Mensaje radial del Diácono Rosendo Jesús García García, Diócesis de Ciego de Ávila, el XVI domingo del Tiempo Ordinario, 21 de julio de 2024

En este domingo, 16º del Tiempo Ordinario, se nos presenta Jesús como el Buen Pastor, que cuida y guía a sus ovejas. Mucha gente en aquel tiempo seguía a Jesús para oírlo y llenarse de paz y esperanza. Los apóstoles se reunían con Jesús para contarles todo lo que ellos enseñaban y lo que aprendido por él.

Tanto buscaban a Jesús que no les daba tiempo ni para comer, tanto a Él como a sus discípulos. Pero Jesús, de ver tanta gente descarriada, sin ánimo ni esperanza, se compareció de ellos porque andaban perdidos como ovejas sin pastor. Cuando oían a Jesús, se llenaban de esperanza y de paz.

Así nosotros, que hemos tenido la fortuna de haber recibido la fe y de saber que Cristo está en medio de nosotros, debemos de tener en nuestras vidas la certeza de no sentirnos abandonados y vivir con la esperanza de alcanzar la vida eterna. No debemos guardar esas enseñanzas aprendidas por Jesús solo para nosotros, sino como los apóstoles hicieron, hacerle llegar a tanta gente que las necesita. Solo con Cristo seremos más hermanos, más humanos y nuestra vida tendrá otro sentido.

Aprendiendo que la cruz de la vida se hace menos pesada, no dejemos de buscar el tiempo para encontrarnos con Jesús, nuestro buen pastor, que fue capaz de dar su vida por nosotros, que es piadoso y clemente. Él da a sus fieles la salvación de todos. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.

Nosotros necesitamos conocerlo más, orar más y recibir los sacramentos, en especial la Eucaristía y los mandamientos que Él nos enseña, que desbordan sabiduría. Él nos da como el camino para buscar la felicidad y el sentido de nuestras vidas, tanto en esta como en la eternidad, guardándolos y poniéndolos en práctica para que seamos felices y de multiplicar esas enseñanzas. Así tendrá tu vida otro sentido.

Guiado por nuestro Señor, el Dios de tus padres, Jesús también nos pregunta a cada uno, ¿qué quieren que haga por ti? Digámosle que nos lleve de la desesperanza a la esperanza y nos cure la ceguera espiritual. Busquemos al Señor y seremos fuertes, seamos humildes y sirvamos a Jesús en los más necesitados, en los más pequeños, siguiendo a Jesús en un camino seguro que nos lleva a la felicidad eterna de los cielos. Dios no nos manda hacer cosas imposibles.

Para lograr lo que Él nos pide, necesitamos orar y recibir los sacramentos. No olvidemos que sin la gracia de Dios no podemos hacer nada y menos dar buenos frutos. Ser buenos seguidores de las enseñanzas de Jesús nos hará más humanos y sencillos. Al actuar siguiéndolo, veremos que los frutos de esas enseñanzas se multiplican en nosotros, haciéndonos mejores personas y mejores constructores de la edificación del reino de los cielos. Hagamos de esta vida terrenal una vida cargada de esperanza con la certeza de que Jesús no nos abandonará nunca. Repito, ¡haz la prueba y verás qué bueno es el Señor!

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