Queridos hijos e hijas, les habla su obispo, Mons. Juan de Dios Hernández.
El evangelio que acabamos de escuchar nos narra la curación de la suegra de Pedro. El texto reconoce el poder de Cristo al expulsar demonios y curar enfermos, pero también nos destaca la relación con el Padre, a través de la oración; por eso escuchamos que los discípulos le decían: «Todo el mundo te busca». Creo que estas palabras son muy ciertas, pues el hombre, en todo lo que hace, busca la verdadera felicidad.
Si nos detenemos un momento y observamos el actuar de cada persona, veremos ese profundo deseo de encontrar la felicidad. Pero lamentablemente la busca en lugares y cosas donde no está, y esto hace que vaya de un lugar a otro sin descanso.
La pregunta que me surge ahora es, ¿por qué si la gente lo buscaba, elige irse a otra parte? Creo que la gente sólo lo busca por lo que hace, no por quién es. Lo buscan por lo que Él les puede dar, no por ser el Hijo de Dios. Cuando busco a Jesús, ¿qué es los que busco? Es por eso que les pregunta a los discípulos de Juan cuando van detrás de él, ¿Qué buscáis? Él no quiere que lo busquemos sólo por lo que nos puede dar cuando lo necesitamos, y que cuando no lo necesitemos nos olvidemos de Él. Lo que busca es que nuestras intenciones se purifiquen. Quiere que nuestro amor por Él, sea un amor desinteresado. Nuestro deseo de amar a Dios, sólo será pleno en la medida en que lo busquemos desinteresadamente. Es decir, cuando busquemos que Él sea más amado.
La experiencia con la suegra de Pedro fue diferente: “Jesús se acercó, la tomó de la mano e hizo que se levantara”. Ese gesto de Jesús, de cercanía, de compasión, de levantar al caído y enfermo, es el gesto normal y típico del Señor. Y anima a sus discípulos a que estén siempre atentos a las necesidades de los demás, a levantar al caído, a sanar al enfermo, a animar al decaído y postrado. Y en los momentos de agobio y cansancio busca un espacio para la oración, para invocar a su Padre, para pedir fuerzas y voluntad para ayudar a todos.
Nosotros mismos, nuestro mundo, todas las personas, debemos saber tender la mano a todos, compartir con los demás nuestras cualidades y dones, nuestra inteligencia, nuestra bondad y amor. Ese es el camino de los cristianos, de los creyentes, de los seguidores de Jesús, de las personas de bien. Esa será la mejor aportación que con fe, alegría y aprecio podremos ofrecer a los demás, en el intento de hacer un mundo mejor para todos.
Debemos desechar para siempre, como Jesús, el odio, la violencia, el atropello de los débiles, el abuso del poder, la manipulación egoísta de los demás.
Te damos gracias, Señor, porque estas manos y brazos que nos has regalado en la vida son para trabajar, para abrazar, para compartir los bienes de la tierra, para levantar al caído, para brindar amor y fraternidad. Te damos gracias por los dones e inteligencia que nos regalas, para saber bendecir como Tú, para agradecer el don de la vida y el don de la fe, para elevarlas a Dios en oración y alabanza, para poder abrazar y acompañar, para curar y levantar, para partir el pan y compartirlo con los demás. ¡Gracias Señor!
Que María de la Caridad nos anime a anunciar constantemente a su Hijo.

Neidys GRACIAS!!!!!
EN COMUNION DE ORACIONES POR UCRANIA e ISRAEL GRACIAS Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Autor desconocido AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO
“Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).
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