Mensaje radial del P. José Rolando García, O.S.A, de la diócesis de Ciego de Ávila, el  XV domingo del Tiempo Ordinario, 14 de julio de 2024

Queridos hermanos, en domingos anteriores hemos seguido el itinerario de Jesús predicando por las ciudades de Galilea y enseñando a sus discípulos con sus discursos y acciones, a la vez que con muchas de las parábolas que les va explicando. Hoy asistimos a un nuevo capítulo en la formación de este grupo íntimo de amigos que van a colaborar en la transmisión de la Buena Nueva, y nos muestran también el camino a nosotros para participar de esta maravillosa obra del Señor. Jesús envía a sus apenas estrenados discípulos a afrontar una gran misión, llevar sus enseñanzas y sus signos a otros lugares.

Seguro que a más de uno esto les parecería demasiado. Una vez que libremente se han decidido a conocerlo y a seguirlo, ahora les manda, consecuencia lógica de la vocación que están siguiendo, anunciar a los demás lo que han visto y oído, y los manda siguiendo una serie de normas que ellos entendieron perfectamente. Si nosotros iniciamos una tarea, nos preparamos previamente y nos pertrechamos de todo lo que vayamos a poder necesitar, e incluso de muchas cosas que ni siquiera necesitaremos.

A veces nos preparamos tan a conciencia que se nos olvida para qué nos estábamos preparando. Pues Jesús es muy claro con sus discípulos. Llevad sólo lo imprescindible, ni alforja, ni dinero, ni túnica de repuesto. Porque las posesiones que cargamos nos atan y nos coartan los movimientos. O estamos pendientes de anunciar el mensaje y atender a los necesitados, o lo estamos de nuestras propias necesidades. Esta primera experiencia misionera preparó a los discípulos y, por extensión, a la iglesia en su conjunto.

El viaje ministerial debe realizarse desprendidos de todo, como cuando salieron los israelitas de Egipto, con sólo la ropa que llevaban puesta y un bastón, un callado símbolo de su función de pastoreo y único medio de defensa. El carecer de cualquier cosa les permitiría estar listos en cualquier momento, sin necesidad de preparativos ni necesidad de provisiones. Viajar así les obligaba a confiar en la providencia divina. En esa línea de austeridad es en la que lleva la confianza a conseguir encontrar a Dios. Los fue enviando de dos en dos, nos dice el texto evangélico. Debemos anunciar el mensaje enviados por la iglesia y como parte de ella.

El mensaje debemos hacer lo propio, pero no apropiarnos de él. No podemos olvidar que es el mensaje del mismo Jesús, lo mismo que a los doce hoy nos sigue enviando a nosotros, que también libremente lo hemos escogido y por lo tanto hemos aceptado realizar la misión que esa decisión lleva aparejada consigo. Ser cristiano es ser discípulo, es estar dispuesto a aceptar la labor que a cada uno nos encomienda el Señor.

Es asumir que en nuestra vida deben estar presentes las actitudes, el modo de ser de Jesús, porque él nos envía a hacer lo mismo que él hizo. Esa es nuestra máxima responsabilidad. Desde el momento que fuimos bautizados somos elegidos por el Señor para ser continuadores de su obra de amor en el mundo.

A todos nos envía. ¿Pero cuántos estamos dispuestos a serle fiel?

Deja un comentario