Mensaje radial del P. Peter Warui, de la Diócesis de Ciego de Ávila, el I domingo de Cuaresma, 18 de febrero de 2024

Queridos hermanos y hermanas.

Hoy celebramos el primer domingo de Cuaresma. La Cuaresma es el tiempo del año litúrgico Cristiano Católico destinado a la preparación espiritual de la fiesta de la Pascua. Se trata de seis semanas de purificación e iluminación interna. Las actividades espirituales de la Cuaresma, es decir, la limosna, el ayuno, la oración y la penitencia, están destinadas a profundizar nuestra unión con Dios. También enriquecen nuestra vida espiritual a medida que nos volvemos más conscientes delas necesidades de nuestros queridos prójimos y nos esforzamos por amarlos y servirlos incondicionalmente y sin distinción.

En la lectura de hoy, vemos que Jesús pasó cuarenta días en el desierto orando y ayunando, sin comida ni agua para saciar su sed. Mientras estuvo en el desierto, se sometió a las altas temperaturas y a la aridez del desierto. Estaba pasando por un duro período de preparación; que culminaría en el Gólgota, el lugar de su crucifixión. Todo esto resulta en nuestra salvación. Allá, nuestro Señor tuvo tentaciones del diablo pero no cayó en ellas. Hoy, vale la pena reflexionar sobre nuestras propias tentaciones y «experiencias en el desierto». Primero vamos a reflexionar sobre las tentaciones podemos entender que, como Jesús las experimentó, nosotros también enfrentaremos las tentaciones. Tú y yo hemos rezado el Padre Nuestro innumerables veces. En ella siempre le pedimos a Dios que «no nos lleve a la tentación, sino que nos libre del mal». Bueno, obviamente hay varios niveles de tentación, algunos poderosos y severos, otros no tan poderosos y no tan graves (no cargados con mucha gravedad). Algunas tentaciones son de la carne. Algunas tentaciones son del espíritu. Algunos implican pasión… otros implican un cálculo en frío.

Segundo, reflexionando sobre la experiencia de Jesús en el desierto, entendemos que Jesús nos está enseñando que necesitamos salir de nuestra zona de confort e ir al desierto. ¿Qué es el desierto? ¿Qué significa ir al desierto? Como hemos visto en la lectura de hoy, Jesús fue al desierto a orar, ayunar y cuando el diablo lo tentó, Jesús lo venció; no cayó en las tentaciones. En el desierto Jesús fue a unirse con Dios y mostrar su entrega total a Él. Eso es el desierto; estar con Dios, un período en el que buscamos unirnos con Dios, a través de la oración, el ayuno y mucho más importante acercando su misericordia pidiendo perdón por nuestros pecados y prometiéndole no volver a pecar. Por lo tanto podemos decir que en este tiempo de cuaresma salimos al desierto buscando Dios. No encontramos Dios en nuestra zona de confort sino en la oración, en el prójimo especialmente el más necesitado y en la reconciliación con Dios a través el arrepentimiento y el perdón de Dios.

Evidentemente, la vida en el desierto no es fácil, igual que Jesús, el enemigo planea desalentar nuestra estadía en el desierto trayendo las tentaciones para que nos desesperemos y desobedezcamos a Dios. Para nosotros, las tentaciones que experimentamos en el desierto, es la resistencia a embarcarse en actividades espirituales. Nos resistimos a obedecer a Dios y cumplir sus mandamientos. Nos resistimos a humillarnos y arrepentirnos de nuestros pecados. Nos resistimos a compartir lo que tenemos aunque sea poco con las personas más necesitadas. Nos resistimos a orar sacrificando el tiempo para ir al templo a conversar con Dios. Cualquiera que sea la causa o el tipo de tentación, en cualquier nivel, siempre es un tiempo de prueba. Nuestra determinación, nuestro músculo espiritual, está siendo puesto a prueba. Y si nuestro carácter es espiritualmente débil y flácido, sin ningún poder muscular en absoluto, seremos un pusilánime para el diablo.

Permítanme entonces, aunque brevemente, mis hermanos y hermanas, recomendar dos caminos, iluminados por Jesús, sobre cómo superar las tentaciones. La primera manera es la oración. Es importante rezar siempre especialmente cuando seamos tentados. A través de la oración podemos llegar a Dios, que es nuestra fuerza y defensor en la batalla contra los alientos del diablo. La segunda manera es hablar o responder al diablo usando la palabra de Dios; la Biblia. Jesús respondió a los adornos del diablo con la palabra de Dios citando las sagradas escrituras. Por lo tanto, aprendamos a usar con frecuencia la palabra de Dios; versículos Bíblicos. Jesús por ejemplo rechazado las tentaciones del diablo, respondió «Ponte detrás de mí satanás. (Mateo 16:23)

Que el buen señor, queridos hermanos y hermanas siga protegiéndonos contra caer en tentaciones durante este tiempo de cuaresma y siempre. Amen

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