“Señor ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna”. Juan 6, 68
Compartimos un poco sobre la Palabra de Dios de este domingo. Cuando proclamamos las lecturas del Antiguo Testamento en las misas y nos damos la oportunidad de prestar atención, y de seguir lo que lo que nos narran, vemos la historia del pueblo de Israel como tiempos de aciertos, tiempos de desacierto, tiempos de luces, de sombras, de fidelidad, de traición. Así somos los seres humanos, vamos por la vida aprendiendo, cayendo nos levantándonos.
Y hay algo que es muy importante, que la lectura del libro de Josué nos insiste, en cada momento de fortaleza o de flaqueza, estar consciente de a quién uno ha elegido servir, y qué representa esa persona a la cual uno ha decidido seguir. Por eso, en el libro de Josué se nos invita a tener claro, quiénes somos nosotros y quién es ese Dios que voluntaria y libremente uno ha decidido seguir.
Cuando uno tiene claro, cuando uno tiene clara la meta, el lugar hacia un hacia donde uno se dirige, todo es más sencillo; porque pueden venir caídas, tiempos de turbulencia, pero yo tengo claro hacia dónde yo quiero ir, y esto es muy importante, porque es la garantía de poder levantarnos cuando nos caemos y de saber cuál es la ruta.
Evidentemente en la persona religiosa, como dice el salmo, la persona que ha hecho una experiencia de Dios, una experiencia de Jesucristo, está el deseo de en cualquier momento, bueno o malo, seguir gustando, buscando al Señor. Por eso dice el salmo gustan y vean, gusten y vean qué bueno es el Señor. El Señor es bueno y es siempre bueno por encima de todas las circunstancias, y siempre está, y qué bien que nosotros nos lancemos, una y otra vez, a gustar de ese Dios que nosotros hemos decidido seguir.
En la carta de del apóstol San Pablo a los Efesios, se nos insiste también en la referencia. Fíjense que en la Sagradas Escrituras constantemente se nos está hablando de una referencia, en Pablo se nos presenta al padre de familia como una referencia, y a la vez indica cómo ese padre de familia, y la Iglesia tiene como referencia a Cristo. Es importante, como les decía, saber dónde está mi referencia.
En nuestra historia personal y digamos también en las historias nacionales de los países, nos perdemos porque a veces perdemos cuál es la referencia, quién es la referencia. La referencia de mi vida no puede ser cualquier persona, por mucho que cautive y tenga dones especiales. La referencia de nuestra vida, siempre y en todo momento, tiene que ser Dios; y todos los demás, en tanto y en cuanto me encaminen hacia Dios. Mi referencia no puede ser cualquier persona, por muy deslumbrante que sea, y por eso a veces nos perdemos, porque perdemos la referencia.
En el Evangelio Jesús sube la parada, y es importante estar claro que no son pocas las veces en que nuestro Dios, como decimos en buen cubano, nos sube la parada, nos invita a ir por más, a crecer, a superarnos cada día. De hecho, cualquier persona que de verdad nos quiera en la vida, no va a venir hacia nosotros con una palabra propiamente complaciente, o como diríamos nosotros tiradora de toallas, la persona que de verdad nos quiere, en cualquier circunstancia, no nos va a venir a coger lástima, como a veces nosotros queremos que nos tomen lástima, no. La persona que de verdad nos quiere y quiere lo mejor para nosotros, a nivel personal, familiar, nacional, siempre nos va a invitar a esforzarnos, a tomar la vida en las manos con valentía, y a crecer y a ir por más. Y eso es lo que hace Jesucristo con sus discípulos, lo que quiere hacer con nosotros y por eso los discípulos se sienten desconcertados.
El cristianismo, el seguimiento de Cristo no es fácil, no lo es. Como como cualquier realidad positiva, valiosa de la vida, para conseguirla claro que no es sencillo, no es fácil. Entonces, Jesús se presenta una vez más como la referencia, una vez más como el camino. Y advierte que no hay otros atajos, que no hay otros caminos, porque a veces cuando se nos eleva la parada, uno se entibia, experimenta el miedo, y entonces uno quiere tomar atajos más sencillos. No, los atajos sencillos no conducen a la felicidad.
Jesús es la felicidad. Y nosotros tenemos que mirarle, identificarle, escucharle porque muchas veces ¿por qué nos perdemos? Porque perdemos la escucha de la referencia. ¿Y cómo pasa eso? Cuando nos empezamos a escuchar a nosotros mismos, y cuando entonces sufrimos ese engaño interior, de en vez de escuchar a Dios, empezamos a escucharnos nosotros mismos, nos acomodamos, nos enfriamos, nos equivocamos.
Entonces, por eso Jesús dice, mira, yo soy la referencia, escúchenme a mí. Yo soy la palabra, la palabra viva. La Biblia no debe ser palabra muerta, Jesús es la palabra, por eso es el ejemplo, es la guía. Y en tiempos tan difíciles como los que vive no solamente Cuba, sino muchos lugares, como los que vive la humanidad, es muy importante tener siempre bien ubicada la referencia. Es volver a empezar, volver al origen, volver al primer amor, volver a mi lección libre, volver ahí, ese es el camino de la felicidad. Podrán venir momentos difíciles, pero yo sé dónde está puesta mi esperanza. Yo sé tarde o temprano, a dónde yo quiero llegar, y hacia dónde yo me dirijo.
Ah, entonces ya todo es distinto, porque se enfrenta la tempestad de un modo distinto. Es la persona que tú ves y que tú dices, esa persona es una persona de esperanza, porque nuestra esperanza no es cualquier esperanza, nuestra esperanza, no depende de cambios sociales, políticos, económicos, nuestra esperanza está en Cristo, que es el que de verdad transforma a las personas y la sociedad. Y eso uno lo tiene que tener claro. Porque si no fracasamos, naufragamos y estamos llamados a ser felices, necesitamos ser felices, nos urge ser felices. Hoy, donde estoy, con lo que tengo, con quienes tengo. Ah, claro, pero hay que tener bien ubicada la mirada en Jesús.
Mis hermanos vamos entonces en primer lugar alegrarnos de la lección que hemos hecho, hay que alegrarse claro que sí, de que hemos optado por Jesucristo, vamos a serle fiel, vamos a pedirle a la Santísima Virgen de la Caridad que nos ayude a serle fiel a Jesús y a llegar siempre a buen puerto con Él. Que así sea.
