, muchas veces abusadas y manipuladas emocionalmente.
Podemos preguntarnos hoy, si esta invitación de San Pablo para respetar la dignidad del cuerpo humano como un santuario del Espíritu Santo, es todavía válida. De distintos lugares, también, donde se debería protegerse, donde se debería proteger el hombre, los teólogos y ciertos pastores sorprenden negativamente con sus nuevas emanaciones. El mensaje que se quiere imponer busca también la bendición de Dios para las cosas malas.
Todos estamos sujetos a Cristo, a la enseñanza de la Iglesia, y si se dice cosas que la contradicen, no esperan aplausos, sino que un día le interpelen ante Dios. No se puede camuflar el mal con dulces palabras. El último Concilio Vaticano II, en su Constitución Dei Verbum número 10, dice: “Escucha al Espíritu Santo con reverencia, lo santifica y lo interpreta fielmente”. Nosotros no podemos abrir una grieta tras la cual el colapso moral se produce de forma natural. El espíritu del pueblo, espíritu de la mayoría, no tiene nada que ver con la fe católica.
Para nosotros, la revelación y la Palabra de Dios son la última instancia, y no los placeres de los hombres. Los gestos anómalos, bendiciones también cuando parecen cariñosos, no pueden justificar el mal. Ciertos círculos quieren llevar a cabo una investigación contra San Pablo, por su continua insistencia que las personas se arrepienten de sus pecados. Uno de los humoristas católicos, expresando esta nueva mentalidad, escribió con ironía: “Lamentamos anunciar que San Pablo ya no es miembro de la Iglesia Católica. Sus enseñanzas sobre la llamada familia, la castidad, no tienen cabida con el catolicismo moderno. Lamentamos haber colocado a este hombre profundamente misógino y rígido en el pedestal durante dos mil años”.
Tenemos que con estas nuevas visiones esperar quizás nueve meses, porque esto, no hay quien lo pare. Pedimos por la intercesión de santos y santas que defendieron su dignidad corporal cuando fueron martirizados, abusados, como Santa Inés o San Carlos Luanga, de Uganda, que nos ayuden a comprender cómo es precioso el don de nuestro cuerpo, templo del Espíritu Santo.
Esta semana, el 18 de enero, comienza el Octavario de la Oración de la Iglesia Católica. La oración por la unidad de los cristianos, con el lema: “Amarás al Señor tu Dios y a tu prójimo como a ti mismo”. San Lucas 10, 27. Recemos, porque todas las iglesias y denominaciones cristianas no se olviden de proteger la integridad del hombre creado por Dios. No busquen cosas extraordinarias, revoluciones, en interpretación de la palabra de Dios. Sino que defiendan la verdadera revelación divina.
