“No se lo prohíban porque no hay ninguno que haga milagros en mi nombre, que luego sea capaz de hablar mal de mí. Todo aquel que no está contra nosotros está nuestro favor, todo aquel que les dé a beber un vaso de agua por el hecho de que son de Cristo, les aseguro que no se quedará sin recompensa” Marcos 9, 40-41
Hermanos,as lecturas de hoy, pues, seguimos con la con la carta de Santiago, también con un texto del libro de los Números, que forma parte del Pentateuco, y vamos a ver cómo este texto del libro de los Números y el texto del Evangelio tiene relación uno con otro.El Antiguo Testamento está dividido en varios bloques de libros, que nos indican la naturaleza de cada uno de ellos. El libro de los Números forma parte, es uno de los cinco primeros libros de la Biblia que es el que se agrupan con el término de la ley, el Pentateuco, que es cinco, los cinco libros principales, donde está concentrada la ley de Moisés.Ustedes seguro que los conocen. El Génesis, el Éxodo, Números, Levítico y Deuteronomio. El Génesis ustedes saben bien que es la creación, es decir, donde se explica la naturaleza de Dios, que todo ha sido creado por Dios, que está desde el principio, hasta todo lo que realiza, presente en todo lo que acontece, todo existe por Él, en Él y para Él, como después diría San Pablo. Y nosotros vemos como narra ese inicio de la humanidad, una serie de verdades teológicas, pero como una historia, es decir, cómo Dios se va a manifestando y se va haciendo de manera histórica, de manera poética, de manera sapiensal como lo va narrando.El segundo libro es el Éxodo, que ya nosotros vemos como el pueblo de Israel tiene que huir de Egipto y se va a constituir como pueblo, hasta que llega a la tierra prometida y ahí comienza la historia del pueblo de Israel.El otro libro es el de los Números. Fíjese que estoy narrando los cinco primeros libros de la Biblia, es bueno hacer ese repaso, y se llama Números porque tiene una cantidad de genealogías, de números, de grupos de personas, es decir es como es como hacer un repaso de la historia del pueblo, pero como si fuera un estadista moderno, o mejor dicho un estadístico que lleva los controles, que lleva las cosas. Pero en ese libro como vamos a ver, también se recogen muchas, pero muchas enseñanzas de aquellas primeras enseñanzas, que Dios le dio a Moisés y que están narradas en el libro del Éxodo.Después de otro libro es el del Levítico. El Levítico, es un libro que como su nombre dice, Leví sacerdote, es un libro de origen sacerdotal, de los sacerdotes que trabajaban, que celebraban en el templo de Jerusalén, y con una serie de normas de cómo se debía llevar el culto, pero a la vez una serie de enseñanzas que se volvían a repetir algunas, y ampliar otras.Y por fin el Deuteronomio, que se llama Deuteronomio porque deutero significa segundo, es decir, la segunda ley, es una reflexión que en el tiempo el pueblo de Israel hace de estos primeros textos de la Biblia, y de la Palabra de Dios que le dio a Moisés con los mandamientos, y cómo para ser fieles al Señor nosotros teníamos que cumplir la ley.Esos son los cinco libros, pero este libro de los Números, ¿qué nos dice el libro de los Números en este momento? El libro de los Números nos habla de una situación, que hay veces que uno tiene que reírse, pero que a veces es para llorar, que es cuando uno se fija de los demás. No te estés fijando en los demás.Los otros días oíamos a Santiago que hablaba de la lengua, y que decía que las críticas, las desobediencias y las envidias, es lo que hace que no haya paz. En el libro de los Números, se nos saca un pasaje en el cual aquellos hombres recibieron el mandato de ellos proclamar la palabra de Dios. Lo dice de una manera muy suigeneris dice Dios quiso quitarle a Moisés, tomar de Moisés un poco de esa fuerza interior que tenía y repartirla entre ese grupo grande que eran los que ayudaban a Moisés.Perfecto. Moisés contento. Pero Josué, que después fue continuador de Moisés, Josué ve que hay dos que no fueron al lugar donde se iba a celebrar esa ceremonia. Y lleno no voy a decir de envidia, pero sí voy a decir de celo, dice, estos dos no fueron, por lo tanto, no tienen derecho a recibir el Espíritu de Dios. Fíjense bien, así cuadradito. Y va con Moisés y le dice, mira, estos no lo pueden recibir y están profetizando igual que los demás.Y Moisés le dijo, espera, ellos lo han recibido porque Dios ha querido, quién eres tú. Fíjense bien que ese es el celo que a veces corroe, y ojalá no haya sido envidia. Dejamos este texto, pero que está ahí y pero que puede pasar también en nuestros días. Vamos al evangelio.Van los discípulos del Señor y le dicen, Señor hemos ido a un lugar y vemos gente que no es de este grupo que nosotros tenemos y esa gente está haciendo milagros. Y nosotros se lo prohibimos. ¿Qué le dijo Jesús? Una persona que hace un milagro en mi nombre, que el milagro se realiza, no está lejos de mí, por algo lo hace, Dios quiere que se haga. Malo, es que vaya contra mí. Malo, es que él critique, se oponga, vaya en contra de lo que yo predico. Fíjense bien que son situaciones parecidas.También nosotros ahora podemos ser muy celosos, y hay veces que lo somos, y vemos que hay personas que no se saben comportar en el templo como deberían hacerlo, como lo hacemos las personas que vamos al templo, y entonces, pues tenemos un celo tremendo de llamar la atención, de aquí, de allá, y a veces de una manera muy cariñosa, muy amable. Esto es una cosa sencilla, pero hay otras veces que nos metemos en la vida de los demás. Ay, Señor, este vive así así y sin embargo se acerca a comulgar.Hermanos es verdad que uno tiene que ser celoso con las cosas del Señor, pero hay situaciones que tocan el fuero interno, y que el sacerdote si le da la comunión a una persona él sabrá. Sobre todo, si esa persona no es alguien que públicamente reniega de Dios, con la palabra o con sus obras. Pero por lo demás, ser prudentes hermanos. Ser prudentes, acuérdense que la misericordia de Dios está ahí. Malo, sería una persona que públicamente no vive según Dios, públicamente, que no vive según Dios y que, siendo consciente de eso, sin embargo, pues quiere acercarse a recibir la comunión, por ejemplo. Cuidado para no caer en el mal de apartar una persona que, en conciencia, porque no sabemos su condición interna, lo puede recibir; a no ser que sea una persona que todo el mundo sabe que está viviendo una vida que completamente se aparta de lo que Dios quiere, y que sin embargo defiende de que tiene derecho a comulgar, y aun viviendo de esa manera así, así, así, así, así, así… Cuidado, ahí sí, hermanos hay que con caridad decirle.Pero esas cosas hermanos, primero con el sacerdote, primero con aquella persona que puede conocer a ese fiel. Pero estas cosas que se hacen, tenemos que tener mucho cuidado. El Señor da un recado y el Señor dice, preocúpense más bien de alcanzar la salvación, preocúpense de alcanzar la vida eterna, preocúpense ustedes de vivir la Palabra de Dios, preocúpense ustedes de no vivir haciendo aquello que ustedes mismos predican. Preocúpense de eso.Y entonces el evangelio es un poco exagerado, y el Evangelio dice córtate la mano, si por eso no vas a entrar en el cielo. Córtate el pie. Sácate el ojo; como diciendo lo más importante es la vida eterna y la salvación. El tiempo que dedicamos a criticar o a ser celosos defensores de unas prácticas, unas costumbres que no tocan el corazón del hombre, sino que son exteriores. Dejen a un lado y ustedes dedíquense a vivir de tal manera, que algún día, puedan alcanzar la salvación.La segunda lectura refuerza eso. La segunda lectura, pues también exagera, es Santiago que Santiago es así. Santiago era tremendo y en este momento de la misma manera que dijo no critiquen, no hagan esto, lo otro, o muéstrame tu fe que yo por mis obras te voy a mostrar la fe. En esta, Santiago dice, ay, pobres de los ricos, aquí rico es sinónimo de satisfecho, aquello que están satisfechos que ya se piensan que han acumulado riquezas y que ya lo tienen todo resuelto, y que viven de tal manera que se olvidan de Dios y de los demás.Pobres de ustedes, dice algo así tremendo. Dice que empiecen a llorar ahora, en medio de su risa y de la alegría de la fiesta, del jolgorio por todo lo que tienen, empiecen a llorar, porque no saben lo que les espera. Preocúpense de aquel que le falta lo que necesita, preocúpense de aquel que no tiene, preocúpense de los demás, preocúpate de tu alma, preocúpate y se humilde ante Dios.Haciendo una pequeña recapitulación vamos a decir, tenemos que ser celosos de las cosas de Dios, no podemos permitir confundir a las personas. No podemos permitir que personas que llevan una vida o piensan de una manera que no es la manera de Dios públicamente, y la defienden aun sabiendo que van en contra de las normas de la Iglesia, esas personas vivan como si eso no importara. Pero cuidado y mucho cuidado en nosotros separar a la gente por gusto. Mucho cuidado, que nosotros en el templo tenemos que ser personas siempre acogedoras.Y por otro lado nuestra preocupación fundamental debe ser, debe ser, buscar el Reino de Dios para alcanzar la vida eterna. Que Dios nos ayude a todos a vivir así.
