“Jesús les dijo, yo les aseguro, si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no podrán tener vida en ustedes, el que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré el último día”. Juan 6, 53-54
Mis hermanos,
Hoy la Palabra de Dios tiene una sintonía con el domingo pasado, se insiste en presentar a Jesucristo como el alimento, el Pan Vivo que nos fortalece, que nos da vida eterna, que nos hace ir adelante. Vemos en el Evangelio como, a los maestros de la ley y a los fariseos, les costaba trabajo entender este modo digamos, maravilloso, que Jesucristo pensó para quedarse en medio de nosotros.
A veces es muy importante en la vida la sencillez, por eso en el libro de los Proverbios se nos presenta una invitación a los sencillos de acceder a la sabiduría. No es la sabiduría la que salva el mundo, es el amor el que salva al mundo, y por eso la escritura insiste en ver la sabiduría como una desde una expresión del amor.
¿Quién es en la persona verdaderamente sabia? La que ama, la que experimenta el amor, entonces por eso hay una mención a lo sencillo; de hecho, en el peregrinar de Jesús en esta tierra, constantemente invitaba de modo preferencial a lo sencillo, no sé qué nos pasa a nosotros los seres humanos que somos especialistas en complicarnos la vida. Como diríamos en buen cubano, nosotros acá buscamos siempre las cuatro patas al gato, o sea, nosotros a veces tenemos el arte, a todos los niveles, de complicar lo que puede ser muy sencillo.
Quizás ahí sobreviene nosotros una especie de soberbia que nos impide ver desde el amor, desde la sencillez, claves importantes para nuestra vida. Entonces por eso, cuando Jesús se presenta en clave de dar la vida, la gente no entendía. Porque cuando Jesús dice que Él se da como alimento, o sea, está hablando de que da su vida, se da lo que es Él por nosotros, para nosotros, para estar en nosotros. Y qué pena cuando uno está tan lleno de uno mismo, de sus ideas, de sus conceptos, que uno no tiene la claridad para ver lo evidente, Jesús se está ofreciendo.
En ninguna de las otras religiones del mundo se presenta un Dios que se hace hombre y que se ofrece. Es exclusivo de cristianismo. Entonces, Jesucristo hace una invitación reiterada, porque es un evangelio con una característica reiterativa. Cada vez que en el Evangelio Jesús nos dice, enfatiza, dice “en verdad les digo”, esperamos algo muy importante, y Jesús presenta como clave el darse, el recibirle en el alimento más maravilloso que puede existir que es Él mismo.
Hoy en día, nosotros sufrimos muchas crisis, de soledad, hay soledad, hay soledad en Cuba, hay soledad en muchos países, hay soledad muchas partes. Cuando vemos a las Misioneras de la Caridad que van en auxilio de los más necesitados, siempre, siempre, vemos como una de las claves de prioridad, sobre todo el que está solo, al que se siente solo, que es una pobreza grande, porque no hay nada más desgarrante en la vida que sentirse solo.
Entonces Jesucristo nos insiste en que Él se hace presente. Jesucristo no es una idea, no es algo, no es una metáfora. no es una historia, es Alguien, y Alguien presente. No es una historia, no es un pasado, no es una crónica, es alguien que está presente en medio de nosotros y que se sigue dando. Y nosotros tenemos la oportunidad de disfrutar, de aprovechar esa presencia, no estoy solo, no sufro solo. No, no estoy abandonado, hay una presencia, la presencia de Jesucristo. Y por eso la insistencia en las Escrituras.
Y qué bueno que nosotros demos ese salto, porque cuando uno deja de sentirse solo, empieza a dar pasos importantes en la vida, uno se empieza a llenar de valor, uno empieza a hacer cosas pendientes que tenía que hacer y que no ha hecho. Porque cuando uno se siente solo, el dolor y la tristeza te va acaparando hace poco. Escuchaba a alguien que decía cuando uno está sumergido en el dolor uno deja de ser muchas veces esa persona que en verdad yo soy el dolor transforma la persona el dolor destruye a la persona, comenzando por el dolor de la soledad. Entonces, por eso nosotros tenemos que visualizar el rostro de Jesús, visualizar la presencia de Jesús, a ese Jesús sufriente conmigo ese Jesús que hoy en la Cuba de hoy sufre todo lo que sufrimos los cubanos.
Él está ahí y se da, lo que nosotros tenemos que venir al encuentro de Él. Pero muchas veces, la mayoría de las veces, nosotros insistimos en sufrir solos. Y por eso no logramos esa felicidad que Jesús viene a traer.
Vamos a pedirle al Señor que nosotros tengamos la docilidad, la sabiduría, de acercarnos a su presencia, de identificarle, de recibirle, de llenarnos de Él, para que de verdad pueda ser ese alimento, esa presencia necesaria en nuestras vidas, mucho más en tiempos tan difíciles.
Que la Santísima Virgen, Nuestra Madre de la Caridad, Madre del Amor, Madre de todos los cubanos, nos siga indicando dónde está el alimento, dónde está la fuerza, dónde está el poder, dónde está el amor, y que Jesucristo nos inunde con su presencia. Y así podamos darle visibilidad a un Dios que está, que nunca ha dejado de estar, y nunca va a dejar de estar en medio de nosotros.
Que así sea.
