“Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. Al sarmiento que no da fruto en mí, él lo arranca, y al que da fruto lo poda para que dé más fruto.” Juan 15, 1-2
Hermanos,
El domingo pasado teníamos la imagen del pastor, yo soy el buen pastor dice el Señor. Al final de ese capítulo décimo del evangelio de San Juan, Jesús decía, se presentaba como la piedra angular, es decir, que era la puerta, era el pastor que conduce a los rebaños, a las ovejas hacia el redil, y a la vez también era la puerta, ninguna oveja puede entrar a redil, si el pastor no le encamina por la puerta; pero Él se dice que es la puerta, es decir a través de Jesús y con Jesús, es que podemos entrar en el rebaño del Señor.
Habíamos dicho también en días anteriores que se presentaba como la piedra angular, mejor dicho, en esa misma lectura se presentaba como la piedra angular, y decíamos que la piedra angular era esa piedra que garantizaba que el arco en el cual se sostenía todo el edificio, permaneciera incólume, que no se cayera.
Y es verdad que la imagen de la del Buen Pastor es una imagen muy entrañable, alguien que te quiere, que te cuida, alguien que vela por ti porque te acompaña; es verdad que la puerta es algo que nos anuncia y nos dice, si no entramos por Jesucristo nunca podemos conocer verdaderamente el Reino y el sentido de la vida, de las cosas.
Habíamos oído a decir Yo soy el pan de vida que ha bajado del cielo, fíjense bien, que esto lo estoy repitiendo porque son imágenes que después a nosotros solos nos pueden evocar mucho, y que nos van a ayudar a encontrarnos con Dios, a tenerlo presente en nosotros, y esa imagen es muy buena. Alguien que se da a comer, que muere en la cruz por nosotros, que se da de comida y de bebida, yo tengo que estar en ustedes que tienen ustedes en mí. Hoy se nos dice permanezcan en mí, se nos dice hoy, pero yo voy a volver un momentico rapidito a la a la imagen de la piedra angular.
Porque todas las otras imágenes como hemos podido ver son esas imágenes que nos llevan hacia el Padre. Pero la piedra angular es una condición insoslayable, que al final nosotros veamos, ay, no confundimos de la piedra angular. Dice que si no tenemos a Jesús el edificio se cae, y se desbarata.
Antier yo fui por el Caney, y una parte del Caney que está en ruinas, de la antigua capilla de los indios que le llamaban, recordemos que el templo del Caney es del siglo XVII, y ahí había una imagen, hay pues la imagen está conservada, una imagen conservada de la Virgen de Guadalupe. El Caney fue una parroquia de indios. Se hicieron tres parroquias de indios en aquella época más o menos, es decir, que la mayor parte de los habitantes de la zona eran indígenas nuestros, de origen, no traídos de fuera.
Está descacarañada, eso tenemos que restaurarlo todo. Y al estar el repello quitado, entonces se veían los ladrillos y las piedras. Y veíamos que en las paredes los ladrillos y las piedras estaban horizontales, pero en la parte de arriba de la puerta en vez de los ladrillos estar así, estaban de arriba abajo. Y en el medio había un ladrillo de esos que sostenía, que aguantaba. La gente que estaba conmigo en el carro, yo les dije, ¿se acuerdan del evangelio del domingo, de la piedra angular? Mírenla ahí. Y es curioso. Es curioso y para la mayoría fue como descubrir algo que decimos en el Evangelio, y que no conocemos bien la importancia que tiene que tiene.
Sí, hermanos si esa que soporta el hoyo de la puerta arriba, y toda la estructura que sigue, no es una buena piedra angular que aguante, selle y aguante los dos lados, eso se derrumba. Cuando uno ve eso, uno entiende bien, entiende bien, lo que significa que Jesús es la piedra angular. Si mi fe en Él se desmorona, si mi confianza en Él no es suficiente, si lo aparto de mi vida, si no lo tengo en cuenta, si me olvido de Él, tantas cosas… Entonces puede ser que el edificio de mi persona, de mi ser cristiano, eso se resquebraje.
Bien hermanos, el texto de hoy nos alienta a permanecer en Él, permanezcan en mí, dice el texto. Y por último también otro ejemplo dice, yo soy la vid verdadera, yo soy la vid verdadera. El Sarmiento para que dé fruto, para que crezca, para que se agarre en las ramas, tiene que estar unido al tronco a la vid. Un sarmiento solo no puede dar frutos porque se seca.
Qué ejemplo más bonito da que Jesús. Que ese ejemplo nos recuerda a nosotros que, si nosotros nos apartamos de Jesús, no daremos fruto. Podremos ser muchas cosas. El sarmiento llega a crecer y a crecer en la medida que está pegado Jesús, pero a medida que lo cortan ya ese dejó de dar fruto y de crecer, dejó de todo.
Entonces, hermanos vamos a llevar nuestras ideas. Pero vamos de nuevo atrás y vamos a ver la primera lectura el de los Hechos de los Apóstoles. Yo les he dicho que la lectura de todos los domingos del tiempo de Pascua, durante los días los días de la semana, nos van descubriendo las cosas claves, que Jesús vamos a decir, así intentó decir y que los discípulos la conservaran; solamente estuvo con ellos 40 días después de resucitado y eso hizo que yo evocaran todo el pasado y todo lo que habían escuchado.
Y los discípulos tuvieron, y en eso también es bueno para nosotros que en Cuba diríamos ahora tenemos que inventar, pero los discípulos lo inventaban porque inventar es vamos a pensar a ver qué hacemos, cómo resolvemos. No, tenemos que descubrir lo que Jesús nos quiso decir mientras estuvo con nosotros en aquellos tres años. Sabiendo que ahora contaban con una fuerza del Espíritu Santo.
Y dije la palabra inventar, porque cualquiera diría ahí están inventando. No, el paso de predicar la Palabra de Dios, pasar de que solo se predicaba solo a los judíos, para empezar a predicar a todas las personas, para mucha gente eso fue un invento. Pero los discípulos se mantuvieron firmes, sabían que el Señor Jesús que había sanado a judíos y no judíos, y que predicaba para unos y para otros, y que atendió a la Samaritana. Ellos se dieron cuenta de que el evangelio era para todos, tuvieron que ir aprendiendo, aprendiendo, lo que a ellos no les pudo faltar es el desgajarse del tronco que es Jesús.
Y se dieron cuenta de que tenían que seguir, que la piedra angular, todo ellos lo fueron reflexionando de tal manera, que, en poco tiempo, ellos fueron escribiendo los Evangelios, y Pablo sus cartas, y Juan sus cartas, y Santiago, y Pedro sus cartas, y ya tenían todo ese conjunto de verdades, que son las mismas que nosotros queremos ahora. Ellos tuvieron que ponerse dócilmente ante la acción del Espíritu Santo, manteniendo una gran comunidad, para que nadie se fuera para otro lado, se desgajara del centro. Es una lástima que los cristianos estemos tan divididos, porque nos hemos apartado del centro, esa primera comunidad, esa iglesia apostólica, que se fue creando, ¿a partir de qué? De la experiencia, de la revelación de Jesús y del Espíritu Santo.
Aquí veremos a Pablo. Pablo fue perseguidor y Pablo recibió esa presencia fuerte del Espíritu en él que le decía, por qué me persigues Pablo. ¿Qué hizo Pablo, fundó una iglesia nueva Pablo, una nueva rama judía? No, lejos de eso, cosa que muchas veces es muy frecuente ahora. Lejos de eso, ¿qué fue lo que hizo Pablo? Se fue para allá para Damasco, porque allí él había oído que había una persona, que seguro él conocía, porque seguro que la estaba vigilando para denunciarla, y fue a verlo. Y allí humildemente aquel enemigo se convirtió en discípulo. Y él empezó a escuchar lo que significaba seguir a Jesús.
Fíjense bien, él no fue aquel que ah, descubrí a Jesús, y entonces se quería comer el mundo. No, dice que predicaba el evangelio humildemente y calladamente allí. Y fue Bernabé, que después fue su compañero, el que lo ayudó a él, Bernabé fue el que lo fue a buscar, porque ha habido hablar de Pablo, y fue el que lo trajo a Jerusalén. Y Bernabé tuvo que dar testimonio de Pablo, porque imagínense ustedes, una comunidad perseguida, desconfiaba de todo el mundo, eso nosotros sabemos que es así.
Y este por qué viene, y este por qué no viene, que tendrá, este no será tal cosa, eso pasaba con los primeros cristianos. Y Bernabé tuvo que decir, él era perseguidor, pero él así, así, así, así… Entonces nosotros vemos como Pablo, aquello que hacía tímidamente en Damasco, y Pablo se convierte en el apóstol de los gentiles, el apóstol de los gentiles.
¿Qué dice Pablo? Dos cosas que dice aquí, que lo vamos a leer, una cosa creer en Jesucristo, la certeza de que es la piedra angular, de que si nos apartamos de Él no hay nada, y como eso Pablo lo sabía, él no tenía problemas en su vida, él predicaba; y la otra ámense. Piense en eso ustedes van a saber que son discípulos del Señor Jesús. Creer en Jesús, en Dios, y en Jesús como el perfecto revelador del Padre, Hijo de Dios, que se hace hombre y muere en la cruz por nosotros y resucita, ésa era la certeza de Pablo y como él tenía esa certeza, pues entonces hermanos, él se lanzaba a ese camino.
Siempre con el respeto, voy al otro, el que sabe más que yo, tratando de ser, darse todo en todo, como decía él y como lo sabemos, entonces fíjense bien esa combinación de la primera comunidad cristiana, la certeza de que Jesús es el Hijo de Dios y que su palabra la palabra de vida, y también la certeza de que, si Jesús nos había amado, Dios nos ama, nosotros tenemos que amar a los demás y amar a Jesús.
Un amor profundo y conocimiento profundo, amor profundo a Dios y conocimiento de Él y también extendido a todos los hermanos, de tal manera que la primera comunidad que vivía eso tan intensamente, llegó a poner todas sus propiedades y bienes al servicio de todo el mundo, ya después la misma vida hizo que las cosas volvieran un poco a la normalidad, pero siempre con el criterio de que el centro de nuestra vida es Cristo el Señor y que nosotros tenemos que amar a Dios y amar a los hermanos. Si quitamos una de las dos cosas, las cosas fallan. Él es muy bueno, muy bueno, pero ¿él cree en Jesús, que es el Hijo de Dios que no has dado la vida, que nos salva? Es importante, porque eso es lo que le da el sentido a todo en nuestra vida. Ah, no, él cree mucho en Jesús, pero reniega de sus hermanos, cuidado.
Yo les voy a leer una estrofa de la segunda lectura que es de la primera carta de Juan. Dice así, para hacer un resumen. Su mandato es que creamos a su Hijo Jesucristo y que nos amemos los unos a los otros tal como él nos tiene ordenado. Hermanos, ahí se resume la ley entera, ama a Dios por sobre todas las cosas y trata a tus hermanos como tú quieres que a ti te traten. Su mandato, es que creamos en su Hijo Jesucristo y que nos amemos los unos de los otros como Él nos ha amado.
Y aquí viene la otra parte. El guarda sus mandatos permanece en Dios como la viña. Sabemos que permanecemos en Jesús en la viña, la que da la savia, la que tiene la savia, si nosotros cumplimos sus mandamientos. Y Dios, el que guarda sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él, y por el Espíritu que Dios nos ha dado sabemos que él permanece en nosotros. Qué tranquilidad hermanos ver que cuando queremos vivir unidos a Jesús, y queremos, tratamos a pesar de esta debilidad de cumplir su mandato, el Señor permanece en nosotros.
Que Dios nos ayude hermanos a buscar así, y lo vuelvo a repetir de nuevo, para que se nos quede, el pan de vida que ha bajado del cielo, el Buen Pastor, la puerta por la que tenemos que entrar, la piedra angular que sostiene el edificio, la viña y nosotros los sarmientos, esas imágenes que nos lleven a vivir, a desear y vivir eternamente unidos al Señor, con la promesa de que, si guardamos sus mandatos, el Señor Jesús permanece en nosotros y nosotros en Él.
Que Dios nos ayude hermanos a vivir a todos así.
