Mensaje de Monseñor Emilio Aranguren Echeverría, obispo de la Diócesis de Holguín, en el Domingo de la Ascensión del Señor (Aniversario 45 de erección de la Diócesis de Holguín)

Queridas madres que participan de este programa de la Iglesia Católica de la Diócesis de Holguín, reciban en este día una especial bendición de Dios que les fortalezca y anime en este momento que cada una de ustedes está viviendo. Permítanme, junto a la bendición de Dios, que me acerque a cada una y como hijo les dé un beso cargado de respeto, gratitud y merecido cariño. Qué bueno que todos los hijos lo puedan hacer con su madre y en caso de que ya haya terminado su peregrinar en esta tierra, entonces, levantemos la mirada hacia el cielo y enviémosle un beso de amor, ternura y admiración, acompañado de una sencilla oración a Dios que diga: “Gracias, Padre bueno, por quien me dio la vida y sintió dentro de ella vibrar mi corazón, antes que naciera a este mundo. Tan solo, Padre, gracias por ello. Así te lo quiero expresar con esta sencilla oración de gratitud. Mi beso a la eternidad y mi flor ante María, la Madre de tu Hijo y Madre nuestra. Amén”.

El pasado jueves 9, el Papa Francisco publicó la convocatoria a la celebración del Año Jubilar 2025, que se iniciará en la próxima Nochebuena en Roma y en cada catedral del mundo entero el domingo, 29 de diciembre, Solemnidad de la Sagrada Familia. Esta convocatoria se inicia con una expresión del apóstol San Pablo en la Carta a los Romanos: “La esperanza no defrauda”, ya que el Papa expresa que la esperanza constituye el mensaje central del Jubileo.

El miércoles, 15 de mayo, haremos memoria de San Isidro Labrador, patrono de los campesinos, también del poblado de Guabasiabo y de la diócesis hermana de la Argentina que desde hace 25 años nos brinda su apoyo misionero y, porque así lo quiso, ese mismo día, hace tres años, Monseñor Marcos Pirán recibió la ordenación episcopal en nuestra Santa Iglesia Catedral. Nuestra oración por él, unida a la felicitación, especialmente en esta Solemnidad de la Ascensión en la que estamos cumpliendo 45 años como Iglesia particular, tal como ya hemos escuchado.

Y con todas estas intenciones: Día de las Madres, anuncio del Jubileo, aniversario de nuestra Diócesis, fiestas patronales, lluvias caídas en nuestros campos, paciencia para sobrellevar las limitaciones de la vida diaria, disposición para hacer presente la luz pascual en medio de tantas tinieblas que cubren el mundo entero, nos preparamos a la gran Fiesta de Pentecostés, el próximo domingo.

Verdaderamente que Jesús fue un maestro. Él mismo lo aceptó y dijo: “Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien porque lo soy”, un maestro, que a lo largo de los tres años de su vida pública tuvo muchos discípulos y de entre ellos escogió a doce para en la vida diaria irlos preparando para la misión que les iba a encomendar. Esto es muy lindo y profundo. Jesús no organizó un centro o una institución para formar a sus discípulos. Se lo dijo con mucha claridad a aquellos que lo juzgaban: “Yo he enseñado abiertamente en la calle y en las plazas. Pregúntenle a la gente lo que les he dicho”. En el caminar de un pueblo al otro, al subir a la montaña para orar, al entrar en la casa de un enfermo, cuando conversaba con los enfermos en el camino, al acercarse a un pozo para pedir un poco de agua para beber, sentado en la barca después de haber tirado las redes a la mar, al entrar en el pórtico del templo, así, queridos hermanos y amigos, fue la manera que tuvo Jesús de anunciar la Buena Noticia del Evangelio; también en la sinagoga o cuando lo apresaron e interrogaron, incluso, camino del calvario y desde el púlpito de la cruz. Este modo de proceder es una gran enseñanza para nosotros hoy.

Es imprescindible salir al camino de la vida de nuestro pueblo para iluminar con las enseñanzas de la Palabra de Dios la vida de tantas personas que lo necesitan y lo esperan. Sí, es verdad que Jesús se sentó en la montaña para pronunciar el sermón de las bienaventuranzas. Y también desde la barca les habló a todos los que estaban en la orilla. Y mandó a sentar a la muchedumbre para compartir con ellos los peces y el pan. Pero Jesús no fundó una cátedra, ni una escuela, como sabemos que había en las grandes ciudades de aquella época.

Por eso hoy, en el texto que ha sido proclamado, escuchamos como Jesús les dice a los once en el momento de la despedida: “Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Noticia a toda la criatura”. Y ellos, por su parte, salieron a predicar en todos los lugares y el Señor actuaba con ellos.

Queridos hermanos y amigos, como bautizados que somos, renovemos nuestra disposición a ser discípulos misioneros en la vida diaria. Tanto en el mismo hogar, con los vecinos, en el trabajo, en la escuela, en la reunión, en el policlínico, en las visitas a los enfermos y a los familiares de los presos, en nuestros portales, en el punto de recogida y, por supuesto, en nuestras casas de misión, en nuestros templos y en nuestra hermosa Santa Iglesia Catedral. Holguín y Las Tunas están muy necesitadas de la alegría del Evangelio.

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