Queridos hijos e hijas, les habla su obispo, Mons. Juan de Dios Hernández Ruiz, su pastor y amigo.
Hoy escuchamos nuevamente al Evangelista San Juan, poniendo en boca de Jesús, la explicación de su identidad desde la vida diaria de la época. “Yo soy la vid verdadera y mi Padre el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto”
Un sarmiento fuera de la vid no es nada más que palos secos que se pudrirán y han de desaparecer consumidos por la intemperie. La comunidad de Juan expresa la experiencia de los seguidores de Jesús con un ejemplo potente y vital. Con sus raíces ancladas en la tierra, creada por Dios, cultivada y habitada por las personas, la Vid que es Cristo crece y despliega la diversidad de sus sarmientos con la posibilidad de producir mucho fruto siempre y cuando estén unidos a la vid.
La comunidad cristiana no es una mera institución, sino una participación en la vida misma de Jesús. Unido a Jesús, cada miembro de la comunidad está invitado a dar testimonio, promocionando la constante expansión y crecimiento de la comunidad. La lógica de la comunidad cristiana es que cuanto más da de sí más crece. Si una comunidad se aísla y retiene para sí la savia de la vida, si se desconecta de la vid, está destinada a secarse y morir. El fruto de la comunidad, unida a la vid que es Cristo, está destinada a producir el amor.
Si tuviéramos la oportunidad de hablar a todos los católicos de la tierra, creo que mi mensaje sería invitarlos a amar a Jesús, permanecer unidos a Él, porque sin Él no podemos hacer nada.
Cuando Cristo dice: «permanezcan en mí» está queriendo decir que lo amemos, es así como nos unimos a él, y es así como permanecemos en él. Es así como damos fruto. Un naranjo da frutos dando naranjas y un limón dando limones, pero un cristiano, ¿cómo da frutos? Pues, amando y haciendo que otros amen.
Dios nunca se deja ganar en generosidad. Tiene un defecto, no sabe medirse, cuando ama, se da totalmente. Y si su amor no tiene límites, que no lo tenga tampoco el nuestro. Para ilustrar esta generosidad el evangelio nos ayuda mucho, si lo amamos – permanecemos en él, es decir, vivimos el cielo por adelantado. – Damos fruto, porque si amamos, nos realizamos ya que para esto fuimos creados y para hacer que otros amen.
– Podemos pedir lo que queramos porque lo conseguiremos.
– Y además damos gloria a Dios porque su gloria es que nosotros demos mucho fruto y que permanezcamos en Cristo, que seamos sus discípulos.
Que tus palabras, Señor, permanezcan en nosotros, que nos nutran como la savia nutre a los racimos, que nos pode cuando nuestro racimo crezca demasiado y le quiten la savia a otros que lo necesitan, que sea la fuerza que impulse la dulzura y la salud de nuestros frutos. Que nos identifiquemos contigo, Señor, que permanezcamos unidos a ti y, en ti, unidos los unos a los otros, para que al mirar nuestra unidad seamos testigos de vida para todos los que se nos acerquen. Que permanezcamos en ti como comunidad de amor y que sigamos dando frutos para mayor gloria de Dios y vida para el mundo.
Que María de la Caridad nos acompañe siempre.

Neidys GRACIAS!!!!! FELIZ Y SANTO TIEMPO PASCUAL GRACIAS Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Autor desconocido AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO
“Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).
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