Queridos hermanos y hermanas:
Hay actitudes de otras personas que nos irritan. Una de estas cosas es la inmadurez. A veces nos extrañamos como esta u otra persona puede comportarse de una manera tan inmadura. Pero a veces estoy descubriendo, me estoy dando cuenta que esta inmadurez existe en mí mismo. Nos sentimos inmaduros.
Este sentimiento de inmadurez no nos gusta. Siempre hay lugares de mi vida que requieren el crecimiento. Toda nuestra vida es un crecimiento debido a diferentes experiencias y acontecimientos. Los encuentros cotidianos positivos y negativos nos ayudan a crecer. Tener una relación viva con Dios y con Jesucristo su único hijo y nuestro hermano que vino al mundo para abrirnos las puertas del Reino de Dios, nos ayuda en ese crecimiento social y personal. El Reino de Dios fue el mensaje principal de Jesús, su gran pasión, su vida y muerte. Sus parábolas son sencillos relatos que conectan con la vida de las gentes. Las palabras de Jesús hacían reflexionar y acababan cuestionando la vida de la gente, atraían y provocaban la curiosidad de los oyentes, despertaban y aún despiertan el crecimiento humano y espiritual de cada uno de nosotros.
En el Evangelio de hoy, escuchamos las parábolas por medio de las cuales Jesús nos dice que la acción de gracia de Dios nos hace madurar. Él nos enseña que entrar en el Reino de Dios y comprender su idea nos ayuda a crecer para dar frutos, ser útiles para otras personas y para el mundo. El hombre siembra su campo, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece. Esto es el misterioso crecimiento del Reino que anuncia Jesús. Él exige conversión y confianza en Dios que es quien provoca todo el crecimiento. Un signo de la madurez espiritual es una continua conversión y confianza en la Divina providencia.
En la primera parábola el Reino de Dios se compara con el crecimiento misterioso de la semilla que se lanza al terreno y después germina, crece y produce trigo, independientemente del cuidado que le demos. Lo que esta parábola nos enseña es esto: mediante la predicación y la acción de gracia de Jesús, el Reino de Dios es anunciado, irrumpe en el campo del mundo y, como la semilla, crece y se desarrolla por sí mismo. En la segunda parábola Jesús compara el Reino de Dios con un grano de mostaza. Esta es una semilla muy pequeña, y sin embargo se desarrolla tanto que se convierte luego en la más grande de todas las plantas del huerto… No nos es fácil entrar en esta lógica de la imprevisibilidad de Dios y aceptarla en nuestra vida. Pero Dios es siempre el “Dios de las sorpresas”, tanto en el plano personal como en el comunitario.
Nos hace bien pensar que Dios que nos ha creado sigue guiándonos hasta la plena madurez, hasta un crecimiento maravilloso en cada etapa de mi vida. Importante es siempre estar abierto a la divina gracia. Siempre dejar que las semillas de la Palabra de Dios, sus enseñanzas puedan caer en nuestros corazones. Escuchando la Palabra, celebrando y recibiendo los sacramentos de la Iglesia estoy madurando y creciendo en mi fe y en la humanidad. Con mi trabajo, ejemplo y palabas puedo igualmente ayudar al crecimiento de otras personas siempre sabiendo que es Dios mismo provocando misteriosamente el crecimiento de su Reino entre nosotros. Amen.
