“Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo también daré por la vida del mundo es mi carne” Juan 6, 51
Hoy vemos al profeta Elías, del Antiguo Testamento, un poco cansado, un poco agobiado, parece que en su misión profética le tocaron circunstancias de vida muy difíciles, y entonces así lo manifestaba. Así lo decía en su oración, Señor basta, quítame la vida no quiero seguir viviendo. El profeta ya estaba renegando de la vida que Dios nos da, y en medio de todo eso, Dios se presenta como nuestro descanso en medio del agobio, Dios se presenta como fuente de alimento, Dios se presenta como fuente de vida en medio de las circunstancias difíciles que podamos estar viviendo.
Por eso después en el Evangelio el Evangelio de San Juan, Jesús insiste que Él es el alimento, Él mismo es el Pan de Vida. Por eso cuando nosotros acudimos a la misa y recibimos a Jesús, en su cuerpo en su sangre, nosotros tenemos que convencernos, que Jesús viene a alimentarnos, viene a fortalecernos, no es lo mismo recibir el Cuerpo de Cristo que no recibirlo, no es lo mismo.
En medio de los problemas que vivimos y en Cuba vivimos muchos problemas, y muchas circunstancias límites, nosotros tenemos que encontrar el lugar, tenemos que encontrar a la Persona que viene a darnos vida, que viene a entregarse, que viene a alimentarnos. Nosotros tenemos que centrar nuestra mirada en la persona de Jesucristo.
Y qué bueno, entonces que nosotros en medio de nuestra debilidad, y qué bueno que nos reconozcamos débiles, y qué bueno que sintamos muchas veces que nosotros solos ya no podemos más porque tenemos límites. Nos cansamos, nos agobiamos, qué bueno que en medio de ese agobio y de esas circunstancias límite, nosotros pongamos en primer lugar en nuestra vida a Jesucristo. Porque de repente mi debilidad, en medio de mi debilidad, Jesús construye, Jesús construye mi debilidad. No es malo descubrirse débil, no es malo descubrirse limitado, o sea, lo malo es descubrirse limitado y no acceder a la fuente de vida, no pegarse más a Jesucristo.
Hay muchas personas que hoy, en nuestra Cuba actual, en la vida esta diaria tan difícil, las vemos por las calles de caídas, tristes, cabizbajas, estropeadas, desilusionadas, frustradas, y esto parte el corazón, porque vemos mucha gente así, mucha gente así. Y uno dice, bueno en medio de tanta impotencia, porque uno experimenta la impotencia ante la realidad en que se viven, ¿qué se puede hacer? Yo persona de fe, persona que me reconozco como religiosa, ¿qué puedo hacer? ¿Estoy destinado a vivir enterrado en vida, en medio de las circunstancias que me han tocado vivir? ¿Estoy destinado a vivir a rastras en el momento de la vida, de la historia de mi país? ¿Ese es mi destino, eso es lo que me queda a mí? Y Jesús dice, no, Yo vengo a traer vida. Y fíjense como Jesucristo desde la cruz genera la vida.
Entonces tenemos esta carta de del apóstol Pablo a los Efesios, maravillosa, que advierte a la comunidad cristiana que hay que reaccionar. Que esa amargura, esa frustración esa tristeza no, no puede llevar a vivir en medio de los disgustos, los arrebatos, los enojos, los gritos, las ofensas, porque si no el mundo nos come y el mal habrá ganado, y el mal no puede ganar. Por el contrario, el apóstol nos invita a un camino distinto, nos invita al perdón, a la reconciliación, a amarnos, a entendernos, porque si no, ¿en qué se convierte la vida?
Y esta es la vida que Dios me dio y yo tengo que aprovecharla, yo tengo que vivirla, toca alegrarme, tengo que levantarme. Ay padre y en medio de las circunstancias que vimos… sí. Ay padre, pero es que usted no sabe a qué límites podemos llegar del sufrimiento, de dolor, de desesperación, es mucho el dolor, mucho el dolor de los cubanos, pero más grande y más fuerte es Jesucristo. Porque el mal no tiene la última palabra, y de eso estamos convencidos las personas de fe, el mal nunca va a tener la última palabra. El bien a veces podrá demorar, porque también cuenta con las reacciones nuestras. El bien siempre puede más.
Y, ¿cuál es el objetivo de Dios? Bueno lo que nos dice el apóstol Pablo, que seamos felices, que haya felicidad, paz y armonía en tu casa, en tu corazón, en tu escuela, en tu barrio, en tu familia. Ah, pero es un pie, eso empieza en uno mismo. No se construye la paz, el amor y la felicidad de afuera hacia adentro, se construye de adentro hacia afuera, por medio de ese Espíritu Santo que quiere habitar en nosotros y que es Espíritu de amor.
Me da mucha alegría que hoy en la Santa Misa acá estén presentes de modo especial nuestros adolescentes del poblado del Cobre. Nosotros como iglesia apostamos por los jóvenes, claro que sí, claro que tenemos que apostar por los jóvenes y tenemos que pedir por la juventud. Y tenemos que pedir que el Espíritu Santo ensanche nuestro corazón, y sonreír, y decir yo puedo amar porque Dios me ama aún en medio de las circunstancias que vivo.
Vamos a pedirle a la Santísima Virgen de la Caridad del Cobre, nuestra Madre, la Madre de todos los cubanos, que continúe intercediendo por este pueblo que busca paz, que quiere ser feliz. Por este pueblo que necesita luz, armonía reconciliación perdón y que todo eso nazca, en el que puedan hacer en el corazón de cada uno de nosotros, para construir tantas cosas que hacen falta, que se necesitan construir, que no es, ni más ni menos, que el reino de Dios. Que así sea.
