Buen domingo del Buen Pastor tengan todos los que participan en este programa.
Como hemos escuchado, hoy se celebra en la Iglesia Católica la 61a Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y el Papa ha enviado un mensaje centrado en esta invitación: “Llamados a sembrar la esperanza y construir la paz”. Me ha llamado la atención la manera con la que el Papa Francisco concluye este mensaje, motivando a que tengamos la valentía de involucrarnos, es decir, no quedarnos como espectadores en las gradas, sino bajando al terreno y metiéndonos en el fuego.
Escribe el Papa: “Levantémonos y pongámonos en camino como peregrinos de esperanza. Para que como hizo María con Santa Isabel, también nosotros llevemos anuncios de alegría, generemos vida y seamos artesanos de fraternidad y de paz”. Resalto tres aspectos. El primero es fijarnos en la actitud de María al recibir el anuncio del ángel. Es decir, ese es el ejemplo a imitar. Lo segundo es a realizar con prontitud dos acciones: levantarse y ponerse en camino, porque hay que involucrarse. Y tercero, comunicar un mensaje de alegría capaz generar vida nueva y así ser constructores de fraternidad y esperanza.
Es un programa a seguir que para nosotros tiene mucha actualidad. En muchas ocasiones uno encuentra pasivismo, achantamiento, uno oye decir: “déjalo para mañana o no cojas lucha”, pero siempre oí de niño: “lo que para luego se deja, para luego se queda” o “no dejes mañana lo que puedes hacer hoy”. Aquí radica el meollo de cuando uno se compromete con algo. Hay que meterle el cuerpo. Además se resalta la disposición a ser artesanos de eternidad y esperanza. Esta fue una de las invitaciones que hicimos monseñor Marcos y un servidor al concluir la misa crismal. Recuperar la confianza en el valor de la fraternidad, de la amistad social tan necesaria para soñar con una patria de hermanos.
Recuerdo un breve texto de la carta de San Pablo a los Efesios: “Fue Cristo quien constituyó a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas y a otros pastores y doctores”. Sí, hermanos, los obispos estamos llamados a ser pastores del rebaño al igual que los sacerdotes en sus comunidades. Y un pastor bueno se preocupa de ovejas, nunca las debe abandonar ni olvidar, siempre pendiente de ellas, especialmente de las más débiles y necesitadas, por eso Jesús dijo de sí: “Yo soy el buen pastor”. Él es el modelo a imitar. El pastor bueno, además de preocuparse por sus ovejas, está en disposición de dar la vida por ellas.
El amor de Jesús a la gente no tiene límites y ama a todos con amor de buen pastor que no huye ante el peligro sino que da su vida por salvar al rebaño, por eso tantas veces rezamos: “El señor es mi pastor, nada me falta. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo. Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida”.
Queridos hermanos, sintámonos ovejas de Jesús. Él cuida de ti y de mí. Y por eso nos dijo: “Vengan a mí cuando estén cansados y agobiados”. Y también cuando nos faltan las fuerzas o cuando nos sintamos confundidos o desorientados. Estamos llamados a tener una profunda experiencia del amor que Jesús tiene por cada uno de nosotros. Él no nos gobierna ni controla, sino que nos respeta. Somos nosotros los que en ocasiones no sabemos relacionarnos con Él, por eso como parte de este año que el Papa ha invitado que dediquemos a la oración, los obispos católicos de Cuba nos dirigimos nuevamente a Jesús, el Buen Pastor, para darle gracias y pedirle bendiga a nuestro pueblo.
Lo hacemos de manera especial a partir de hoy, cuarto domingo de Pascua, teniendo por delante el mes de mayo y la celebración de Pentecostés. Y para ello proponemos rezar una sencilla plegaria al concluir la celebración de la misa dominical y a su vez animar a todos los que profesamos la fe en Jesucristo a que nos unamos en una ferviente oración, ya que necesitamos su ayuda, consuelo y fortaleza, porque solos no podemos encontrar caminos de armonía y convivencia fraterna. Sí, hermanos, necesitamos del Espíritu Santo para que nos asista en nuestros buenos empeños, que permitan buscar soluciones sabias y verdaderas a los problemas que nos afligen como pueblo.
Concluyo mi mensaje reiterando la invitación a la oración personal y comunitaria, en familia, con los vecinos, en las casas de misión y, por supuesto, en nuestros templos y de manera especial ante el Santísimo Sacramento. Pidamos al Señor que haya jóvenes que al crecer en su experiencia de amistad con Jesús tengan la disposición de corresponder a la inquietud vocacional a la que los llama. Así lo motiva el Papa Francisco en el mensaje de esta Jornada cuando dice: “Nuestra vida se realiza y llega a su plenitud cuando descubrimos quiénes somos, cuáles son nuestras cualidades, en qué ámbitos podemos hacerla fructificar, qué camino podemos recorrer para convertirnos en signos e instrumentos de amor, de acogida, de belleza y de paz en los contextos donde cada uno vive”. ¡Buen ánimo! Recordemos que estamos llamados a sembrar esperanza y a construir la paz.
