Queridos oyentes: La Virgen María fue una mujer de nuestra raza. María no fue un ser superior venido de otro planeta ni una criatura sobrenatural bajada del cielo. La Biblia nos presenta a María con todas las características de su feminidad y de su maternidad en unas circunstancias históricas concretas, a veces marcadas por el dolor, a veces por el gozo.
El evangelio que acabamos de escuchar, nos presenta el encuentro de dos mujeres, María e Isabel, pero la atención se concentra en los hijos que una y otra llevan en su seno.
María aparece yendo apresuradamente a encontrarse con su prima Isabel, una anciana embarazada. El evangelio que hoy escuchamos nos dice que María caminó “aprisa” los 150 kilómetros que la separaban de Isabel. Reflexionando sobre este hecho, ¿cómo no pensar en lo “aprisa” que vino María a esta tierra cubana? Es la prisa del amor la que conduce a María. Su intención es servir y compartir con todos la alegría de su hijo Jesús.
Isabel, al recibir el saludo de María, ensalza a María con unas expresiones increíbles.
Le dice: “Bendita tú entre todas las mujeres”, un superlativo que quiere decir: eres una gran mujer, una supermujer. También le dice: “Bendito el fruto de tu vientre”, que se refiere al hijo que debía dar a luz. La reconoce como “Madre de mi Señor”, del Señor Jesús: es una confesión de fe de Isabel y de los primeros cristianos. Y el saludo de Isabel termina con “Dichosa tú que has creído”: la grandeza de María radica en su fe y su confianza en Dios. Si nosotros confiamos en su Palabra, como María, Él también hará en nosotros cosas grandes.
Ante estas palabras de Isabel, María responde con un canto de alabanza: “Proclama mi alma la grandeza del Señor”. Ella hace la opción de la alabanza. Ella toma conciencia de que el eje de su vida está en Dios. La alabanza le ayuda a centrar su vida en Dios. Nosotros estamos llamados también a centrar nuestra vida en Dios y a vivir en la alabanza.
Y María continúa diciendo: “Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humildad de su sierva”. María se alegra porque se siente mirada, amada por Dios y percibe la mirada de misericordia que Dios tiene sobre todo ser humano. ¡Si todos los hombres se dejaran mirar y amar por Dios! Allí está la razón de nuestra alegría: saber que Dios nos ama. De esta experiencia de sentirse mirada, amada por Dios, brota la alabanza en María.
El 15 de agosto, como dije anteriormente, la Iglesia celebrará la glorificación en cuerpo y alma a los cielos de la Virgen María. La fiesta de la Asunción será un día de alegría. Dios ha vencido. El amor ha vencido. Ha vencido la vida. Se ha puesto de manifiesto que el amor es más fuerte que la muerte. Según la enseñanza de la Iglesia, María entró en la gloria en cuerpo y alma, como enseñándonos que en Dios también hay lugar para el cuerpo. Esta fiesta de hoy nos recuerda que en el cielo tenemos una Madre. La Madre de Dios, la Madre del Hijo de Dios, es nuestra madre.
María fue elevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo, y con Dios es reina del cielo y de la tierra. ¿Quiere esto decir que se ha alejado de nosotros? Al contrario. Precisamente al estar con Dios y en Dios, está muy cerca de cada uno de nosotros. Cuando estaba en la tierra sólo podía estar cerca de algunas personas. Al estar en Dios, que está cerca de nosotros, más aún, que está “dentro” de nosotros, María participa de esa cercanía de Dios. María está cerca de cada uno de nosotros, conoce nuestro corazón, puede escuchar nuestras oraciones, puede ayudarnos con su bondad materna.
Santa Teresita del Niño Jesús escribió: “Siento que mi misión está a punto de empezar… Quiero pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra”. Con estas palabras ella descubrió, e hizo suya, sin saberlo, la vocación de María. La Virgen María de la Asunción pasa su cielo haciendo el bien en la tierra, y nosotros somos testigos de ello. Ella está tan cerca de Dios, que conviene que acudamos a ella en nuestras necesidades.
Ojalá que todo cristiano, a ejemplo del discípulo Juan, acoja a María en su casa y le deje espacio en su vida diaria, reconociendo su misión providencial en el camino de la salvación. Ella nos lleva a Jesús. “A Jesús por María” repetimos muchas veces cuando nos visitó la imagen peregrina de la Virgen de la Caridad. Que el siguiente canto nos haga crecer en nuestro amor a la Virgen de la Caridad.

Neidys GRACIAS!!!!!! Gracias por las oraciones AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO
Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Inscripción en la tumba de San Ignacio. “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).
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