Queridos todos: En el Evangelio que acabamos de escuchar (Lc. 6, 12-19), Jesús escoge a los 12 apóstoles que lo acompañarán en el anuncio del Evangelio. Aquí ya hay una novedad. En su época, los discípulos eran quienes escogían al maestro. Aquí se invierten los papeles. Jesús los va escogiendo uno a uno. Y pone mucha ilusión en cada uno aunque sabe que tienen defectos y podrían ser vulnerables. Vamos a irlos analizando a cada uno.
ESCOGIÓ A SIMÓN PEDRO. Siempre el primero en las listas. Su nombre aparece citado 195 veces. Juan, segundo en ser citado, alcanza sólo 29. Pedro es la más recia personalidad del grupo. Hombre de una pieza, un bloque de granito incluso en sus contradicciones. Hombre con evidentes condiciones de líder. Con virtudes y defectos: ardiente, orgulloso, terriblemente seguro de sí mismo, enemigo de las hipocresías, duro en sus palabras, dramático en su traición y generoso en su arrepentimiento.
ESCOGIÓ A ANDRÉS. Hermano de Pedro, pescador como él, pero con un carácter muy diferente al de su hermano. Tímido, profundamente religioso, austero.
ESCOGIÓ A SANTIAGO EL MAYOR. Hombre violento y de genio vivo. Ambicioso. Será él quien pida “fuego del cielo” para quienes no comprenden a su maestro. Le gustaba imponer las cosas a sangre y fuego. Será también el primero en morir por él. Fue, junto a Pedro y Juan, uno de los tres preferidos de Jesús.
ESCOGIÓ A JUAN. El hermano menor de Santiago. Hay en toda su alma un aire de juventud, pero a la hora de la verdad mostrará un coraje superior al de todos sus compañeros. Hijo de una mejor familia. Probablemente más culto que los demás. Jesús lo considerará como “el discípulo amado” (así se autodenomina Juan 6 veces) y dejará que su cabeza repose sobre su pecho en la última cena. Su evangelio lo mostrará como un enamorado de la luz y de la verdad. Jesús, desde la cruz, le encomendará el cuidado de María.
ESCOGIÓ A FELIPE. Posiblemente también pescador. Hombre sencillo, sincero, comunicativo. Tiene alma cándida. Jesús conversa con él antes de la multiplicación de los panes. Será también el mediador entre el grupo de griegos que quieren conocer a Jesús. Y es también quien, en la última cena, preguntará ingenuamente pidiendo a Jesús que le muestre al Padre.
ESCOGIÓ A BARTOLOMÉ (O NATANAEL). Es como una mezcla de mística y realismo. Es uno de los de mayor vida interior dentro del grupo, pero es también cauteloso y desconfiado. De él es la pregunta cuando le hablan por primera vez de Jesús: ¿Acaso de Nazareth puede salir algo bueno?
ESCOGIÓ A MATEO. La más extraña figura del grupo. ¿Qué hacía un recaudador de impuestos para los romanos en medio de los doce? Un hombre con alma mezclada. A juzgar por su evangelio, es hombre ordenado y metódico, como es propio de un recaudador. Pero también generoso, capaz de organizar un banquete para conocidos y desconocidos después de su encuentro con Jesús. Hombre que, con una sola mirada de Jesús, fue capaz de dejarlo todo, sin preocuparse de las complicaciones que el abandono de un trabajo como el suyo implicaba.
ESCOGIÓ A TOMÁS. Que pasó a la historia como “el rey de la desconfianza”. Es un personaje contradictorio. Por un lado, cuando aparecen las amenazas de muerte sobre Jesús, es capaz de decir a todos: “Vayamos a morir con él”. En la última cena, porque no entiende, le pregunta a Jesús: “Señor, si no sabemos a dónde vas, ¿cómo vamos a saber el camino? Su tercera aparición es la que le hace entrar en la historia. Su temperamento arisco y solitario lo hace no estar presente junto al resto de los apóstoles cuando Jesús resucitado se encuentra con ellos. Y Tomás se negará a creer. Fue, sin embargo, el hombre que dijo una de las más cortas, bellas y hermosas oraciones jamás pronunciadas: “Señor mío y Dios mío”.
ESCOGIÓ A SANTIAGO EL HIJO DE ALFEO. Del que nada nos dicen los evangelios. De su vida y carácter lo único que podemos saber surge de la carta que conocemos como suya. En ella aparece como un hombre que detesta la envidia, la murmuración y la mentira, y ama la misericordia y la comprensión. Hombre duro en sus palabras, trata a latigazos a los ricos, pero levanta la bandera de la tolerancia entre los hombres y sus ideas.
ESCOGIÓ A SIMÓN EL CELOTE. Sobre quien también cae la oscuridad. Pertenecía al grupo más revolucionario de los judíos del tiempo de Jesús. Es para preguntarse: ¿Cómo se convirtió este ardiente personaje, combativo, en un mudo apóstol del Evangelio?
ESCOGIÓ A JUDAS TADEO. De quien sabemos menos. Se le atribuye una de las cartas apostólicas que le muestra como un hombre todo corazón.
Y ESCOGIÓ A JUDAS ISCARIOTE. Los evangelistas lo colocan siempre el último en la lista de los doce. Y en todos los casos con una especie de “apellido”: que fue el traidor. Hay almas cerradas como las piedras. Y Judas fue una de ellas.
Ciertamente, si leyéramos todo el evangelio, descubriríamos otros defectos del grupo: discutían quién de ellos era el más importante, querían usar la violencia para defender a Jesús, pedirle a Jesús que le diga a la gente que venía a escucharlo que se fuera, sugerirle a Jesús ir contra los romanos, etc.
Hoy también el Señor sigue escogiendo para el sacerdocio a personas que seguramente tienen defectos. Ustedes conocen bien las virtudes y defectos de sus sacerdotes. Ellos llevan, como decía San Pablo, “un tesoro en una vasija de barro”. Y nada hay más frágil que el barro.
Toda comunidad debe cuidar a sus sacerdotes, debe ayudarlos a ser fieles al compromiso que hicieron el día de su ordenación sacerdotal. Jesucristo cuenta con ellos para seguir llevando su palabra de salvación a todos en este mundo.

Neidys GRACIAS por todos los envios Gracias por las oraciones!!! AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO
Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Inscripción en la tumba de San Ignacio. “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).
Me gustaMe gusta