Mensaje radial de Monseñor Wilfredo Pino Estévez, arzobispo de Camagüey, el 29 de septiembre de 2024

Queridos todos: El evangelista Marcos nos describe un episodio en el que Jesús corrige de manera contundente una actitud equivocada de los doce apóstoles que tratan de impedir la actividad de un hombre que “expulsa demonios”, es decir, alguien dedicado a liberar a las personas del mal que las bloquea y esclaviza, devolviéndoles su libertad y dignidad. Es un hombre preocupado de hacer el bien a la gente. Incluso actúa “en nombre de Jesús”. Pero los doce observan algo que, a su juicio, es muy grave: “no es de los nuestros”. Los Doce no toleran la actividad liberadora de alguien que no está con ellos. Les parece inadmisible. Sólo los que son de su grupo pueden llevar a cabo la salvación que ofrece Jesús. No se fijan en el bien que realiza aquel hombre. Les preocupa que no sea de su grupo. Jesús, por el contrario, reprueba de manera rotunda la actitud de sus discípulos. Quien desarrolla una actividad humanizadora está ya, de alguna manera, vinculado a Jesús y a su proyecto de salvación. Sus seguidores no tienen por qué sentirse dueños de ese proyecto.Los doce han querido ejercer un control sobre la actividad de quien no pertenece a su grupo, y han visto en él un rival. Jesús que sólo busca el bien del ser humano ha visto en él un aliado y un amigo, y llega a afirmar: “El que no está contra nosotros está a favor nuestro”. Los seguidores de Jesús debemos recordar que nuestra primera tarea no es organizar y desarrollar con éxito una religión, sino ser la levadura, la sal, la luz, de una humanidad nueva. Por eso, lo nuestro no es vivir recelosos, condenando posiciones o iniciativas que no se ajustan a nuestros deseos o esquemas religiosos. No es muy propio del cristiano estar siempre viendo enemigos por todas partes. Jesús nos invita, más bien, a alegrarnos de todo lo que gentes e instituciones ajenas a la Iglesia pueden estar haciendo por un desarrollo más humano de la vida. Son de los nuestros porque los propósitos coinciden: defender la dignidad del hombre en su condición de hijo de Dios.Para Jesús, lo primero dentro del grupo de sus seguidores es olvidarse de los propios intereses y ambiciones y ponerse a servir, colaborando juntos en su proyecto de hacer un mundo más humano. Vivamos con el convencimiento de que “toda obra buena, hágala quien la haga, viene de la mano de Dios”. Alegrémonos con el bien que cualquier persona pueda hacer, aunque no sea católico o no crea en Dios. Luego, en la lectura escuchada, San Marcos indica que a Jesús le preocupa que, entre los suyos, haya quien “escandalice a la gente sencilla que cree en él”. Que, entre los cristianos, haya personas que, con su manera de actuar, hagan daño a creyentes más débiles, y los desvíen del mensaje y el proyecto de Jesús. Sería desvirtuar su movimiento. Jesús emplea imágenes extremadamente duras para que cada uno extirpe de su vida aquello que se opone a su estilo de entender y de vivir la vida de forma coherente con la fe. Está en juego “entrar en el reino de Dios” o quedar excluido, “entrar en la vida” o terminar en la destrucción total.Jesús va a usar seguidamente un lenguaje figurativo, de comparación. La “mano” es símbolo de la actividad y el trabajo. Jesús empleaba sus manos para bendecir, curar y tocar a los rechazados por los demás. Es malo usar las manos para herir, golpear, someter o humillar. “Si tu mano te hace caer, córtatela” y renuncia a actuar en contra de las enseñanzas de Jesús. También los “pies” pueden hacer daño si nos llevan por caminos contrarios a la entrega y el servicio. Jesús caminaba para estar cerca de los más necesitados, y para buscar a los que vivían perdidos. “Si tu pie te hace caer córtatelo», y abandona caminos errados que no ayudan a nadie a encontrar a Jesús. Los “ojos” representan los deseos y aspiraciones de la persona. Pero, si no miramos a las personas con el amor y la ternura con que las miraba Jesús, terminaremos pensando sólo en nuestro propio interés. “Si tu ojo te hace caer, sácatelo” y aprende a mirar la vida de acuerdo a las enseñanzas de Jesucristo. ¿Cómo se le ocurrió a Jesús esa figura trágica y, al mismo tiempo, cómica de un hombre manco, cojo y tuerto entrando en la plenitud de la vida?, ¿qué sintió la gente al oírle hablar así?, ¿cómo podemos reaccionar nosotros? Por muy dolorosas que sean, si los cristianos no hacen opciones que aseguren la fidelidad a Jesús, su proyecto no se abrirá camino en el mundo.

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