Mensaje radial de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Río, el domingo 4 de agosto de 2024, XVIII del Tiempo Ordinario

Queridos hijos e hijas, soy Mons. Juan de Dios Hernández Ruiz, su obispo y amigo.

En este domingo Jesús viene a ser nuestro compañero, –el que comparte el pan. Mucha gente seguía a Jesús, no porque vieran en Él al Mesías, al hijo del Dios vivo, sino por haber comido gratis sin darse cuenta del signo que había detrás.

Nuestro recorrido por la vida es un continuo camino, como el pueblo de Israel por el desierto después de haber salido de la esclavitud. Dios nos acompaña, nos alimenta con el pan vivo que ha bajado del cielo que es la Eucaristía como nuevo y verdadero maná; pero nosotros, como los israelitas, nos acostumbramos a este alimento y nos empezamos a quejar por el calor abrasador de nuestros problemas, nos quejamos de los guías que Dios ha elegido y nos encerramos tanto en nuestra propia vida que perdemos la perspectiva de la compañía real y cercana de Dios. En definitiva, es más fácil decir Dios no existe, ¿de qué me sirve a mí un Dios lejano? Cuando esto sucede empezamos a buscar otros alimentos podridos, otros falsos dioses creados a nuestra imagen y semejanza que, llenando el vientre con la banalidad de las alegrías pasajeras, nos dejan más vacíos en nuestro interior, en nuestro ser verdadero.

¿Qué tipo de pan queremos comer este día? Si elegimos el pan vivo que ha bajado del cielo, nuestra alegría será completa y nuestras fuerzas se renovarán para hacerle frente a esta semana.


Las lecturas de este domingo nos invitan a colocarnos en perspectiva de Éxodo (Juan cita el episodio narrado en la primera lectura). En ambos casos, la gente tiene hambre y el Señor les envía un “pan del cielo” para que se sacien. Pero lo que realmente está en juego detrás de estos signos es la fe. Y de lo que se trata es de reconocer a Cristo como el Pan de Vida del que debe alimentarse todo el mundo.

Todo el que vea al Hijo de Dios y crea en Él, es decir, quien lo reconoce y acoge mediante la fe, tendrá la vida eterna y resucitará en el último día. La fe es un don de Dios que nos dispone para asentir a las verdades reveladas por Dios. No es algo que se logre por un mero esfuerzo humano.

Pero es necesaria nuestra colaboración con Dios. Dios ha querido sentir necesidad de nosotros.
Nada hemos de valorar tanto como este regalo de la fe. Por defender la fe, se da incluso la vida, como tantas veces ha ocurrido a lo largo de los siglos.

Pero no nos sintamos solos. Cristo nos espera con los brazos abiertos, porque quien camina hacia Él por la fe, nunca será rechazado.

Como la gente que en el pasaje del evangelio sigue a Jesús, nosotros estamos invitados a entrar en diálogo con él, a plantearle nuestras dudas, a dejar que caigan  nuestras falsas imágenes y esperanzas con respecto a Dios. Él nos pedirá que tengamos fe en él, que nos dejemos llevar por esa confianza que nunca defrauda y que nos comprometamos para que este pan de la palabra y de la vida llegue a más personas.

Gracias Señor, porque tu Palabra es aliento para tanta gente que carece de esperanza. Gracias porque eres Pan que alimenta a los que se sienten hambrientos y sedientos en el desierto de la vida. Que quienes te hemos conocido no permanezcamos indiferentes a todas esas necesidades humanas.

Que María de la Caridad nos acompañe siempre.

Un comentario sobre “Mensaje radial de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Río, el domingo 4 de agosto de 2024, XVIII del Tiempo Ordinario

  1. Neidys GRACIAS!!!!! Gracias por las oraciones AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Inscripción en la tumba de San Ignacio. “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).


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