“Bienaventurada porque has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá” Lucas 1, 45
Hermanos,
Han venido de lejos como dije al principio y estamos comenzando la Santa Misa. Sabemos que aquí tenemos la imagen de la Virgen de la Caridad, una imagen de madera de más de 400 años, que el que la hizo con mucha devoción quiso representar a María la madre de Jesús, aquella que le dijo que sí a Dios, aquella que acompañó a Jesús hasta la cruz, por eso que tiene su mano derecha una cruz; aquella que acompañó al niño cuidándolo desde pequeño pero que también fue la primera discípula de Jesús.
Por eso ella lo tiene en sus brazos, como para decirnos a todos los que estamos aquí, este es mi Hijo. Este es mi Hijo, cuídenlo y síganlo, porque siguiéndolo van a encontrar la vida eterna, que es la vida que perdura. Como decía Pablito Milanés en una de sus canciones o en la canción que le dirigió a la Virgen, que decía “Tú que das la vida que perdura”. No esta vida que es corta, que es importante, pero la vida que tú das Virgen de la Caridad, que da Dios, y que tú has recibido porque tú eres criatura, esa es la vida que perdura, y esa es la vida que todos tenemos que buscar.
Por eso está la Virgen allá arriba, no es una diosa. El que la venere como diosa se pierde de la mejor parte, porque en primer lugar Dios hay uno solo, no hay otro Dios que tenga poder es uno solo, sino no sería Dios. Y después se pierde el hecho de estar unidos a Jesús que es el que da la vida eterna. Estamos aquí por eso, porque creemos que María es nuestra madre.
Yo voy a leer al principio dos o tres pasajitos de lo que hemos nosotros escuchado. Ustedes saben bien que la Iglesia la lectura que tiene y la Iglesia es heredera del Antiguo Testamento. El Antiguo Testamento se lee a partir del Nuevo Testamento, de las profecías de Jesús, lo que se había anunciado, lo que vendría un Mesías, se cumple en Jesús en el Nuevo Testamento, en los Evangelios. Pero el Antiguo Testamento nos iba preparando, anunciando, y este es el caso de Judith.
¿Quién era Judith? Era una mujer fuerte, como muchas de nuestras mujeres que no se dejan engañar, que saben decir que no y que saben hacer las cosas. Judith en un momento determinado, que hacía falta gente que animara al pueblo, como a nosotros ahora que nos hace falta que nos animen para tener esperanza; pues Judith fue aquella mujer que salió, siguiendo lo que Dios le decía, fue aquella mujer que salió y se puso al frente del pueblo. Y se lograron cosas para el pueblo.
Por eso es que los ancianos del pueblo, que eran los más sabios, así era en la antigüedad, los ancianos del pueblo le hacen un elogio “Judith tú eres muy grande, tú eres la más grande de todos”, y Judith con humildad dijo no, el poder lo tiene el Altísimo, yo simple y sencillamente soy una criatura, que soy el medio por el cual el Altísimo actúa. Fíjense bien, que eso pasó muchos siglos antes de Jesús, pero ya se conocía a esa mujer, que Dios había escogido para salvar al pueblo.
Venimos al Nuevo Testamento y nos encontramos con María visitando a su prima Isabel. Ya María tenía varios meses en gestación de su hijo Jesús, que vino a su seno por obra del Espíritu Santo, y María al llegar ante la prima Isabel como hemos escuchado en el Evangelio, pues María se presenta con humildad llevando en su seno al Hijo que gestaba, porque todo niño que está en las entrañas es un hijo de Dios, es una personita que está creciendo. Y la prima Isabel qué hace, qué hace San Juan Bautista que estaba en el seno de Isabel que estaba en gestación por seis meses.
Dice que salta de alegría, entonces la prima Isabel dice “bendita tú eres entre todas las mujeres, María bendita tú eres entre todas las mujeres, bendito es el fruto de tu vientre, dichosa tú María que has creído”. Hermanos estas son frases que se repiten como un eslogan, pero en cuestiones de fe y de la Palabra de Dios eso no son eslogan, eso es verdad, bendita tú María porque creíste, porque creíste. No dice tanto porque tú eres la Madre del Hijo de Dios no, porque tú creíste y dijiste que sí, para ser la madre de Jesús lo que importa es lo que está en el corazón, y María lo que tenía en el corazón era hacer la voluntad de Dios.
Fijémonos en eso, dichosa tú que has creído, esa es la invitación a nosotros, dichosos lo que estamos aquí porque hemos creído, de la misma manera que lo de Judith, dichosa tu Judith porque le hiciste caso a Dios. Fíjense lo que el Señor nos va diciendo. Hay otros pasajes en la Biblia que nosotros encontramos a María, cuando la iglesia presenta a María como la madre del Salvador y nuestra madre, no lo hace por caprichos, lo hace porque está en la Palabra de Dios, y nosotros tenemos que hacerle caso a la Palabra de Dios.
Vienen otros pasajes, aquel pasaje que para mí es muy hermoso de una mujer que se acerca un día que Jesús estaba predicando y esa mujer dice, “dichosos los pechos que te amamantaron y el vientre que te llevó”. Hermoso eso, cualquier mujer se siente, vaya grande y cualquier esposo de esa mujer más grande todavía, porque su señora es elegida por Dios. Y entonces ¿qué responde Jesús?, le responde Jesús, “no dichosos más bien aquellos que cumplen la Palabra de Dios y la ponen en práctica”. Ése es otro mensaje para todos nosotros hermanos, no dejemos pasar el tiempo, escuchemos la Palabra de Dios, encontrémonos con ella para conocer bien a María nuestra madre, a la que nosotros venimos a visitar.
Hay otro pasaje del Evangelio en el cual a María le invitan una boda como nos pueden invitar a cualquiera de los que estamos aquí a tantas bodas que nos han invitado y en esa boda, pasó algo tremendo para los novios, se quedan sin vino, qué pena, qué bochorno, y entonces acuden a María. La confidente del Hijo, de Jesús, “María, no tienen vino, ve a ver que tú haces con tu hijo”. Y Jesús le dice lo que es casi como un desplante. María le dice no tienen vino, haz algo, y Él le dice mujer y eso qué tiene que ver conmigo y contigo.
Hermanos, eso parece un desplante. Pero María no se amilana, María conocía bien el corazón del hijo. Y sabía que esas eran palabras que decía para que se dieran cuenta, de que Él estaba aquí para sanar y hacer el bien, y María ni corta ni perezosa dice, “hagan lo que Él les diga”. Eran seis tinajas enormes, dicen que de 100 litros cada una, y se dice que se convirtió en el vino mejor.
Esa frase “hagan lo que Él les diga”, es una frase clave. Si venimos aquí ante el altar de la Virgen y venimos a presentarnos ante ella, y ella tiene a su hijo Jesús en el brazo y tiene la cruz a su derecha, tenemos que acordarnos lo que dice María “hagan lo que Él les diga”, hagan lo que dice mi Hijo que en la cruz nos alcanzó la salvación. Esa es nuestra fe hermanos, podemos tener mucha confianza en la Virgen, pero recordemos que María es una criatura elegida por Dios, para ser la madre de su Hijo, María respondió dijo que sí y por eso nosotros la veneramos hoy.
Y por eso la Iglesia la presenta y los cristianos de todas las épocas han tenido como grande, por eso es, porque también lo dice el mismo Evangelio, dice “dichosa tú que has creído todas las generaciones te veneraran”. Nosotros estamos aquí hoy cumpliendo esa palabra de Dios, nosotros estamos, somos esta generación que está en Cuba hoy y fuera de Cuba, porque en muchos lugares donde hay cubanos allí se está venerando a la Virgen de la Caridad, estoy convencido que pidiendo lo mismo porque somos un solo pueblo. Nosotros estamos cumpliendo lo que dice la Escritura, “tú serás venerada por todos los tiempos”. Por eso hermanos, no dudemos en acudir a la Virgen, no dudemos en acudir a la Virgen porque eso nos lo dice la Escritura.
Para terminar este recuento de las Escrituras, vamos a la segunda lectura. Jesús había sido muerto, Jesús lo habían enterrado, vamos a situarnos, qué pena, qué dolor tenían todos ellos y la Virgen que había visto a su hijo morir en la cruz, inocente, y maltratado y asesinado ante la vista de todos; porque muchas veces cuando estas cosas pasan, la gente se queda por miedo, temerosa sin decir nada, todo el mundo con miedo. Las escrituras del Señor no se han cumplido, Jesús ha muerto, pero había unas mujeres, también las mujeres, puede ser que por eso es que las mujeres vayan tanto a la iglesia, porque tienen algo especial.
Algunas mujeres dijeron Él ha resucitado, Él está vivo y los demás le creyeron, pero hubo discípulos que dijeron que eso son cosas de mujeres. Pero ellos oyeron lo que Jesús había dicho, vayan a Jerusalén, y fueron. ¿Quién estaba con los discípulos? La Virgen. ¿Qué estaban haciendo? Orando. ¿Qué recibieron? Al Espíritu Santo. No menciona nadie más, los discípulos, María, su familia y algunas otras mujeres.
Esa es la Virgen que no solamente dijo que sí a Dios, sino que acompañó a su Hijo en los momentos lindos de la niñez y de la juventud, en la tristeza de la muerte injusta, pero también gozó de la resurrección de su Hijo, de la vida eterna, que es el único que la da.
Hermanos ustedes dirán padre usted ha hecho un repaso del evangelio, de las partes en que en la Biblia se habla de la Virgen, sí, eso es bueno hermanos para que ustedes lo digan y lo sepan, y les ayude a ustedes espiritualmente. Pero, ¿por qué los cubanos veneramos la Virgen de la Caridad? Aquellos tres hombres, de aquí del Cobre, aquel niño, aquellos dos mayores, fueron a buscar sal. Y estando allí en la en la barquita vieron algo que flotaba en las aguas, esa historia todos la sabemos.
Ellos hubieran podido recoger y decir me la llevo, me encontré esto o la hubieran dejado tirada, pero ellos eran gente que habían recibido, que conocían la Palabra de Dios. ellos eran cristianos, ellos conocían de la Virgen, y cuando la vieron con el niño pequeño, esa es María que lleva Jesús; cuando la vieron con la cruz, no pensaron en ninguna otra diosa y ninguna muñequita ni nada de eso, esa es María, y dice uno de ellos, que la recogieron con devoción. ¿Por qué lo hicieron hermanos? Porque tenían fe. Esa es la fe que nosotros tenemos que tener, la fe para reconocer cuando Dios nos dice algo y lo que Dios nos dice. Tenemos que buscarlo aquí en la Palabra de Dios y poniéndola en práctica, nosotros vamos a descubrir qué Dios quiere de mí en cada momento.
Pero hermanos aquel hecho, que podía pasar desapercibido, ¿cuántas personas vivían en El Cobre que era la segunda ciudad de esta zona? Varios miles. ¿Cuántos vivían en Barajagua, en Nipe? Una insignificancia. Pero aquella cosa humilde, como fue María, que nunca nadie la conoció, la vino a conocer al final por ser la madre de Jesús, pero en aquellos orígenes humildes de la presencia de esa imagencita, que es esa imagen imagencita y no otra, de madera, pequeñita, restaurada muchas veces, ésa, es aquella que se encontró, que los Juanes de la Virgen, como le decimos, la encontraron, y humildemente la llevaron a Barajagua. Humildemente la llevaron de Barajagua para acá, pero ya con una devoción, ya la gente decía es la Madre de Dios.
Humildemente, la trajeron al Cobre, que era la ciudad más grande de esta zona, que abarcaba hasta allá hasta Nipe, hermanos estamos hace 400 años, y la trajeron. ¿Dónde la pusieron? En una pequeña ermita que había dedicada a la Virgen, seguro que estuvo un tiempo en la parroquia, en el templo ese que está allí en el parque frente al Poder Popular. La pusieron ahí, después la pusieron en la pequeña ermita, después con el tiempo fue llegando gente y le hicieron una ermita nueva, con el tiempo llegó más gente le hicieron un Santuario.
Con el tiempo hizo falta construir uno nuevo más grande, se hizo, que está ahí al final del pueblo, que todavía se conservan rastros del camino que llevaba hasta allá, cerca de la laguna verde. Y ahí le hicieron su Santuario. Santuario que se desploma por los trabajos en la mina. Cuando el santuario se desploma, va a varios lugares y se quede en la parroquia del Cobre, en ese templo que está allí en el parque del Cobre. Hasta que la devoción de los cubanos hace que se le construya este hermoso Santuario rodeado por este paisaje inigualable.
Desde aquella época han venido peregrinos aquí, como ustedes, ustedes son continuadores de los que alabamos a la Virgen. Han venido aquí, están en las actas, con las firmas, del 1700 y pico, al principio, desde antes. Hermanos los cubanos queremos a la Virgen, porque la Virgen la sentimos cerca de nosotros. Y cuando el pueblo cubano comenzó a tener conciencia de lo que era, diferente de España, que era un pueblo hispano pero diferente a España y que quería la libertad, vieron a la Virgen como el signo de su nacionalidad, de su identidad, de su manera de ser. Y por eso los mambises la tomaron, como aquella presencia de Dios, presencia de Dios que les animaba.
No vamos a repetir todo lo que nos dice la historia que todos conocemos, que Céspedes vino aquí al Santuario al principio del tomar las armas para decirle a la Virgen aquí estamos, queremos la libertad, ayúdanos. Sabemos la devoción de nuestros veteranos, sabemos que los veteranos después de la Guerra de Independencia le pidieron al Papa que proclamara la Virgen Patrona de Cuba. Por eso estamos aquí nosotros hoy, esa tradición de fe, porque todos esos veteranos creían que varían la madre de Jesús, ahí no había engaño, no había engaño. Y todo aquel pueblo que venía era María la madre de Jesús. Hoy estamos nosotros aquí, y qué estamos pidiendo, hermanos.
¿Qué le pedimos hoy a la Virgen, qué le pedimos? Hermanos que podamos salir de esta situación dura y difícil, que estamos viviendo y atravesando, que toca a todas las familias, no hay una que no la toque de una manera o de otra; ya sea por cuestiones materiales, económicas, que son muy necesarias también, pero también cuestiones afectivas, por cuestiones espirituales. Nuestro pueblo está sacudido, sacudido, por eso venimos aquí.
Siempre venimos porque siempre tenemos que encontrarnos con Dios y decirle esta es mi vida, Señor, ayúdame. No vengamos solo a decir, dame, dame, no. Esta es mi vida, yo me ofrezco. ¿Qué tú le vas a dar a Dios? ¿Qué le vamos a dar a Dios? Pregúntense eso, vamos a preguntarnos ustedes y yo, ¿qué le voy a dar a Dios? Si soy fiel a la Virgen y me dice, hagan lo que Él les diga, lo primero que tengo que hacer, es decir, Señor, quiero conocerte más. Vamos a hacer eso, hermanos.
Y vamos a pedir perdón, porque el que no se reconozca pecador es un mentiroso. Vamos a pedir perdón por las veces que nos hemos apartado de Dios y que le hemos negado. Vamos a pedir perdón por el daño que hemos hecho en nuestra vida como dije al principio. Muchas veces queremos hacer el bien y no lo hacemos, estamos pecando por omisión, si yo puedo hacer un bien se supone que por lo menos trate de hacerlo.
Estamos pidiendo perdón por las veces que nos hemos dejado llevar por el mal, ¿quién no sea ha dejado llevar por el mal? Por eso pedimos perdón. Por esas veces que no hemos tenido en cuenta a Dios, o que nos hemos dejado arrastrar por tantas ideas que de momento vienen, y cuando pase el tiempo se olvidan. ¿Por qué? Porque la vida es efímera, son cosas transitorias, transitorias, los edificios más fuertes se tumban y se caen, las presas más fuertes se pueden reventar, la paz que se construye con ánimo, con deseo y con dedicación, de momento viene una chispa y empieza una guerra destructora.
Hermanos esa la vida humana, esa es nuestra vida aquí en Cuba, difícil. Si nos olvidamos de Dios, que sabemos que le tenemos y nos da esperanza según su Palabra., entonces sí que nos quedamos pobres. Porque vamos a tener pobrezas materiales, y vamos a tener pobrezas espirituales que muchas veces son casi más difíciles que las materiales, porque nos quitan la esperanza, nos quitan la alegría, nos quitan el futuro, nos quitan la fuerza para luchar. Hermanos, permanezcamos unidos a Dios, escuchando su palabra, sabiendo que todos somos hermanos.
Y terminar esta homilía, haciendo la oración que nosotros en la iglesia hacemos todos los domingos, en la cual le pedimos a Dios, es una oración de súplica, le pedimos a Dios que aumente nuestra fe, nuestra esperanza, nuestra caridad. Que sepamos pedir perdón por las veces que no le hemos escuchado, o nos hemos alejado de Él, le hemos negado. Y vamos a pedirle por nuestro pueblo, por eso yo quiero que ahora de pie todos, con devoción, vamos a orar a la Virgen con esta oración.
Esta oración va dirigida a Dios nuestro Padre, y esta oración al final, pues pedimos que, por la Virgen María, Él nos ayude a recibir todos los dones que le pedimos. Yo le pido a ustedes que, con mucha devoción, desde el corazón, todos oremos lo que estamos pidiendo.
“Señor Jesús, hoy venimos ante Ti, para agradecerte por estar siempre presente en medio de nosotros.
Gracias, porque te encontramos en el amor de los esposos fieles; de los padres y madres que están con sus hijos y los educan en la fe, la verdad y en la caridad; de los hijos que atienden con cariño a los ancianos de la casa; de quienes desde otras tierras ayudan a familiares y amigos; de los vecinos que se acompañan en penas y alegrías; de tantos que sirven desinteresadamente a sus prójimos.
Sí, señor, Tú estás ahí representado en esa cruz aquí en el altar de María, escúchanos. Ayúdanos a sentir el consuelo y la fortaleza en estos días tan difíciles.
Te presentamos a las madres, hay muchas aquí con sus hijos, que luchan por alimentar a sus hijos; a tantos que no se cansan de buscar medicinas para sus enfermos; a los familiares de los presos que sueñan con verlos regresar, algún día, sanos al hogar; a los trabajadores que intentan brindar a sus seres queridos una casa digna; a los que lloran la emigración, sobre todo en los últimos tiempos que ha desagarrado a tantas familias, la emigración de esposos, hijos, nietos, amigos; a los que sufren la violencia y el robo; a los que soportan tantas carencias materiales y espirituales.
Aumenta nuestra fe Señor, que no nos olvidemos nunca de pedir fe, para tomar conciencia de que para Ti nada es imposible.
Envía tu Espíritu Santo para que todos los cubanos, con las potencialidades que nuestro pueblo tiene, aprendamos a vivir en armonía, en un solo corazón y una sola alma, con diferentes maneras de pensar, y todos juntos, encontrar soluciones que nos conduzcan de manera eficaz a nacer en paz, a trabajar en paz, a comer en paz, a morir en paz. Hermanos, qué más podemos pedir al Señor.
Santísima Virgen de la Caridad, Madre de nuestro Señor Jesús, presenta a tu Hijo nuestras oraciones, y dinos como en Caná de Galilea, como hemos escuchado en estos días: “Hagan lo que Él les diga”.
Hermanos seamos conscientes y seamos honestos. Cuando nos marchemos, sepamos que hemos pedido esto, pero también nos hemos comprometido a ser mejores personas, mejores vecinos, a ser mejores cubanos donde quiera que estemos. Y también pedirle al Señor su fuerza, acuérdense pedir fe, no vaya a ser que nos quedemos sin las cosas materiales, y tal vez si no pedimos la fe, también nos quedemos sin las espirituales.
Que Dios nos ayude a vivir así. Amén.
