“Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda criatura” Marcos 16, 15
Mis hermanos,
Hoy la Iglesia está celebrando la solemnidad de la Ascensión del Señor a los cielos. A mí siempre me ha llamado la atención este tiempo, esta semana que la Iglesia marca entre la Ascensión del Señor a los cielos y la venida del Espíritu Santo en Pentecostés. Es un tiempo interesante. ¿En qué sentido? El Señor nos dice bueno, les conviene que yo me vaya, les conviene que yo me vaya para que venga el Espíritu Santo y de hecho nos convino tanto, que con la venida del Espíritu Santo sobre María y los apóstoles, nace la Iglesia.
La próxima semana estaremos celebrando Pentecostés, el cumpleaños de la Iglesia, el nacimiento de la Iglesia. Ahora y por qué me llama la atención esta semana, porque este tiempo, hoy Jesús sube a los cielos. La Ascensión del Señor, pero, ¿qué pasa en este tiempo? Yo me pregunto, bueno y ¿cuál es la referencia de los discípulos de Jesús en este tiempo? El Señor ascendido a los cielos todavía no ha venido el Espíritu Santo y ciertamente el Señor, nuestro Dios está completamente fuera del tiempo, pero nosotros sí estamos en el tiempo.
Un día hablando con un sacerdote me dice mira Rogelio este es el tiempo de María. María prepara el nacimiento de la Iglesia, la única referencia en este tiempo entre la Ascensión y Pentecostés es precisamente la Virgen María, que en Cuba veneramos como Madre de la Caridad del Cobre, y qué interesante es ver esta perspectiva Mariana en la iglesia, que María prepare el nacimiento de la Iglesia por eso yo creo que por estos días sería muy aconsejable volvernos a Ella. Volvernos a Ella a decirle Madre prepárame para volver a nacer, prepárame para renacer con la iglesia, para renacer en tu Hijo. Y qué bueno contar con la presencia de María en la vida de la Iglesia, en nuestra vida.
En la primera lectura, el libro de los Hechos de los Apóstoles nos narra un poquitico este momento de la de la Ascensión. Me produce mucha simpatía el momento final en que se quedan los discípulos mirando al cielo y entonces de repente se les presentan dos hombres vestidos de blanco, Ángeles pensamos, y que les dicen, Galileo que hacen ustedes mirando al cielo, y yo creo que acá un poquitico se nos invita a eso a no vivir una religión donde estemos así, simplemente en una actitud pasiva de mirar al cielo, de esperar un futuro. El Señor nos invita a hacer en esta tierra un pedazo de cielo, o sea, vivir en esta tierra como un anticipo del cielo.
En la carta del apóstol San Pablo a los Efesios, se nos habla de la esperanza y fíjense, si en Cuba necesitamos esperanza, en Cuba necesitamos mucha esperanza, pero ciertamente hay muchas esperanzas. La esperanza, puede volverse de muchas formas esperanza, es un cambio social, político, económico, familiar, hay muchas esperanzas ahora, sin embargo, Pablo nos habla de la esperanza. La esperanza no es lo mismo que el optimismo, no, no, no. Nuestra esperanza tiene un nombre, Jesucristo, y Jesucristo nos prometió que iba a estar con nosotros siempre. Y a veces nosotros actuamos incluso dentro de la Iglesia, como si nos olvidáramos esa promesa.
Jesucristo no dijo que nos iba a dejar un tiempo y que iba a volver, que estará en algunas condiciones, en algunos momentos. No, siempre es siempre y nosotros nos olvidamos de eso y eso nos agota, nos deprime, nos entristece, aún a pesar de las circunstancias que podamos estar viviendo tan dura, en nuestra tierra cubana, Jesucristo se hace presente y algo quiere sacar de bueno Jesucristo, nuestro Señor de la historia a raíz de todo lo que lo que estamos viviendo. Entonces, por eso es bueno creer en la promesa del Señor y ahí está nuestra esperanza no es cualquier esperanza, nuestra esperanza está en Jesucristo, cuyo amor no defrauda, ni ayer, ni hoy, ni nunca, creemos en Él.
Después también en el Evangelio hay un mandato, Jesucristo asciende a los cielos, pero quiere actuar a través de nosotros. Las manos de Jesucristo son las nuestras, los brazos los nuestros, los labios los nuestros. Jesucristo quiere salvar al mundo por medio de nosotros y por eso nos envía el Espíritu Santo en Pentecostés. Por eso Jesucristo se da cuenta, que la fuerza tuya y mía es limitada, claro que es limitada, o nosotros mismos no somos capaces de lograr prácticamente nada, pero con el Espíritu del Señor que Él nos envía, ahí sí, con el Espíritu del Señor podemos lograr lo increíble.
A veces en una visión un poco clericalista de la vida de la iglesia, restringimos muchas funciones y muchas cosas prácticamente a los sacerdotes, a veces a ñas religiosas. Sin embrago, tenemos que leer bien lo que dice el evangelio. Dice, “a los que crean le acompañarán estos signos”. En ningún momento Jesucristo dice que estos signos están restringidos a los apóstoles, o sólo a determinado grupo, no. Él dice a los que crean. La llave no es el ministerio, la llave es la fe.
Qué importante es la fe y qué importante que todos lo que integramos la Iglesia nos demos cuenta, que al alimentar y hacer crecer nuestra fe, podemos experimentar signos impresionantes en el mundo. Hay un mundo que evangelizar. Hay un mundo que penetrar con la fuerza del amor del testimonio del Evangelio. El laico nuestro de la parroquia esa persona sencilla, el trabajador, el universitario, también está llamado a manifestar el poder de Dios en cada lugar, en cada ambiente, en las periferias. La acción del sacerdote, de nosotros los sacerdotes es muy limitada, nosotros no podemos llegar a donde llega el laicado, las universidades, a los centros de trabajo, al campo, necesitamos de todos, esta iglesia es de todos y todos tienen que descubrir esta misión evangelizadora, este mandato de Jesucristo y sentirse fortalecido desde la fe.
¿Y cuál es nuestra fe? Jesucristo, la fe en Él, la fe en que no estoy solo, la fe que las circunstancias que estamos viviendo, por muy duras que sean en este país, nos invita a creer que nuestro Señor tiene poder, y tiene un momento, y tiene un día, y tiene una hora ahora, pero ahora para que llegue ese día, ese momento, esa hora, el Señor cuenta desde ya con nosotros. El Señor no nos quiere salvar sin nosotros, el Señor cuenta con nosotros.
Y por eso es importante experimentar primero un proceso de liberación interna por la fuerza del Espíritu, para después intentar liberar a los demás. Un esclavo no puede liberar a nadie y el proceso de liberación más difícil es el proceso de liberación interno de la persona, y es posible con la fuerza del Espíritu Santo. Los apóstoles, estaban llenos de miedo, estaban a puertas cerradas, estaban temerosos, no querían darle el frente al mundo. ¿Y qué hizo el Espíritu Santo de esos cobardes, qué hizo el Espíritu Santo de esos encerrados, de esos tibios que María estaba consolando, que María estaba como decir encaminando? El Espíritu Santo logró, que al final la mayoría de los apóstoles murieran mártires, murieran dando la vida y logrando lo que humanamente a veces es difícil lograr. Por eso que bueno que nos podamos repetir todos los días con el Espíritu del Señor todo lo puedo.
Queridos hermanos vamos esta semana con María, nuestra Madre, la Santísima Virgen de la Caridad del Cobre, vamos a prepararnos con ella para hacer dóciles a la llegada del Espíritu. Prepárate bien, recibe con alegría la fuerza del Espíritu que está por venir. Siéntete iglesia y junto con la Iglesia y en el nombre del Señor y con su fuerza, simplemente a lograr lo imposible. Que así sea.
