“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, y el que coma de este pan vivirá para siempre”
Hermanos, esta es una de las claves de la vida cristiana. Jesucristo es Dios hecho hombre y Dios no ha bajado a nuestro mundo sino para darnos vida. Y la vida que Él da no es para un momento o un tramo del camino, sino es vida para siempre. Y si encontramos esa vida en la Eucaristía, no es porque sea una poción mágica o un alimento hecho con una receta especial, sino porque es Cristo. Y Cristo nos invita a participar de su vida.
Nos los comunica cuando comulgamos. Uno de los nombres con que la tradición de la Eucaristía, en latín, es Panis Viatorum, es decir, el pan de lo que está en el camino. Es el alimento del alma, su combustible. A los cristianos nos pasa como Elías. Elías estaba cruzando el desierto, huyendo, y cuando ya muy cansado y agotado, ya deseaba morir, un ángel se le mostró, se le apareció y le mostró pan y agua y le dijo, levántate, come, que el camino es superior a tu fuerza. Elías se levantó, comió y bebió, y con la fuerza de aquel alimento, caminó hasta llegar al monte de Dios.
Igualmente nosotros encontramos la fuerza de la vida en la Eucaristía, el pan de los ángeles o el Panis Viatorum. Él desde la Eucaristía nos alienta y nos renueva interiormente en este camino hacia la eternidad. Puede que nos cueste reconocer que en la Eucaristía Jesús sea el pan y el pan sea Jesús. Es el momento en que nuestra pequeña mente se abre al Misterio de Dios, que siempre está más allá de lo que podemos pensar y entender. Pero dejémonos guiar por el hambre que tenemos de conocer el verdadero sentido de la vida, el hambre que tenemos de vida eterna, el hambre que tenemos de amor verdadero infinito, el hambre de palabra de Dios. Porque sin duda, a través de esa hambre de Dios nos está conduciendo a Él.
No podemos menos que rezar a la Virgen María para que nos guíe al encuentro con Jesús, vivo bajado del cielo, y que nuestra amistad con Él sea cada vez más fuerte e intensa. Hermanos, nos preparamos para recibir la bendición. Que el Señor esté con ustedes y la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes.
Amén.
