Mensaje radial del P. Sylwester Marek Wydra, SVD, Diócesis de Ciego de Ávila, el Domingo de Pascua de Resurrección, 31 de marzo de 2024

Queridas hermanas y queridos hermanos esta noche fue una noche maravillosa donde hemos celebrado la Pascua, los misterios más grandes de nuestra fe cristiana. Esta noche finaliza la celebración de la Semana Santa. La Semana Santa son los días más importantes para todos los cristianos. Empieza con el Domingo de Ramos, que es la entrada de Cristo en la ciudad de Jerusalén, luego el Jueves Santo, donde Jesús lavó los pies a sus discípulos enseñándoles sobre el mandamiento de amor a Dios y al prójimo que es el mandamiento más importante de todos. Luego tomó con sus discípulos la Última Cena fundando los sacramentos de Eucaristía y el sacerdocio. En el Viernes Santo ponemos la Cruz de Cristo en el centro. Por esta Cruz vino la salvación al mundo. Toda esta celebración del Triduo Pascual termina con la Vigilia Pascual.

La Pascua significa el paso de la esclavitud del pecado y de la muerte hasta la libertad definitiva de los hijos de Dios. Celebramos una nueva creación en Jesucristo. Los catecúmenos en esta noche reciben los sacramentos de la Iglesia. Esto es una gran alegría para toda la comunidad cristiana. Esta alegría jamás hubiera podido tener sentido sin la crucifixión de Cristo, su muerte y sepultura. Nosotros hacemos fiesta porque hemos sido amados en la cruz de Jesús que dio su vida por la salvación del mundo. Él fue sepultado y resucitó al tercer día según las Escrituras, como dice nuestro Credo. Este misterio es el centro de nuestra fe.

Esta mañana, muy temprano, vamos con María Magdalena a ver la tumba de Jesús. Muchos pensamientos y actitudes pasan por nuestras cabezas como pasaron por la cabeza y el corazón de María Magdalena. Prontitud, sensibilidad, dolor, amor, desesperanza… Lo que estamos viendo es la tumba vacía. Con este mensaje vamos hacia los discípulos y con Pedro y el discípulo amado estamos corriendo otra vez al sepulcro. La tumba está vacía. Todo tiene su orden, los lienzos puestos en el suelo y el sudario doblado aparte.

El evangelio de hoy nos cuenta de la experiencia de una vida nueva para María Magdalena, Pedro y el discípulo amado que entró vio y creyó. Estos son los primeros testigos de la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. María Magdalena, Pedro y el discípulo amado. Cada uno a su manera fue confrontado con la nueva realidad. Con una necesidad de encontrarle el sentido a su vida.

Los testigos de la resurrección del Señor somos ahora nosotros. Todos los cristianos del mundo que de nuevo estamos viviendo esta experiencia. La Iglesia, con la celebración de estos días, nos permite también a cada uno de nosotros entrar en la comunidad de los creyentes, ver la presencia de Cristo resucitado en cada uno de nosotros y creer en el mensaje de la vida. Por eso vale la pena levantarnos más temprano en este domingo, correr con María Magdalena y con los apóstoles a los sepulcros de nuestras vidas.

Hay bastantes momentos de desesperación que vivimos durante nuestra vida. Los pecados que nos están destruyendo y las relaciones entre nosotros y con nuestro Dios. Hay enfermedades, desastres, la muerte de nuestros seres queridos. Hacemos tumbas de nuestra pequeñez y egoísmo. Cristo con su resurrección nos abrió un camino nuevo y la perspectiva de la vida eterna. Despertando en el Domingo de la Resurrección podemos rellenar nuestros corazones con el mensaje de la vida.

Cristo nuestro Señor ¡HA RESUCITADO! Él no está muerto. Está vivo, nuestra vida tiene sentido, nuestra fe nos hace salir de la tumba. La resurrección de Jesús nos descubre, antes que nada, que Dios es alguien que pone vida donde los seres humanos ponemos muerte. Alguien que genera vida donde los seres humanos la destruimos.

Jesús resucitado es el símbolo de esta vida nueva que recibimos en el Bautismo y renovada en la celebración de la noche Santa de la Pascua. Corremos a su encuentro todos los días de nuestra vida.

Feliz Pascua a todos ustedes.

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